Paloma Anca
Mi aplicación del tiempo siempre acierta
Paloma Anca nos habla sobre esa extraña convicción de que, cuando dos aplicaciones del tiempo no coinciden, la nuestra siempre es la correcta
El sábado pasado estaba lloviendo. No había ninguna duda. Caía agua del cielo, suelo mojado, gente por la calle con paraguas. Según todos los métodos de observación disponibles antes del 2000, estaba lloviendo.
Entonces miré mi aplicación del tiempo: sol y nubes huevo frito. Levanté la vista hacia el cielo. Después la bajé al móvil. Cielo. Móvil.
Creo que esperaba confirmar que era el cielo el que se estaba confundiendo. Porque mi aplicación del tiempo no falla. Nunca. Mi aplicación es de total confianza. Y si no digo cuál es, es porque no me pagan quiero que esto se convierta en una guerra, pero la mía es la buena.
Con las aplicaciones del tiempo hemos desarrollado una relación parecida a la que antes se tenía con el médico de cabecera. Puedes pedir una segunda opinión, claro, pero al final siempre confías en la tuya. Porque la mía siempre acierta. Las demás no.
Se me ocurrió escribir sobre la monogamia con las aplicaciones del tiempo ese sábado lluvioso. Cuando alguien propuso un plan al aire libre para el día siguiente “¿Mañana comemos en una terraza?”. En menos de quince segundos aparecieron cuatro móviles encima de la mesa.
Uno decía lluvia. Otro, nubes. Otro, un 30%, pero solo por la mañana. El mío decía huevo frito.
Y ahí empezó la cumbre de expertos en clima nada. Cada uno defendía su fuente como si llevásemos veinte años estudiando anticiclones en la AEMET.
—Pues a mí me da bueno.
—A mí me da lluvia.
—Yo esta mañana he mirado y no me daba nada.
—A mí me duele la rodilla.
La rodilla siempre aparece cuando la tecnología no consigue ponerse de acuerdo decidir si comemos en terraza o no. Y lo hace con una autoridad sorprendente. Nadie pregunta qué rodilla te duele, desde cuándo o cuál es su porcentaje de aciertos. La rodilla no necesita certificados ni credenciales. Es la versión contemporánea de la señora de pueblo que lleva toda la vida prediciendo el tiempo sin consultar ninguna aplicación. Puede ser por su rodilla, por una cicatriz o por el vuelo de las golondrinas. Da igual.
—¿Entonces, reservamos fuera?
Miré mi aplicación: huevo frito. Miré a mi amiga: mano en la rodilla y gesto dudoso. —Reserva dentro, por si acaso.
Al final no llovió y la rodilla no hizo declaraciones. Una rodilla no tiene servicio de quejas o reclamaciones. Supongo que por eso mantiene intacto su prestigio.
Pedimos huevos fritos. Mi aplicación siempre acierta.