Faouzi Kekjaa, presidente de la Federación de Marruecos, junto a Gianni Infantino, presidente de la FIFA.
Mundial 2030: la final también se juega en los despachos
La Federación debe recuperar la influencia internacional, reconstruir la credibilidad y desarrollar una estrategia clara ante la FIFA.
Hay mensajes que duran unas horas y otros que obligan a mirar un poco más allá. El publicado por Romain Molina sobre el Mundial de 2030 pertenece claramente a la segunda categoría.
El periodista francés sostiene que Marruecos lleva tiempo siendo el favorito en los pasillos de la FIFA para albergar la final y la relaciona con las divisiones internas que han marcado al fútbol español en los últimos años: la salida de Rubiales, la crisis institucional de la Federación, el proceso electoral y las luchas internas por el poder.
Es su valoración y debe ser tratada como tal. Pero plantea una pregunta mucho más importante: ¿qué peso tiene realmente España hoy dentro de la FIFA?
Durante demasiado tiempo hemos dado por hecho que España debía liderar la candidatura de 2030. Por historia, infraestructuras, clubes, competición, capacidad organizativa y peso económico.
Sin embargo, en el deporte internacional no existen derechos adquiridos. El prestigio ayuda, pero la influencia decide.
Le Maroc a toujours été le favori en coulisses pour organiser la finale de la Coupe du Monde 2030 car l'Espagne a eu beaucoup de divisions internes (ne serait-ce que pour présenter sa liste de stades puisque cela coïncidait avec le départ de Rubiales et un processus électoral à…
— Romain Molina (@Romain_Molina) September 11, 2026
Y mientras España ha consumido buena parte de sus energías en crisis internas, procedimientos judiciales, elecciones y enfrentamientos institucionales, Marruecos ha desplegado una estrategia mucho más clara: inversión, presencia internacional, relaciones institucionales y ambición política.
Eso también forma parte de la organización de un Mundial, porque una Copa del Mundo no se decide únicamente comparando estadios, aeropuertos o plazas hoteleras. También se decide en despachos, en equilibrios internos, en alianzas y en la capacidad de influencia.
Molina introduce, además, un elemento especialmente delicado.
Menciona expresamente al responsable jurídico de la FIFA, Emilio García Silvero, y formula afirmaciones muy duras sobre determinados españoles que trabajan en el área jurídica de la organización.
"Una Copa del Mundo no se decide únicamente comparando estadios, aeropuertos o plazas hoteleras. También se decide en despachos, en equilibrios internos, en alianzas y en la capacidad de influencia"
Aquí conviene ser rigurosos: una cosa son las acusaciones, opiniones o valoraciones de un periodista, cuya responsabilidad corresponde a quien las realiza. Y otra distinta es constatar que nombres españoles situados en posiciones relevantes dentro de la FIFA aparecen cada vez con mayor frecuencia en controversias públicas.
Eso no es irrelevante ni desde el punto de vista jurídico, ni desde el reputacional, ni desde el institucional.
España debería preguntarse no solo cuántos españoles trabajan en la FIFA, sino también cuál es realmente nuestra capacidad de influencia en la toma de decisiones. Porque no es lo mismo estar que pesar.
Marruecos, por su parte, no oculta su objetivo.
El nuevo estadio Hassan II de Casablanca, proyectado para superar los 110.000 espectadores, es mucho más que una gran infraestructura: es una declaración de intenciones.
España probablemente tendrá en 2030 algunos de los mejores estadios del mundo, pero los estadios no deciden por sí solos dónde se juega una final. Las instituciones sí pueden hacerlo.
Por eso, el debate no debería reducirse a Madrid ni a Casablanca. La verdadera competición empezó hace tiempo y se está jugando en otro terreno.
La nueva dirección de la RFEF tiene aquí una de sus principales responsabilidades: recuperar la influencia internacional, reconstruir la credibilidad institucional y desarrollar una estrategia clara ante la FIFA.
No bastan las fotografías ni los viajes institucionales si detrás no existe una política definida. Hace falta presencia, relaciones, estrategia y, sobre todo, saber qué se quiere defender y cómo se pretende conseguirlo.
Quedan cuatro años para el Mundial y puede parecer mucho tiempo. En los despachos de la FIFA probablemente no lo sea.
Cuando llegue el momento de decidir dónde se juega la final, quizá descubramos que la decisión empezó a tomarse mucho antes.
Y que el partido más importante del Mundial de 2030 nunca se jugó sobre el césped.
*** Miguel García Caba es profesor de Derecho Administrativo y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.