Judith, venezolana en A Coruña
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La angustia de una venezolana en A Coruña tras el terremoto: "Llamé a toda mi familia y nadie respondía"
Los hermanos de Judith vivían en Caracas, hasta donde llegaron los temblores de dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5
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Judith estaba a punto de irse a dormir este miércoles cuando recibió una llamada que le dio un vuelco al corazón. Un terremoto acababa de sacudir Venezuela y, aunque ella lleva 36 años viviendo en A Coruña, toda su familia sigue al otro lado del Atlántico. Entre ellos, sus dos hermanos, que residen en Caracas, donde el temblor se dejó sentir con más fuerza.
Lo primero que hizo fue coger el teléfono. Al mayor consiguió localizarlo enseguida. Del pequeño, sin embargo, no había noticias.
"Tardé media hora o 40 minutos en localizar a mi hermano", cuenta todavía con angustia. Tiene 52 años y en ese momento estaba con su mujer, su hijo, su nuera y un bebé de apenas tres meses. "Llamé a todos: a mi hermano, a mi cuñada, a mi sobrino... y nadie cogía el teléfono".
Fueron 40 minutos de incertidumbre absoluta. "Fue una angustia terrible", recuerda. Con el paso de los minutos empezó a imaginarse lo peor. Después supo que, como miles de venezolanos, habían salido corriendo de casa tras los temblores y que las comunicaciones estaban colapsadas.
"Algunos cogían el móvil, pero no tenían cobertura. Estaba todo saturado", explica.
La coruñesa toda la noche pegada al teléfono, hablando con familiares y amigos, tratando de averiguar qué estaba pasando en Venezuela. "Nos enteramos aquí sobre las doce de la noche y ya no pude dormir", relata.
"Es horrible", lamenta. Y es que aunque agradece que toda su familia esté bien, Judith ha hablado con gente que ha perdido a seres queridos durante el seísmo,
Mientras intentaba localizar a su familia, las noticias que llegaban desde Venezuela eran cada vez más preocupantes. Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron el centro del país en un fenómeno conocido como "doblete sísmico". El epicentro se situó en el estado de Carabobo, aunque el temblor se sintió también en Caracas y otras zonas del país.
Su hermano salió a tiempo del edificio
Su hermano mayor se encontraba trabajando en un hotel cuando comenzó todo.
"Dice que empezó a escuchar un ruido raro y les dijo a las compañeras que salieran rápido", cuenta Judith. La decisión fue clave. "Por donde trabajaba se cayeron un montón de edificios".
Según le explicaron sus familiares, los primeros segundos fueron confusos. "Al principio piensas que es un ruido que viene por debajo del suelo. Después empiezas a notar que todo se mueve", relata.
Aunque en Caracas se habían registrado temblores en otras ocasiones, nada comparable a lo vivido esta semana. "Ha habido varios, pero nunca de esta magnitud. Además fueron dos seguidos y después siguieron las réplicas".
Durante las primeras horas también hubo preocupación por un posible tsunami. "Mi hermano me dijo que el mar se retiró de la costa y que había una alerta", explica. Finalmente, las autoridades levantaron el aviso al mediodía.
"Hay gente que no puede volver a sus casas porque están destruidas o porque corren peligro de derrumbarse", señala. Su propia suegra pasó horas fuera de la vivienda junto a otros vecinos antes de poder regresar.
Su madre y hermana a salvo también
Las noticias que recibe de amigos y conocidos son devastadoras. "Tengo una amiga cuyo edificio quedó en pie, pero el de al lado se vino abajo entero. Todavía no han conseguido contactar con algunas personas que vivían allí". Otra conocida ha perdido la casa de una tía en La Guaira. "Está destruida. Allí fue una locura".
La tragedia golpea además a Judith en un momento especialmente delicado. Hace apenas un mes falleció su padre. Su madre y una hermana viven en Ciudad Bolívar, donde el temblor también se dejó sentir, aunque con menos intensidad que en otras zonas.
Desde A Coruña, y a miles de kilómetros de distancia, sigue pendiente de cada llamada y de cada mensaje que llega desde Venezuela. "Lo peor es no saber", resume. Porque durante aquellos 40 minutos en los que no logró localizar a su hermano pequeño, la distancia entre Galicia y Caracas pareció mucho mayor que los más de 6.000 kilómetros que separan ambas orillas del Atlántico.