La Policía localizó al dueño del boleto de 4,7 M que 'robó' Manuel porque jugaba con un mismo patrón en sus viajes del Imserso
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La Policía localizó al dueño del boleto de 4,7 M que 'robó' Manuel porque jugaba con un mismo patrón en sus viajes del Imserso
Las claves de una investigación sin huellas ni ADN que obligó a los agentes a seguir durante años un patrón de juego repetido por toda España hasta identificar a un único jugador, ya fallecido, como el posible ganador
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Desde hace catorce años, un boleto premiado con más de 4,7 millones de euros duerme en una caja fuerte de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado en Madrid. Nadie ha logrado cobrarlo.
Más de un centenar de personas acudieron a las autoridades asegurando que ese boleto era suyo. Algunos incluso denunciaron. No fue tarea fácil para la policía dar con la persona correcta. Tras una impecable investigación, encontraron al agraciado. El problema era que, para entonces, ya había muerto.
Ahora, más de una década después, la historia llega a juicio. Será un juez quien confirme si, efectivamente, el premio corresponde a la viuda del supuesto ganador. Junto con su abogado, deberá demostrar que ese boleto le fue arrebatado a su difunto marido por el lotero Manuel Reija, con la ayuda de su hermano Miguel.
Ellos, por su parte, siempre han mantenido su versión de que el boleto se lo encontraron, pero ahora deberán demostrarlo ante el magistrado. Ambos se sentarán en el banquillo de la Audiencia Provincial de A Coruña a partir del próximo lunes 13 de abril, en un juicio que durará seis días.
Un premio en disputa
Los acusados siempre han defendido la misma versión: el boleto se lo "encontraron" en el mostrador de su administración. Si el tribunal les da la razón, uno de ellos podría quedarse con los 4,7 millones de euros, más intereses.
Pero si la Justicia concluye que el boleto fue sustraído, el dinero correspondería a la viuda. Incluso existe una tercera posibilidad: que el premio acabe en manos del Estado.
Mientras tanto, tanto la policía como la Fiscalía sostienen que fue el fallecido quien selló el boleto y acusan al lotero de haberlo engañado haciéndole creer que no le había tocado nada.
Una investigación sin pruebas directas
El caso comenzó en el verano de 2012. El sorteo de la Primitiva se celebró el 30 de junio y el ganador acudió a comprobar sus resguardos el 2 de julio. Sin embargo, no fue hasta septiembre cuando la SELAE comunicó la existencia del boleto premiado a la Policía Nacional.
Para entonces, los acusados habían intentado cobrar el premio en contadas ocasiones alegando que lo habían encontrado.
Las primeras pesquisas no dieron resultado. La Policía Científica localizó once huellas en el boleto, pero ninguna permitió identificar a su dueño. Tampoco fue posible analizar ADN útil ni recurrir a las cámaras de seguridad del establecimiento donde se selló. Había pasado demasiado tiempo.
Administración de lotería de San Agustín
Además, la legislación española limita el uso de bases de datos de huellas a personas condenadas, lo que cerró otra vía de investigación.
Seguir el rastro de los números
Sin pruebas físicas concluyentes, los investigadores cambiaron de estrategia. En lugar de buscar al dueño, decidieron buscar su forma de jugar.
Cada boleto de lotería queda registrado con un número de identificación único que permite saber cuándo y dónde fue validado. El premiado se había vendido en un Carrefour, pero lo relevante era su combinación: 10, 17, 24, 37, 40 y 43.
La policía rastreó años de registros para comprobar si ese patrón se repetía. Y lo hacía. No solo en A Coruña, sino también en otras ciudades y en fechas muy concretas.
Un patrón que lleva a un nombre
Ese patrón coincidía con los viajes de una misma persona: un hombre que participaba en programas del Imserso y que había estado en destinos como Corralejo, Palmanova, Caldas de Reis o Torremolinos. En todos esos lugares, y en las mismas fechas, alguien había sellado boletos con la misma combinación de números.
Los investigadores cruzaron datos de más de 300 reclamantes, revisaron movimientos, viajes y hábitos de juego. Y así llegaron a un nombre que encajaba en todas las piezas del puzle. Pero cuando lograron identificarlo, ya era tarde: el hombre había fallecido.
El juicio clave
Toda esa reconstrucción será ahora clave en el juicio que arranca en A Coruña. La Fiscalía sostiene que el fallecido fue quien compró el boleto y que el lotero lo engañó haciéndole creer que no le había tocado nada.
La defensa, en cambio, mantiene que el resguardo apareció abandonado. Catorce años después, el caso sigue abierto. Y los 4,7 millones de euros continúan sin dueño oficial.
Será el tribunal quien determine, por fin, a quién pertenece uno de los premios más insólitos de la historia reciente de la lotería en España.