Es viernes, son las dos de la tarde y empieza el fin de semana. Hace bueno en Barcelona. La semana pasada hizo tanto frío que nevó hasta en la playa, pero esta semana hace sol y tiempo de primavera en La Barceloneta. Es la situación ideal para que los turistas llenen las terrazas del puerto y los restaurantes de la calle Reina María Cristina. El problema es que el puerto está vacío, los restaurantes están vacíos y la calle Reina María Cristina está vacía. Los turistas se han ido de Barcelona. Y eso se está cobrando las primeras víctimas laborales en la hostelería. Están cayendo los primeros despidos en un sector del que viven 70.000 personas en la ciudad.

La calle Reina María Cristina de Barcelona permanece vacía un viernes por la tarde.

La calle Reina María Cristina de Barcelona permanece vacía un viernes por la tarde.

El canal estadounidense CNN publicaba en enero una lista de ciudades del mundo a evitar en 2018. Destacaba el nombre de Barcelona. La misma ciudad que hace un lustro era considerada una de las principales ciudades generadoras de tendencias del mundo, ahora ya no mola. Ahora la CNN recomienda Valencia como alternativa. Mientras Barcelona se enmohece. Una ciudad donde el sector del turismo ya venía tocado desde años atrás. Los apartamentos vacacionales, el turista low-cost, la turismofobia como respuesta desproporcionada y los nuevos tiempos en el Ayuntamiento; entre todos llevaron al extremo el delicado equilibrio que tiene la ciudad con el sector. Una extraña relación entre dos partes condenadas a entenderse desde principios de los 90, cuando Barcelona se abrió al mar.

El Procés le ha pegado el tiro de gracia. La consulta, la DUI, el 155… Según la Organización Mundial del Turismo, el turismo ha caído un 20% en Barcelona desde la celebración del referéndum el 1 de octubre. En Cataluña han sido 127.000 turistas menos que el año pasado en el mismo periodo. “El turista no quiere problemas”, resumen los hosteleros. Y mientras todavía se debaten cuáles serán las consecuencias económicas reales para Cataluña de la fuga de empresas, el primer impacto lo están sufriendo en los restaurantes. Son las víctimas más inmediatas de este descalabro. La gente ya no viene a comer y ellos están empezando a despedir a trabajadores.

“El americano cree que en Barcelona matan”

“A diez personas hemos tenido que despedir nosotros, en una plantilla de 50”, reconoce el restaurador Carlos Manresa. Además de ser propietario del restaurante La Torre de Altamar. Carlos también preside una asociación de hosteleros en La Barceloneta. Y reconoce que están todos igual. “Igual en la zona de La Barceloneta estamos hablando de unos 40 despidos de trabajadores. Estimamos la caída del turismo en esta zona entre un 20 y un 30%. Estamos para que nos declaren zona catastrófica. La caída de ingresos es una realidad para todo el mundo, pero nosotros tenemos que seguir pagando unos alquileres escandalosos”.

“Hemos perdido al turista medio-alto. Al que se deja dinero de verdad. Y en esa franja ha caído en todos los perfiles. El español ha bajado muchísimo después de octubre, ya no viene a Cataluña. El turista catalán también ha caído. Todos los catalanes están enfadados: unos porque no ha salido lo que esperaban y otros esperando el cambio que no llega. Pero el turismo que más ha caído es el extranjero. El de los japoneses, por ejemplo, que siempre vienen en grupos. El japonés no quiere problemas y se va de vacaciones a otro sitio. Ha caído también el de los estadounidenses. En Estados Unidos se creen que aquí en Barcelona matan. Y no vienen. Y eso al hostelero le ha supuesto que le han jodido un cuarto de los ingresos”, concluye Manresa.

Carlos Manresa es propietario del restaurante La Torre de Altamar.

Carlos Manresa es propietario del restaurante La Torre de Altamar.

Los barcos también esquivan Barcelona. En octubre, varios cruceros decidieron cambiar sobre la marcha su estancia en Barcelona por otras ciudades como Valencia. “¿Tú sabes lo que es tres mil personas queriendo comer? Igual recuerdos no compran, pero comer tienen que comer sí o sí. Un crucero da de comer a muchos restaurantes en Barcelona, pero cada vez evitan más venir” explica Francisco Díaz, gerente de La Tapería de la Ribera. Él ha tenido que despedir a 4 trabajadores.

Díaz es gaditano pero afincado en Barcelona. Regenta varios restaurantes típicos españoles, de los que tienen colgados jamones en el techo, sirven todo tipo de tapas y ponen música española todo el día. “Pues aquí se vinieron a comer los alcaldes independentistas cuando vinieron a manifestarse a la Estación de Francia. Me sorpendió mucho ver a tantos alcaldes con varas, la verdad. Pero ninguno se quejó de la comida española. Y yo encantado. Ojalá monten una manifestación de esas cada semana”, se ríe. Se le corta la risa cuando estima la caída de turistas en la ciudad: “Yo creo que puede estar incluso por encima del 40”.

¿Quién es el responsable?

¿Qué ha pasado exactamente en Barcelona en los últimos tiempos para que la gente no quiera venir? El atentado de agosto, el referéndum del 1 de octubre, la aplicación del 155, la falta de gobierno… Lo resume el hostelero Jordi Coloma, propietario de varios restaurantes: “Se ha estabilizado la inestabilidad”. Él también ha despedido a 5 personas por la pésima situación y modificado contratos.

Coloma coincide en que lo que ha caído “es el turismo de calidad. A restaurantes como el mí, de 50 euros el ticket, nos ha matado”. Y cree que la causa última de que estén en descensos de hasta el 30% es “del Procés, sobre todo en el último tercio de año, que la gente ya no quiere venir. Pero aquí ya estábamos mal antes. La cantidad de manteros es tal que ha provocado una degeneración de la zona. Hemos llegado a pasar miedo. El Ayuntamiento permite que haya muchísimos manteros. A nosotros en cambio nos ponen traba constantemente con las ordenanzas, para las terrazas, para todo. Son unos irresponsables, que se lo están poniendo difícil al que aporta”.

Enfadados con Ada Colau

El conflicto de los hosteleros con el gobierno de Ada Colau viene de largo. El último encontronazo lo tuvieron en verano por problemas con las ordenanzas que regulan las terrazas. Pero es que el descontento con la gestión del gobierno de Ada Colau trasciende el ámbito de la hostelería y se extiende a los comerciantes en general. Marga Domingo, presidenta de la Asociación de Comerciantes de El Born, otra de las grandes zonas turísticas de Barcelona, lo recuerda: “Hace 5 años, en el Born estábamos quintos en la lista de los barrios más influyentes del mundo, muy cerca del Soho de Londres o Marais en París. Ahora estamos en la lista de las ciudades que hay que evitar”.

“El problema es que la alcaldesa ya no quiere turistas, pero que no se ha dado cuenta de que Barcelona es una ciudad turística. Los comerciantes estamos sufriendo. Las medidas que impone no nos beneficia, tiene el barrio dejado, hay poca limpieza...”, se queja.

Terrazas y calles vacías en la zona más turística de Barcelona.

Terrazas y calles vacías en la zona más turística de Barcelona.

Entonces está el Procés independentista, la gestion del gobierno de Ada Colau, la inestabilidad política, los manteros… ¿Qué porcentaje de responsabilidad tiene cada factor? “50% el Procés, 20% la aplicación del 155, 20% el atentado y 10% la gestión municipal”, aventura a señalar Carlos Manresa. Lo del atentado fue un palo, y fue el inicio de la caída. Pero Barcelona se repuso bien. Al final, las cancelaciones sólo tuvieron especial importancia los primeros tres días y al final no pasaron del 20%. “La caída no es por el terrorismo. Pasó en París también y allí se han repuesto”, indica Manresa, e incide en la parte política. Cree que la solución pasa por “un presidente coherente que no esté imputado y elecciones en dos meses para que se forme gobierno de una vez”.

El congreso de telefonía puede irse a Dubai

Y si no llega es estabilidad, se irá lo poco que queda. Es el caso del Mobile World Congress, uno de los principales atractivos internacionales de Barcelona. Es un evento que deja 450 millones de euros a la economía de la ciudad. Ahora peligra por la inestabilidad catalana. GSMA ya está tanteando alternativas y suena Dubai. “Ese tipo de turista se deja muchos miles de euros. No nos podemos permitir que se vaya. No es sólo en comer bien. Es que luego se dejan 8 y 9 mil euros fuera de la nota. En mi restaurante volaban las botellas de Johnnie Walker Blue Label a 400 euros”, recuerda Mario Claver, del restaurante Alba Granados. Su familia no ha tenido que despedir a nadie, porque directamente han traspasado uno de los restaurantes del grupo. Mario teme que el congreso de telefonía se marche: “Es nuestra temporada alta”, reconoce.

Francisco Díaz también regenta El Periquete, otro restaurante típico español en La Barceloneta.

Francisco Díaz también regenta El Periquete, otro restaurante típico español en La Barceloneta.

Ilustra el sentir del turista extranjero con una anécdota: “Me llamó hace poco un cliente norteamericano que viene cada año al congreso de telefonía. Quería preguntarme si este año también iba a tener el restaurante abierto. ¿Por qué no lo iba a tener?, le respondí. Me dijo que hombre, con lo mal que están las cosas…. En el extranjero se creen que en Barcelona estamos en una guerra. Y eso es algo que tienen que arreglar los políticos antes de que sea demasiado tarde y el congreso se marche”.

El resto de España sube

En el resto de España, por contra, las cifras han subido un 4,3%. Valencia se postula como alternativa cultural y gastronómica de Barcelona (CNN dixit) y en Oriente Medio se frotan las manos por si cae el congreso. Cataluña, mientras, es la comunidad española donde más ha caído el turismo y la única junto a La Rioja en la que ha bajado el número de visitantes respecto al pasado año.

La capital, Barcelona, trata de salir de sus crisis de identidad. Una ciudad que vive del turismo, pero que ahora está peleada con el turista. Lo advierte Jordi Coloma: “Entre todos han conseguido que se haya perdido por completo el valor de la marca Barcelona. Costará mucho recuperarla. De momento no sabemos cuando empezar a recuperarla, porque esta sensación de transitoriedad nunca se acaba. Y mientras no haya estabilidad, estamos condenados”.