La farmacia centenaria de Santiago que se actualiza a diario: La gente agradece el contacto

La farmacia centenaria de Santiago que se actualiza a diario: "La gente agradece el contacto" Quincemil

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La farmacia centenaria de Santiago que se actualiza a diario: "La gente agradece el contacto"

En 1910, el bisabuelo de Alejandro abría en plena Porta Faxeira la Farmacia Gómez-Ulla. Por ella han pasado cuatro generaciones y cientos de clientes que atesoran recuerdos de este emblema de la ciudad, "ese cariño no se paga con dinero" dice el actual dueño. La farmacia acumula más de 100.000 seguidores en su cuenta de Tiktok y más de 50.000 en Instagram

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La Farmacia Gómez-Ulla lleva abierta más de un siglo en Santiago de Compostela, en plena Porta Faxeira. Abrió sus puertas en el año 1910 de la mano del bisabuelo de Alejandro Gómez-Ulla, actual propietario y la cuarta generación que regenta este histórico comercio de la ciudad.

En la época de su bisabuelo, la farmacia distaba mucho de ser como es en la actualidad, en donde "los envases que existen hoy día, muchos de ellos antes se formulaban en la propia farmacia", rememora el actual propietario. Alejandro llegó en 2009, después de que su padre (también Alejandro) llevara en la farmacia desde el año 1975 y quien "ya empezó a adaptarse a los tiempos", introduciendo la cosmética en la farmacia. Por ella también pasó su abuelo, Luis, en una época en que "todavía la farmacia tenía muchas fórmulas magistrales y mucha indicación".

Alejandro estudió Farmacia y, además, se crió en una. Recuerda cuando llegaba de estudiar en La Salle y pasaba por el negocio familiar a esperar a sus padres. "Muchas veces lo que me decía era: 'necesito que vayas apuntándome ahí, necesito que vayas a coger esto, puedes atender a la señora que estamos ahora aquí mamá y yo haciendo lo que sea'. Quieras que no, te vas familiarizando", señala .

El actual propietario menciona que "antes, tú venías al negocio, esperabas porque estaban tu padre y tu madre haciendo algo, y te aguantabas, tenías mucha más imaginación", algo que ha cambiado a día de hoy donde los hijos ya no se crían en los negocios familiares, "los niños ya no viven tanto el tener que esperar aquí media hora, una o dos horas".

Tras más de 110 años en la ciudad, y después de cuatro generaciones, no han sido pocos los compostelanos que, al igual que Alejandro, han crecido en la farmacia. Menciona el dueño cuando un cliente le aseguró que "había conocido a las cuatro generaciones" y, un día, su mujer Fátima trajo a su hijo mayor a la farmacia y le dijo "pues ya cinco incluso", dice entre risas. También comenta cómo "mucha gente mayor recuerda al auxiliar de mi abuelo". Recuerdos con su abuelo o con su padre por parte de muchos clientes en los que "ese cariño no se paga con dinero".

"El cliente cada vez sabe más, ya no vale esperar una receta, tienes que ponerte al día. Los tratamientos y las demandas de la gente van cambiando"

Alejandro Gómez-Ulla, propietario de la Farmacia Gómez-Ulla

Además de cariño, la farmacia atesora también muchos recuerdos, algunos de ellos ya imposibles a día de hoy como los días del inventario en donde toda la familia Gómez-Ulla se juntaba en la farmacia para hacerlo.

"Ahora eso no es necesario, tienes un stock actualizado con un programa informático, pero yo recuerdo perfectamente que el día 31 de diciembre veníamos por la tarde aquí mi hermana y yo, mis padres y mis tíos", rememora el dueño. "Se hacía un inventario manual, cerraban por la tarde y estábamos aquí apuntando en un papelito" contaban "cuatro cosas" y con premio al final: "un caramelo o un juguete".

Aunque fue su padre quien introdujo la cosmética, la llegada de Alejandro a la farmacia también hizo impulsarse en ese campo. "La cosmética también se entendía como algo más superficial", aclara Alejandro sobre esos primeros años, "la dermocosmética abarca muchísimo más".

"Antes era un poco más sota, caballo y rey" y en la actualidad toca "especializarte". "Cuando te vas especializando ves que la gente es súper agradecida cuando personalizas una rutina. Ahí sí que ves que la gente vuelve y te lo agradece y eso no se paga con dinero", apunta.

Señala, además, que "antes la farmacia era más medicamento" y hasta hace poco hacían ellos mismos "fórmulas magistrales", pero que ya han sido "absorbidas prácticamente por los laboratorios". "Ahora ya viene todo formulado, lo cual también tiene su lógica", indica Alejandro.

Una comunidad que abarca más de 130.000 seguidores

Otras de las caras conocidas de Gómez-Ulla es Fátima, la mujer de Alejandro, quien está detrás de los vídeos en redes sociales que publica con rutinas o consejos de dermocosmética. Con sus publicaciones, ha creado una comunidad digital que abarca más de 130.000 seguidores en TikTok y más de 50.000 en Instagram.

"Al principio no teníamos la página web que tenemos ahora", recuerda Alejandro, "teníamos clientela de Santiago, pero también gente que al final del Camino nos hacía consultas y luego quería reportarnos cómo le había ido. Desde que empiezas a tener redes sociales, esa gente te reporta por ahí". "Te das cuenta de lo que la gente agradece el contacto", señala Alejandro.

Además, explica que es "más fácil comunicar" a través de las redes sociales por parte de sus clientes, "si estás aquí y quieres unas compresas o un preservativo, a la gente le gusta mucho más poder hablar solo contigo. Es mucho más fácil hablar por redes sociales que en persona, más discreto. Con problemas de piel también nos pasa".

También les llegan mensajes de clientes cercanos que, tras una consulta, les comentan lo bien que les fue. "A base de haber venido aquí, tenemos clientes desde Portugal, del Reino Unido, que nos hacen pedidos online a día de hoy porque quedaron contentos con la atención" menciona Alejandro.

"Tienes que ir evolucionando con el tiempo, si no te quedas en el mismo sitio" señala el dueño, que, además del relevo generacional, consiguió que una farmacia centenaria continúe gracias al haberse actualizado "todos los días".

"El cliente cada vez sabe más, ya no vale esperar una receta, tienes que ponerte al día. Los tratamientos y las demandas de la gente van cambiando" y también apunta a que "la gente ahora se cuida más. Antes la señora de 60 años ya no quería saber nada; ahora, una vez que compruebas que las cosas funcionan, te sigues cuidando toda la vida".

Alejandro es la cuarta generación de una farmacia que, al igual, ya mira hacia una quinta. Su hijo mayor estudia Farmacia, algo que el dueño aclara que no fue nada impuesto, "que escoja y que luego, con lo que escoja, sea él mismo el responsable". De hecho, su hijo no les dijo a sus padres que iba a estudiar esa carrera hasta el día antes de escogerla, "yo no le había dicho ni una sola vez" dice Alejandro.

Además de contar con varias generaciones de expertos, su hijo también va ayudando en la farmacia. Recuerda su padre cuando atendió a unas clientas chinas ya que su hijo sabe chino y alemán, "entre el inglés, el francés y el castellano, la mayoría lo resuelves, pero hay cosas que se me escapan", aclara Alejandro, quien aprendió inglés después gracias a Fátima.