Paloma Anca
Cómo saber si tu relación es más sólida que el mármol
Un texto de Paloma Anca sobre las consecuencias de una reforma en el estado de una pareja: sacan lo mejor y lo peor
Prometerse amor eterno con una copa de vino en la mano es muy fácil. Mirarse a los ojos mientras uno dice: “He decidido por ti” “Daba por hecho que aquí estaría mi vestidor”, y que el otro no llame a su abogado, es la verdadera prueba de amor.
Las reformas sacan lo mejor y lo peor de una pareja. Sobre todo lo segundo.
Leí hace poco que tras una reforma, un 7% de las parejas necesita terapia y un 5% acaba divorciándose. ¿Y qué pasa con el 82% restante? ¿Están comiendo perdices en una cocina abierta al salón? No. Ese 82% todavía no ha terminado la obra. Están esperando a que llegue la encimera de mármol.
Si vais a empezar una obra, procurad que vuestra relación sea sólida. Más sólida que la encimera. Que al menos uno de los dos haga de muro de carga emocional cuando el otro decida tirar tabiques. Porque sobrevivir a una tarde en Ikea es una prueba menor. Sobrevivir a unas vacaciones con la familia política compartiendo cuarto de baño y nevera, se puede gestionar con diplomacia vino. Pero sobrevivir a un “Pensaba que estábamos de acuerdo en el color de las paredes” es otra cosa.
Hay ciertas frases en las que no solo se está hablando de pintura. Se está hablando de poder. De identidad. De si el verde manzana es un tono alegre o la fruta envenenada de Blancanieves.
“Me da igual”. Otra frase que no es lo que parece. Porque a nadie le puede dar igual poner suelo radiante o mantener los azulejos originales. Y si realmente le da igual, ojo. Porque a lo mejor la otra parte no tiene mucha intención de asentarse en ese sitio. Contigo tampoco.
Hay que asumir que el salón no será exactamente el de Pinterest, que el presupuesto siempre será optimista y que habrá un momento una temporada en la que dormiréis en casa de los suegros porque todavía no han colocado el lavabo la encimera de mármol ni vuestra estabilidad emocional.
Y ahí, en esa cama provisional y rodeados de maletas es cuando ocurre la magia algo: o bien os convertís en enemigos silenciosos que discuten por el color de las toallas, o bien os miráis fijamente hasta que os da la risa.
Las reformas ponen a las parejas frente al espejo. Y el espejo no perdona. Obligan a negociar. A escuchar. A callarte cuando estás convencido de que el verde manzana queda ideal en el cuarto de baño tienes razón. A aceptar que el otro necesita un vestidor enorme tiene unas prioridades y una visión del hogar que no coincide exactamente con la tuya.
Así que si ahora mismo estás discutiendo por el tono de la pintura, respira. Si estás rodeado de cajas, respira. Si has dicho “me da igual” cuando no te daba igual, respira más fuerte. Y si eres alérgico al polvo, tómate un antihistamínico.
Porque cuando parece que lo peor ya ha pasado, llega la mudanza. Que es la consecuencia natural del caos anterior. Una secuela que nadie quería, pero que siempre llega y que dejaremos para próximas entregas.