Instante del concierto de La Oreja de Van Gogh en A Coruña.
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Amaia Montero se rinde a A Coruña: La Oreja convierte el Coliseum en un viaje por sus canciones
El público coruñés canta, baila y reclama un bis en una noche en la que Rosas se convierte en uno de los grandes momentos y Amaia Montero vuelve a recordar el vínculo de la banda con la ciudad
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El primer acorde de 20 de enero bastó para que el Coliseum entendiese lo que iba a ocurrir. No era una noche cualquiera ni un concierto en el que el público fuese a limitarse a escuchar. La Oreja de Van Gogh regresaba a A Coruña y miles de personas habían llegado preparadas para cantar unas canciones que, para muchos de los presentes, llevan años formando parte de su propia banda sonora.
Desde el comienzo, la pista y las gradas acompañaron a la banda. Después de 20 de enero llegaron Deseos de cosas imposibles y El último vals, tres primeros golpes de nostalgia que hicieron que el recinto fuese entrando poco a poco en una noche planteada como un recorrido por la trayectoria de La Oreja de Van Gogh.
Sobre el escenario, la música compartía protagonismo con una puesta en escena muy visual. Las luces cambiaban de color y de intensidad dependiendo de cada momento, mientras las estructuras situadas alrededor de los músicos se movían durante el concierto. En determinados momentos parecían grandes puertas que se abrían y se cerraban, creando diferentes espacios y acompañando el paso de unas canciones a otras.
Pero era Amaia Montero quien concentraba buena parte de las miradas. La cantante se mostró especialmente cercana con el público coruñés y, en uno de los primeros momentos de la noche, quiso recordar la relación de la banda con la ciudad. Habló de esos recuerdos que permanecen y de lo especial que resulta volver a un lugar en el que han sido felices.
"Hemos sido felices en este hogar", señaló Amaia, antes de recordar que las canciones de La Oreja de Van Gogh "han sonado muchas veces entre estas paredes". Una declaración que encajaba perfectamente con lo que estaba ocurriendo delante de ella: varias generaciones de coruñeses cantando canciones que llevan años asociadas a recuerdos personales, veranos, viajes, primeros amores o simplemente a una época de sus vidas.
Nadie como tú, Dicen que dices, Tú y yo y Dulce locura fueron haciendo crecer el ambiente. No había demasiados momentos en los que Amaia tuviese que pedir al público que cantase. Las voces llegaban desde las primeras filas y se extendían hacia las gradas, mientras los aplausos aparecían al terminar cada uno de los temas más reconocibles.
Después llegaron Todos estamos bailando la misma canción, Mariposa y Vestido azul. El concierto avanzaba con esa sensación de viaje en el tiempo, pero sin quedarse únicamente en la nostalgia. La banda mantenía el ritmo y el público respondía bailando y acompañando las letras.
Una noche para recordar A Coruña
Uno de los momentos diferentes de la noche llegó con Tan guapa, que Amaia Montero interpretó junto a Xabi San Martín. El músico compartió escenario con ella en uno de los pasajes más celebrados por el público, que volvió a responder con una gran ovación.
Y A Coruña volvió a aparecer en las palabras de Amaia. La cantante recordó la ciudad que conserva en su memoria y puso de nuevo el foco en el Coliseum. Su mensaje terminó desembocando en una de las frases que más aplausos arrancó durante la noche: "El Coliseum no sería nada sin vosotros".
La respuesta fue inmediata. El público coruñés volvió a demostrar que no necesitaba demasiadas indicaciones para acompañar a la banda. París, Cuéntame al oído y Pop fueron recibidas con entusiasmo, mientras el montaje de luces continuaba cambiando el aspecto del escenario y las estructuras móviles seguían jugando con la profundidad y los espacios.
La sucesión de canciones llevó después a La playa, El 28 y Soledad. A esas alturas, el Coliseum ya estaba completamente metido en el concierto. Había quien cantaba cada palabra, quien bailaba desde su sitio y quien simplemente observaba el escenario con esa expresión de quien acaba de reencontrarse con una canción que llevaba tiempo sin escuchar en directo.
El Coliseum canta Rosas por Amaia
Amaia presentó la canción y dejó que el público hiciera el resto. Cuando llegó el estribillo, las voces de las gradas y de la pista se unieron hasta convertir el Coliseum en un enorme coro. La cantante sonreía mientras escuchaba. Durante unos instantes dejó de ser la voz principal de la canción para convertirse en espectadora de lo que estaba ocurriendo delante de ella. El público volvió a cantar el estribillo una segunda vez y la escena se hizo todavía más especial.
Amaia miraba a los asistentes y parecía disfrutar de lo que estaba viendo. No hacía falta mucho más. A Coruña había convertido Rosas en uno de los momentos centrales de la noche y la cantante dejó que la canción fuese completamente de quienes estaban al otro lado del escenario.
El concierto parecía acercarse entonces a su final. Pero el público no tenía ninguna intención de marcharse todavía. Cuando La Oreja de Van Gogh abandonó el escenario, como parte del espectáculo, comenzaron las peticiones de otra canción. Los aplausos fueron creciendo hasta que, a las 23:02 horas, Amaia y la banda volvieron a aparecer sobre el escenario.
El regreso arrancó con Perdida y continuó con Cuídate y Muñeca de trapo. El público volvió a levantarse, cantar y acompañar los temas, consciente de que quedaban pocos minutos para despedirse. Para el último tramo quedó Puedes contar conmigo. Y, una vez más, A Coruña apareció en las palabras de Amaia al terminar la canción. La reacción del público fue inmediata y el Coliseum volvió a responder con una enorme ovación.
Después llegó el final definitivo. La banda se reunió sobre el escenario mientras comenzaban a caer confetis y el público despedía a los músicos entre aplausos. Habían pasado por el escenario algunos de los temas más importantes de la historia de La Oreja de Van Gogh, pero la sensación al terminar era que aquella noche había sido algo más que un repaso de éxitos. Esta noche, segundo pase.