Células de hantavirus. iStock
La UDC lidera en A Coruña un estudio para prevenir futuras pandemias desde el comportamiento humano
La investigación pone el foco en los factores sociales, culturales y ambientales que actúan como catalizadores de futuras pandemias, desde la deforestación y el cambio climático hasta el aumento del contacto humano con la fauna salvaje
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Un equipo de la Universidade da Coruña lidera una investigación sobre la prevención de futuras pandemias desde el comportamiento humano, dentro del proyecto europeo ZOE: Emergencia zoonótica a través de ecosistemas forestales degradados y restaurados.
El reciente incidente sanitario en el buque de expedición Hondius, detectado en aguas canarias con portadores de hantavirus, ha encendido las alarmas sobre la fragilidad de la salud global. El caso del Hondius, un claro ejemplo de zoonosis —enfermedades que saltan de animales (en este caso, roedores) a humanos— pone de manifiesto una vez más la relevancia de impulsar investigaciones en esta línea desde diferentes perspectivas.
El eje fundamental de la investigación parte de la premisa de que los casos de zoonosis no solo ponen en riesgo la integridad física, sino que también pueden fracturar nuestro estado psicológico, generando ansiedad social y estigmatización de las zonas afectadas.
Frente a esto, el Proyecto ZOE, con la participación activa de la UDC, propone un cambio de paradigma: no basta con reaccionar ante la enfermedad; hay que prevenirla sanando nuestra relación con el medio ambiente.
Investigar el "factor humano" en dos continentes
Bajo la dirección de la profesora Adina Dumitru, un equipo multidisciplinar de personal experto en psicología y sociología de la UDC lidera una de las líneas más innovadoras del proyecto. Su labor consiste en descifrar cómo nuestras decisiones y cultura influyen en la aparición de brotes. Una investigación que se desarrolla a través de un estudio transcontinental en Latinoamérica (México, Costa Rica y Guatemala) y Europa (Eslovenia y Eslovaquia).
Los encuentros del consorcio muestran que el riesgo zoonótico no depende solo del virus, sino de la explotación humana de ecosistemas clave. La deforestación, la fragmentación de hábitats, la expansión urbana y ganadera, y la pérdida de regulación ecológica han destruido las barreras naturales, incrementando el contacto entre la fauna salvaje y las comunidades humanas.
A ello se suman los efectos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, que facilitan que especies transmisoras (vectores como mosquitos y garrapatas) se adapten a nuevos espacios.
La investigación pone el foco en factores que actúan como catalizadores de pandemias. Entre ellos, se recoge el aumento de actividades en la naturaleza (senderismo, turismo, recolección), que ha intensificado el contacto con la fauna. Prácticas como alimentar animales salvajes, rescatarlos inadecuadamente o permitir la interacción con mascotas elevan el riesgo. En Europa, el riesgo es recreativo y laboral, como por ejemplo en los trabajadores forestales, destacando las garrapatas como un vector normalizado en la vida cotidiana.
En otro plano se sitúan las prácticas de caza, tráfico y vulnerabilidad estructural. La caza y el consumo de carne de monte siguen arraigados; sin embargo, el proyecto ZOE revela marcadas asimetrías regionales. Mientras en Europa la regulación es más sólida, en Latinoamérica las desigualdades sociales (viviendas precarias, hacinamiento y falta de acceso a servicios sanitarios o veterinarios) amplifican drásticamente la vulnerabilidad de las comunidades rurales y trabajadores migrantes.
Asimismo, se detectan muchas brechas en el nivel de conocimiento, especialmente sobre ciertos vectores; las campañas suelen centrarse en enfermedades aisladas (como el dengue en el Caribe o la borreliosis en Europa), descuidando otros riesgos como los provocados por roedores o chinches. Además, prácticas como la automedicación o el recurso exclusivo a remedios caseros retrasan la atención médica formal.
El equipo advierte también contra el abuso de métodos de control químico que generan resistencias, apostando por una prevención basada en el conocimiento ecológico.
Hacia una "Sola Salud" y resiliencia ecosistémica
La labor de la UDC en el consorcio ZOE es clave para trabajar con un enfoque One Health, la idea de que la salud humana, animal y ambiental forman una sola realidad. El estudio compara de forma sistemática tres escenarios: ecosistemas degradados, en recuperación y restaurados. El objetivo es demostrar que la recuperación de la biodiversidad actúa como un "escudo natural" frente a las zoonosis.
A través de estos encuentros preliminares, obtenidos en talleres con actores locales, la UDC está ayudando a diseñar recomendaciones políticas y estrategias de mitigación adaptadas a las realidades locales de cada región y que van más allá de la sanidad tradicional.
Las futuras directrices de salud pública deberán combinar la planificación territorial, la gestión de residuos, la educación comunitaria y la coordinación institucional. Se busca, en definitiva, transformar la acción humana de una amenaza en una herramienta de protección pública, empoderando a la sociedad civil para evitar futuros brotes mediante el conocimiento y el respeto a los límites de la naturaleza.