Paloma Anca

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Opinión

Abril no pide permiso

Un texto de Paloma Anca dedicado al recién estrenado mes de abril

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Abril es esa amiga caótica, que siempre llega tarde, siempre te cambia el plan y aun así, siempre quieres que venga porque sabes que con ella no te vas a aburrir.

Promete sol y te da lluvia. Te viste de primavera y te hace volver a casa a por una chaqueta que ya no pensabas ponerte hasta octubre. Abril no pide permiso. Entra, se sienta y como quien no quiere la cosa, descoloca tus rutinas. Tampoco mucho. Lo justo para que te des cuenta de que te estabas acomodando.

Pero abril también es ese amigo detallista que te llama y te dice: “¿te apetece una cervecita?”. Y de repente estás sentada al sol y ya no te acuerdas de la cueva en la que has estado hibernando tantos meses. Abres la ventana y el aire ya no te pone la piel de gallina, como cuando pasas por el pasillo de yogures del supermercado. Si eres atrevido, incluso te regala el primer baño del año.

En abril pasan cosas pequeñas, pero importantes. Esas que no hacen ruido, pero se notan. Los días se estiran como si alguien estuviese tirando de ellos desde algún lado. Las terrazas empiezan a llenarse. La gente mira hacia arriba para confirmar que el cielo es azul. ¡No era un rumor!

Es el mes en el que la naturaleza decide quitarse el pijama y vestirse de colores. Primavera recién estrenada. Florecen las margaritas. Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere. Yo siempre he tenido mucha fe en las margaritas. En el amor, no tanta. Brotan las flores, también las alergias. Flores sí, pero con condiciones.

Abril no te exige. Bastante tienes con sobrevivir a los estornudos. Quizás por eso no te pide que te apuntes al gimnasio (ya vas tarde) ni que ahorres. Simplemente se insinúa. Insiste un poco, dejándote la puerta abierta por si te apetece salir.

Como buen caótico, abril es muy contradictorio. Es capaz de regalarte una tarde de playa y al día siguiente recordarte que el refrán: 'en abril aguas mil’, existe por algo. Aun así, en este mes montamos ferias y salimos a las calles a bailar, aunque el cielo no tenga muy claro de qué humor está. Por eso te voy a dar un consejo: no guardes la ropa de invierno todavía.

Y el 23 es el Día del Libro. A mí este año me toca vivirlo desde dentro, cambiar de lado en la firma. ¡Qué ilusión me hace! En Cataluña, alguien tuvo la idea de que este día se mezclasen libros y rosas y la jugada salió redonda. Quiq-pro-quo. Mezclar cultura y excusas para regalar siempre está bien. Es como mezclar vino con queso. O melón con jamón, aunque aquí tengo mis reservas (sospecho que esta combinación se sostiene más por la rima que por el sabor). Pero bueno, ese melón ya lo abriremos en junio, por ejemplo.

Abril me cae bastante bien. Es inestable, imprevisible y un poco caprichoso. No es perfecto. Tiene sus cosas, como todos. Pero tampoco presume de lo contrario. Llega, desordena un poco y así, sin molestar demasiado, cambia el ambiente.

Después de un enero y un febrero empeñados en vivir en gris, y un marzo que ha pasado volando, uno ya no quiere ponerse exigente. Así que yo a abril se lo compro todo.