Susana Freire, propietaria de  Pelucas Monna Lisa

Susana Freire, propietaria de Pelucas Monna Lisa Quincemil

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Sentirse natural durante un proceso oncológico es posible en A Coruña: "Hay pelucas realmente bonitas"

Los avances en materiales, cortes y colores permiten encontrar soluciones adaptadas a cada persona, con modelos desde los 300 euros y alternativas que requieren muy poco mantenimiento

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Hace décadas, una peluca podía resultar fácil de reconocer. Hoy la realidad es muy diferente. Cabello natural, fibras sintéticas que imitan cada vez mejor su aspecto, multitud de colores y cortes, sistemas de sujeción más cómodos e incluso modelos que, después de lavarlos, recuperan su forma sin necesidad de peinarlos. La evolución ha sido enorme y en A Coruña existen establecimientos especializados que permiten encontrar una opción prácticamente para cada necesidad.

Estos avances cobran una importancia especial para las personas que pierden el cabello durante un tratamiento oncológico. En un momento en el que las preocupaciones son muchas y la imagen puede experimentar cambios en poco tiempo, poder elegir cómo verse y encontrar una alternativa con la que sentirse cómoda puede convertirse en una pequeña ayuda durante el proceso.

No todas buscan lo mismo. Algunas quieren conservar exactamente el corte y el color que llevaban antes; otras deciden aprovechar el cambio para probar algo diferente. También hay quien prefiere el cabello natural y quien encuentra en las nuevas fibras sintéticas una solución mucho más práctica. Lo importante es que hoy existen muchas más posibilidades para elegir.

Ángeles Chas, de Peluquería Ángel, situada en la calle Villa de Miño, lleva años trabajando con pelucas y prótesis y ha comprobado de primera mano esa evolución. "Hoy en día ya no me piden pelucas de cabello natural, me piden más bien sintéticas o con fibra, porque han cambiado muchísimo y se ven súper, súper naturales", explica.

Pelucas que apenas necesitan mantenimiento

Peluquería Ángel trabaja actualmente con dos casas comerciales, Carmen Olmedo, de Sevilla, y Cabello R, de Madrid. Chas selecciona los modelos en función de las necesidades de cada persona y destaca especialmente la evolución de las fibras sintéticas.

Entre las alternativas actuales están las conocidas como "pelucas inteligentes", una opción pensada para simplificar al máximo su cuidado. "Solo las lavan y las cuelgan. Al día siguiente están secas y no tienen que peinarlas ni nada", señala.

La facilidad de mantenimiento puede resultar especialmente útil durante un tratamiento, cuando encontrarse bien y tener fuerzas para afrontar las tareas cotidianas no siempre es sencillo. Frente al cabello natural, que necesita cuidados similares a los del propio pelo, las fibras sintéticas permiten recuperar su forma prácticamente después de cada lavado.

"Hay gente que tiene miedo, que me trae la peluca para que yo se la prepare. Después yo les explico cómo lo tienen que hacer, no tienen problema, es muy fácil", cuenta Chas. Para su cuidado recomienda un champú neutro y productos como suavizante o mascarilla antes de dejarla secar.

También existe una diferencia importante en el precio. En Peluquería Ángel pueden encontrarse modelos a partir de unos 400 euros, mientras que las opciones de cabello natural pueden superar ampliamente los 1.000 euros. "Estoy muy contenta con ellas, llevo muchos años y la verdad es que funcionan muy bien", asegura.

Buscar una imagen parecida a la de siempre

Una de las primeras decisiones es escoger cómo se quiere ver la persona durante esos meses. Según la experiencia de Chas, lo más habitual es intentar mantener una imagen similar a la anterior al tratamiento. "Normalmente quieren sentirse ellas mismas", explica. Para conseguirlo, actualmente existe una variedad considerable. "Tenemos muchísimos cortes diferentes y pueden escoger su color. No son pelucas estándar", señala.

La profesional también ha percibido un cambio generacional. Cada vez llegan más personas jóvenes buscando estilos actuales y cortes diferentes, algo que también ha llevado a ampliar las posibilidades disponibles. "Ahora hay virguerías, hay cosas muy, muy bonitas", afirma.

En su establecimiento dispone de algunas referencias y trabaja principalmente mediante catálogo. Además, destaca la rapidez con la que puede conseguir determinados modelos: en unas 24 horas puede tener una peluca disponible, algo especialmente importante cuando la caída del cabello ya ha comenzado.

Una opción de peluca que puedes encontrar en Peluquería Ángel

Una opción de peluca que puedes encontrar en Peluquería Ángel Peluquería Ángel

57 años entre pelucas en la calle Galera

Otro establecimiento que conoce muy bien la evolución de este sector es Pelucas Monna Lisa, que lleva 57 años en la céntrica calle Galera de A Coruña. Sus maniquíes y pelucas llevan décadas formando parte de uno de los escaparates más reconocibles de la zona.

Desde hace unos 30 años está al frente del negocio Susana Freire Moris, que recogió el testigo de sus padres y de su hermana y continúa una historia familiar que comenzó mucho antes.

El origen de Monna Lisa cruza incluso el Atlántico. Un tío de Freire, nacido en Cuba, se trasladó a Nueva York, donde trabajó como barbero y posteriormente, durante los años 60, en una fábrica de pelucas conocida como Monna Lisa. Años después se mudó a Madrid y se asoció con el padre de Susana. La familia acabaría abriendo establecimientos en A Coruña, Vigo y Ourense.

En A Coruña llegó incluso a existir una fábrica de pelucas en Os Mallos y, durante los años 70, cuando predominaban las de cabello natural, el padre y el tío de Freire recorrían Galicia en furgoneta buscando pelo para comprar.

Más de medio siglo después, las necesidades y los materiales han cambiado considerablemente y buena parte de quienes entran actualmente en este tipo de establecimientos lo hacen como consecuencia de una alopecia o de un tratamiento oncológico.

Un cuero cabelludo especialmente sensible

Freire explica que no existe propiamente una peluca diferente para una persona con alopecia y otra que haya perdido el cabello como consecuencia de un tratamiento. Lo que sí puede cambiar son las necesidades de quien la utiliza.

"Con un tratamiento de oncología, el cuero cabelludo está más sensible", señala. Por ese motivo, en Monna Lisa suelen recomendar el cabello natural cuando existe especial sensibilidad, ya que resulta ligero y puede generar menos calor o molestias.

Esto no significa que las fibras sintéticas queden descartadas. En esos casos existen alternativas para evitar el contacto directo con el cuero cabelludo. "Se puede poner un pañuelito de seda debajo de la peluca o turbantitos de bambú. El bambú es un tejido cien por cien natural, fresquito y muy liviano", explica.

Cada persona, insiste, es diferente. Hay pacientes a las que las fibras sintéticas no les generan ninguna molestia y otras que necesitan buscar materiales especialmente suaves durante el tratamiento.

De 300 euros en adelante

En Monna Lisa pueden encontrarse pelucas sintéticas desde aproximadamente 300 euros, mientras que las de cabello natural parten de unos 750 euros y su precio aumenta dependiendo del fabricante, el tipo de confección y las características del cabello.

La elección, sin embargo, no depende únicamente del presupuesto. "El pelo sintético tiene la ventaja de que es práctico. Se lava, se deja secar al aire y vuelve a coger la forma original", señala Freire. Las pelucas de cabello natural requieren más mantenimiento: hay que lavarlas, utilizar secador y volver a peinarlas, de manera similar al propio cabello.

Y durante un tratamiento esa comodidad también puede pesar en la decisión. "Si se encuentran cansadas o no se encuentran bien, les puede dar un poquito más de pereza llevarla a la peluquería y lavarla", explica.

Por ello, no existe una respuesta única sobre qué tipo de peluca es mejor. El cabello natural puede resultar más adecuado para determinados cueros cabelludos, mientras que las fibras sintéticas ofrecen una mayor facilidad de mantenimiento. La elección depende de cada persona, de su piel, de su presupuesto y de aquello con lo que se encuentre más cómoda.

Una de las opciones de pelucas que puedes encontrar en Monna Lisa

Una de las opciones de pelucas que puedes encontrar en Monna Lisa Quincemil

Elegir antes de que comience la caída

Siempre que sea posible, Freire recomienda acudir al establecimiento antes de que comience la pérdida del cabello. De esta manera se puede observar el corte, el color y el estilo habitual de la persona y buscar una opción similar si ese es su deseo. "La gran mayoría lo prefiere lo más parecido posible", explica. Aunque no ocurre siempre. "Hay gente a la que no le importa y dice: ‘Ya que voy a cambiar, me da igual cambiar de color o de estilo", añade.

Tener la peluca con antelación también permite probarla en casa y comenzar a acostumbrarse a ella antes de necesitar utilizarla de manera habitual.

Freire pone especial atención en cómo se afronta ese cambio de imagen. Si una persona ha llevado toda su vida el cabello largo y quiere continuar viéndose con melena, considera que no siempre es necesario cortarlo inmediatamente. Su recomendación es valorar cada caso y hacer la transición cuando la caída se vuelva más intensa para que el cambio visual no resulte tan brusco "Psicológicamente es también una ayuda", resume.

"¿Y si se me cae la peluca?"

Hay una pregunta que Susana Freire escucha con frecuencia entre quienes llegan por primera vez: ¿puede caerse o moverse la peluca? "Es un miedo que suelen tener", reconoce.

La profesional explica que, de hecho, una peluca puede sujetarse mejor cuando ya no existe cabello debajo, porque se ajusta directamente al cuero cabelludo. Además, los sistemas de confección también han evolucionado durante los últimos años.

Entre ellos se encuentra un material denominado Dermafix, que se adhiere a la piel mediante un efecto similar al de una ventosa. También existen bandas de sujeción y adhesivos específicos, aunque no todos los sistemas resultan adecuados para todas las personas, especialmente cuando la piel está sensibilizada. "Depende un poquito del cuero cabelludo de cada persona", señala Freire.

Sentirse cómoda frente al espejo

Detrás de materiales, precios, sistemas de sujeción o colores existe una cuestión mucho más personal. Una peluca no cambia un diagnóstico ni hace desaparecer las dificultades de un tratamiento, pero para quien decide utilizarla puede ayudar a conservar una imagen con la que se reconoce.

Ángeles Chas intenta transmitir precisamente esa tranquilidad a las personas que llegan hasta su peluquería. "Las animo muchísimo", cuenta. Tras años trabajando con estos productos, insiste especialmente en cuánto ha mejorado su aspecto: "Para nada van a sentir que llevan peluca".

Y esa posibilidad de elegir es quizás uno de los mayores cambios respecto a décadas atrás.