Dos de los agentes de la Policia Local de Culleredo en una intervención.

Dos de los agentes de la Policia Local de Culleredo en una intervención. Quincemil.

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Un día patrullando con la Policía Local de Culleredo (A Coruña): "Siempre hay algo"

Quincemil pasa una mañana con una patrulla del cuerpo. La cercanía al ciudadano los convierte en el primer filtro. Control de tráfico, estacionamientos indebidos, infracciones de tráfico, controles de vertidos ilegales, intervención en accidentes y apoyo a Guardia Civil forman parte de su día a día, que no puede tener una rutina establecida al estar sometidos al directo, a la inmediatez y a la necesidad de actuar en cuanto se les requiere

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Policía es, según la RAE: cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos. España tiene diferentes cuerpos de policía, pero el más cercano al ciudadano, el que mejor lo acaba conociendo y el que siempre está, viste de azul.

Es la Policía Local, dependiente de los ayuntamientos. Lejos de las grandes ciudades, de las grandes operaciones que acaparan titulares en los medios, pero para solucionar el problema que afecta a tu vecino del piso de enfrente.

Culleredo es uno de los grandes municipios del área metropolitana de A Coruña. Con más de 30.000 habitantes, mantener el orden requiere de un trabajo ejecutado con maestría por sus agentes. Están disponibles 24 horas, 365 días al año. Para ello se organizan los turnos y, cuando el número de efectivos es bajo, se desplazan directamente a patrullar con el teléfono desviado al móvil corporativo.

El día empieza regulando los accesos a los colegios e institutos

Es un día cualquiera. Pongamos un miércoles de mayo. A las 8:45 de la mañana, el entorno del CEIP Isaac Díaz Pardo en O Burgo ya está en marcha. La calle de acceso al colegio tiene prohibición de circulación entre las 8:30 horas y las 9:15 horas, y los agentes regulan el tráfico en uno de los momentos más delicados del día.

No hay coches en doble fila, pero sí prisas y mochilas conviven con una vigilancia constante para que todo fluya. "Esto es todos los días así", comenta uno de los agentes, Salva, nuestros ojos hoy, mientras observa la entrada. Álvaro, su compañero, regula el paso de peatones.

Las caras de sueño de los niños contrastan con su atención. Un conductor se equivoca y accede por una zona restringida. No hay tensión: señal, indicación y media vuelta. Autoridad sin conflicto, porque la Policía no está para generarlos, está para solucionarlos.

A las 9:00 suena la sirena. "A partir de aquí ya cambia todo", señalan. Los niños entran en clase, los adultos arrancan su jornada y el servicio continúa sin pausa. A las 9:02 avanza la patrulla. Como todo cuerpo de Policía, hay diferentes coches para servicios distintos. Lo habitual es un turismo que, aunque por fuera se asemeje al que podemos conducir cualquiera, por dentro tiene muchas particularidades, más allá de los controles específicos para las señales acústicas y lumínicas.

La parte trasera, de plástico y no de tapicería y separada por una mampara, recuerda su uso, mientras conos, emisora y equipamiento forman parte del día a día. "Los segundos marcan la diferencia", explican. En toda la mañana no han tenido que disponer de ese uso, el traslado de detenidos. No es su ocupación más habitual. El bolígrafo y la tablet son los elementos más empleados de su dotación.

También disponen de motocicletas, que permiten llegar rápido a los servicios, y de un vehículo furgón con todo tipo de servicios para intervenciones de atestados. Controles de alcohol, drogas y lo necesario para instruir las diligencias oportunas si es detectado un delito contra la seguridad vial que acabe en juzgado.

Uno de los agentes regula el tráfico en el entorno de O Burgo.

Uno de los agentes regula el tráfico en el entorno de O Burgo. Quincemil.

La ruta avanza por Acea de Ama, la avenida de Vilaboa y el entorno del aeropuerto. Un ojo en la carretera y otro en la emisora. "Donde uno menos se lo espera, puede haber un problema", comentan mientras conducen.

A las 9:21, nueva parada en el CEIP Tarrío. Aquí la escena cambia: autobuses escolares, tráfico y peatones deben convivir en un espacio limitado. La entrada es ordenada, aunque los agentes advierten: "Lo complicado viene después, cuando salen todos a la vez".

Una ocupación donde colaboran con Guardia Civil

A las 9:55, la rutina se rompe. Una ocupación activa moviliza a la patrulla en apoyo de la Guardia Civil. La intervención es breve pero esclarecedora. Identificación, control de la situación y explicación clara: "Se trabaja por indicios", explican. Aquí existen: aportan vídeos de que llevan varios días residiendo en ese lugar abandonado, donde se ha derribado el bloque que tapiaba la puerta. Pero no era el domicilio habitual de nadie, por tanto, no hay allanamiento de morada y no se puede desalojar. Ese escombro, para más inri, se ha depositado en contenedores de basura normales, lugar no destinado para ello. Ya habían acudido la noche anterior.

Es uno de los "trending topic" de la mañana, con más de diez llamadas e incluso personas que se han acercado a la base para informarles de lo sucedido. El asunto es competencia de sus compañeros del instituto armado, que deberá instruir diligencias y remitirlas al juzgado. Ahí ya es la justicia quien determine los siguientes pasos, conforme a ley.

Controlar la parada de taxis de Alvedro y un ojo en el tráfico

El servicio continúa. En la avenida de Vilaboa, un vehículo mal estacionado obliga a un autobús a detenerse fuera de su parada. Los propios agentes son testigos, han tenido que detenerse para que el autobús haga la parada.

El conductor es localizado. No fue muy difícil, estaba al lado. "Es un minuto" y "es un recado" es la respuesta más habitual. Esta persona recibe la explicación de las consecuencias de su acción. Por si acaso, se comprueba la documentación del vehículo de la persona infractora. Todo en orden.

En el aeropuerto, los agentes revisan la parada de taxis. "Aquí hay que regular bien para que no haya problemas", explican. El sistema combina licencias de Culleredo y A Coruña, además de una bolsa adicional que se activa cuando la parada queda vacía. Tras entrevistarse con el primer taxista en cola, constatan que todo ha ido bien. Los inconvenientes de los primeros días derivado del aumento de la actividad en Alvedro por el cierre de Lavacolla han derivado en una situación de paz. Al menos en la teoría.

Alto por un giro prohibido

Poco después, los propios policías son testigos de un giro prohibido. Luces de advertencia, señal de parada y comprobación de documentación. Intervención rápida, sin tensión y con un conductor que reconoce el error. No pone ningún problema, la parada es casi automática. Sabe que no se puede hacer. Lo que no reconoce es las veces que lo ha hecho antes. Estas acciones, tan incrustadas en la rutina, solo se acaban cuando se va al bolsillo. El criterio no es multar por multar, no es un afán recaudatorio. Ese giro está prohibido por su peligrosidad, por el riesgo de colisión.

Lo no previsible

A las 10:43 horas llega una escena inesperada en un polígono, tras estar en plena patrulla. Lo que tiene esta profesión, que la rutina no existe. Una persona mayor ha tenido una necesidad fisiológica en la vía pública, resguardándose de la vista de curiosos con su propio vehículo. La actuación es directa: orden de recoger y limpiar. "Si no denunciamos, deje todo limpio", le indican. Previamente le han identificado. No le consta nada.

Los vertidos ilegales, otro gran foco de trabajo

El día a día también es esto. La patrulla continúa hacia otro de los frentes habituales: los vertidos ilegales. En las inmediaciones del punto limpio, se revisan zonas ya controladas y se detectan nuevos residuos, que se documentan para su retirada.

"Muchas veces son empresas, no particulares", explican mientras buscan indicios. Mientras tanto, la emisora no deja de sonar. "Siempre hay algo", comenta uno de los agentes.

Uno de los agentes supervisa uno de los vertidos ilegales detectados.

Uno de los agentes supervisa uno de los vertidos ilegales detectados. Quincemil.

Acuden al punto limpio y se entrevistan con su trabajador. Ahí se ponen al día, y reciben nuevos indicios. Justo al finalizar, la ruta sigue por los principales focos de residuos. Acuden a comprobar cómo uno de ellos ha sido limpiado, tal y como se comprometió su responsable. Localizarlo no es fácil, es casi como completar un puzle. La técnica no se cuenta, para que no se perfeccione, pero permite dar con los responsables, que no siempre son del mismo término municipal, e incluso, no siempre son autores los propietarios de esos datos que permiten dar con el verdadero causante.

Pendiente una inspección a un local por ruidos

Unos días antes, en el turno de noche, los agentes recibieron un aviso por exceso de ruido de un local nocturno. Su licencia es la de café bar, por lo que tiene ciertos condicionantes. No puede haber altavoces, la música solo debe ser ambiental. Durante la mañana, se personan hasta tres veces en él. Está cerrado, por lo que no pueden acceder a inspeccionarlo. Acudirán en otro momento.

La corrección de estacionamientos

Aparcar es parte del examen del carnet de conducir, pero sus particularidades muchas veces van quedando en el camino conforme avanza la experiencia. Por ello, el estacionamiento en zonas de carga y descarga, en pasos de peatones o en aceras son circunstancias con las que conviven en el día a día. A través de las bases de datos, consultan si está todo en orden: ITV, seguro, etc. Si no lo está, es una infracción más. Por desgracia, más cotidiana de lo que se debería. Casi como comer con pan.

Uno de los agentes cubriendo un boletín de denuncia.

Uno de los agentes cubriendo un boletín de denuncia. Quincemil.

Trabajo en base

La mañana no solo transcurre entre incidentes. Los policías también tienen una parte de trabajo administrativa, silenciosa para el ciudadano pero que consume una parte de su jornada laboral.

"Hay mucho trabajo que no se ve", explican. Acuden a reportar las novedades a su superior, el jefe de la Policía Local, Fernando Vázquez. Situación de vertidos, el control de ruidos y otras incidencias que harán constar en sus informes.

Además, deben entregar varias citaciones y documentos. Es parte de su tarea, de esa parte que el ciudadano muchas veces no conoce. Entre las gestiones, el desprecinto de un vehículo. Tras recibir la notificación del juzgado, deben levantar el acta de la acción y entregársela a su propietario, para que pueda disponer de él. El vehículo ni siquiera está físicamente en Culleredo, pero el trámite no puede obviarse. La legalidad debe imperar por encima de todo. Dado que reside a escasos metros de la base, es decir, de la Comisaría, acudirá el mismo de tarde. Una gestión menos.

Incidencias con accidentes

La mañana aún deja un último servicio, antes de acudir a la salida de los colegios. A las 12:50, un posible accidente de tráfico que no es tal. Un coche estacionado presenta daños y se analizan restos para determinar el origen. Finalmente, se descarta al vehículo cercano como causante, tal y como sostenía su propiedad. Se emitirá informe. La conclusión no ha sido baladí: fue necesario medir, analizar y ponderar los restos en los dos vehículos. Una tarea ardua y poco agradecida de un lado, y mucho del otro. Debería serlo de los dos, pero somos humanos

Mientras ejecutan su trabajo, aparece con barra de pan bajo el brazo el propietario del vehículo presuntamente autor de ese rascazo. Sostiene que su coche no fue. Los datos y las mediciones, metro en mano, le dan la razón. Para acabar de confirmarlo, incluso se ejecuta una recreación donde se deja los vehículos a la misma altura que presuntamente pudo causar ese incidente. El puzzle en esta ocasión no encaja. Otro ha sido el culpable. En el informe oficial constarán todos los detalles

De nuevo a los colegios

La jornada se encamina hacia su final con el tráfico de salida de los colegios. Coordinación, vigilancia y respuesta constante. No hay grandes persecuciones ni escenas espectaculares. "Esto no es como en la tele", resume uno de los agentes. Hay servicio continuo, decisiones constantes y problemas que se resuelven antes de que escalen. Porque la mayor parte del trabajo policial no se ve hasta que hace falta. Y cuando hace falta, está ahí.

Uno de los agentes regula el tráfico en el entorno de Tarrío.

Uno de los agentes regula el tráfico en el entorno de Tarrío. Quincemil.

La clave de la comunicación

Los policías no están en la calle a ciegas. Central se comunica constantemente con ellos. Les transmite los avisos que van recibiendo, y entre patrullas también se informan. El medio natural es la radio. Probablemente, este sea el elemento más utilizado. A través de ella se informan de quien acude a cada servicio, se reportan novedades o se solicitan apoyos si son necesarios. Esta mañana no lo han sido.

Digitalización

La Policía hoy en día está digitalizada. Atrás quedaron esas necesidades infinitas de papel. Todo está en bases de datos, y todo se puede ejecutar con aplicaciones. De hecho, una multa se realiza con la aplicación correspondiente y se imprime con una impresora que uno de los agentes porta en su pantalón, a la altura de la rodilla.

Durante toda la mañana, la normalidad ha imperado. Es lo habitual en un día a día. Habrá excepciones, que serán las que protagonicen las noticias de los siguientes días, como las que publica Quincemil.

No obstante, los agentes van perfectamente protegidos y preparados para los servicios que sean necesarios. Su arma de fuego reglamentaria, sus defensas, sus grilletes y sus llaves, sus guantes anticorte, sus elementos de protección balística, sus equipos de comunicaciones. Todo ello forma parte de su dotación, es decir, sus elementos de trabajo.

Por su espectacularidad, muchos atraen místicamente miradas o curiosidades, pero para ellos son sus herramientas. Más complejas que un bolígrafo, pero su extensión para que Culleredo siga siendo seguro, al menos un día más. Ninguno de ellos, salvo los equipos de comunicaciones, han sido necesarios. Esa es la mejor noticia.