David Robinson junto al Rey en el funeral.

David Robinson junto al Rey en el funeral.

Reportajes

La nueva vida del padre de Arthur sin su mujer y su hijo pequeño

David Palomo Lucía Vinaixa

David Robinson, la semana pasada, estaba en Londres. Tenía pensado quedarse unos días allí. No pudo hacerlo. El martes, recibió la llamada de Joana, su esposa. “Estoy en un atasco”, le dijo, antes de despedirse, en mitad de la riada. Fue la última vez que escuchó su voz. Colgó sin imaginar que aquel día sería el primero de su nueva vida, una en la que no estarían ni su mujer ni su hijo pequeño, Arthur. Ambos fallecieron ahogados en las inundaciones de Mallorca. Él tuvo que adelantar su vuelo. Viajó sin saber qué se encontraría a su regreso. 

Cuando aterrizó, su mujer ya había muerto, habían dado con ella ahogada en el interior del coche en Son Carrió. Su hijo mayor y la niña estaban a salvo. ¿Y Arthur, su niño de seis años? Desaparecido. Al pequeño del polo azul le perdieron la pista el miércoles. David Robinson, entonces, se ofreció a buscarlo. Durante una semana, junto a los efectivos de rescate, trabajó con ellos codo a codo. Dio igual. El pasado miércoles, encontraron su cadáver. Ahora, comienza su nueva vida… 

El viaje de vuelta a casa sólo lo hará la mitad de la familia. Joana, su esposa, y Arthur, el más pequeño, se quedaron por el camino en aquella maldita riada. En la casa de Manacor, a partir de ahora, sólo romperán el silencio Edu, el más mayor, y Úrsula, su niña. Ellos acompañarán a su padre en los días de luto por venir. Serán los que lo levanten, lo aúpen y le den fuerzas para echar a andar cada mañana. Su sustento en un camino aún por dilucidar. 

Arthur, Edu y Úrsula.

Arthur, Edu y Úrsula.

Edu y Úrsula, al fin y al cabo, podrían haber seguido el camino de su hermano, pero tuvieron más suerte. Un alemán ayudó al mayor a salir del automóvil y Joana, su madre, sacó a la niña del coche. De hecho, volvió a por Arthur, pero no regresó. La riada se la llevó por delante junto al más pequeño. Fueron arrastrados por la corriente. 

A partir de ahora, los tres miembros restantes de la familia tendrán que aprender a andar sin ellos. David Robinson, ingeniero, entregará su vida a Edu y a Úrsula. Se levantará para ir del trabajo, pero echará de menos acudir al circuito de karts de Can Picafont. Allí, muchos fines de semana, los pasaba junto a Arthur, un piloto de primera, uno de los muchos aspirantes a ocupar el trono de Fernando Alonso en un futuro cercano. 

[Más información: Joana, la farrmacéutica de Manacor ahogada junto a su hijo]

“A los seis años, nada te iba bien salvo quedar el primero. Pillo, inteligente y rápido, sigue haciendo de las tuyas con mamá”. Así era Arthur, según un amigo de la familia. Su pasión era la de su padre. A los dos les gustaban los karts. Disfrutaban conduciendo, adelantando y llegando los primeros a la meta. El motor de esos coches se apagó la semana pasada. Ya nunca volverán a rugir como antes. 

La ausencia de los dos miembros familiares se notará también en las excursiones del fin de semana. Adiós a los esquís, a subir a la montaña y a echarse fotos todos juntos. En las instantáneas siempre faltarán dos miembros de la familia. Quizás estén esos animales que tanto le gustaban a Joana, pero faltará ella para sonreír junto a los delfines. Eso se acabó. Podrán recuperarlo poco a poco los que quedan. Edu y Úrsula volverán a sonreír junto a su padre, pero siempre echarán de menos aquellos otros días. 

David Robinson, sus tres hijos (Edu, Úrsula y Arthur) y Joana.

David Robinson, sus tres hijos (Edu, Úrsula y Arthur) y Joana.

Qué decir del trabajo. David volverá a la farmacia que regentaba su esposa –era hija de boticarios–, pero ella no estará tras el mostrador. Quizás en un futuro, quién sabe, por ósmosis, Edu o Úrsula tomen el camino de su madre. Es posible, por qué no. Pero todo eso queda por escribirse, forma parte del futuro. 

Lo que no olvidarán será esa maldita semana de septiembre. La riada les ha dejado huérfanos de risas y de excursiones de fines de semana junto a Arthur y Joana. Sus nombres quedarán grabados en la memoria de la tragedia junto al de las otras 11 víctimas mortales de las inundaciones de Mallorca. Comienza su nueva vida. Una, sin duda, más triste.