Soldados españoles de maniobras en Letonia.

Soldados españoles de maniobras en Letonia. EFE

Tribunas

Marruecos está midiendo mal y nos puede llevar a la guerra

Hace dos meses la probabilidad de una guerra con Marruecos era remota. Hoy "sólo" es baja.

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El pasado 30 de julio, desde Ceuta se observaba en el horizonte una escuadra de la Marina Real de Marruecos que (como quien no quiere la cosa) estuvo presente frente al mar territorial español.

En el debate público prevalece la noción de que un conflicto bélico con Marruecos es una hipótesis remota o imposible, bajo la premisa de que ningún actor obtendría un beneficio racional de ello.

Sin embargo, desde la perspectiva de los estudios estratégicos y el análisis de seguridad, esta consideración resulta peligrosamente simplista.

Las crisis bélicas no suelen comenzar porque los Estados planifiquen de forma deliberada guerras largas y de gran intensidad. La historia demuestra que se desencadenan a partir de operaciones quirúrgicas, tácticas de hechos consumados o presiones en la zona gris que fallan en sus previsiones iniciales.

Cuando la Junta Militar argentina ordenó la ocupación de las islas Malvinas en 1982, no pretendía entablar un conflicto total contra el Reino Unido. Pero asumió erróneamente que Londres, percibido como políticamente indeciso, aceptaría la pérdida del territorio sin movilizar su flota.

Del mismo modo, en la guerra de Kargil de 1999, Pakistán asumió que una infiltración militar bajo el umbral convencional no provocaría una respuesta armada a gran escala por parte de una India mucho más poderosa.

Desfile de la Legión.

Desfile de la Legión. Foto de archivo

El concepto clave aquí es el del "error de cálculo". Todo proceso de escalada comienza con una maniobra arriesgada amparada en la sorpresa, la velocidad y la supuesta falta de voluntad de respuesta del rival. En ese punto, la dinámica de la disuasión se quiebra y desemboca (de forma imprevista para el atacante) en un escenario de conflicto no deseado por ninguna de las partes.

En este contexto debe interpretarse el ataque híbrido contra Ceuta. No se trató de una mera exhibición, sino del empleo de un medio militar convencional como vector de presión dentro de una campaña híbrida.

Este movimiento se alinea con un esfuerzo coordinado de operaciones de información y presión política a nivel internacional y doméstico, articulado para presentar el estatus de Ceuta y Melilla como un expediente abierto que España debe resolver en favor de Rabat.

Para ello, Marruecos ha promovido artículos de parte en La Razón, Le360, Atalayar y Foreign Policy entre otros. Ante la alternativa de someter la soberanía y los derechos de más de 160.000 ciudadanos españoles a un régimen autocrático, la respuesta de cualquier nación soberana sólo puede ser la de responder con firmeza y, dependiendo de la situación, mediante la fuerza.

Lo preocupante es que Marruecos está asumiendo riesgos de forma desbocada últimamente:

1. Arriesga la quiebra del respaldo español en la cuestión del Sáhara Occidental.

2. Arriesga sanciones económicas y el deterioro de la relación con su principal socio comercial e inversor, así como con el conjunto de la Unión Europea.

3. Arriesga la estabilidad de proyectos internacionales de alto impacto, como la coorganización del Mundial de Fútbol 2030 a sólo cuatro años del mismo.

4. Arriesga un aislamiento estratégico ante una eventual convergencia de intereses entre Madrid y Argel.

¿Por qué Rabat asume estos riesgos?

La explicación no radica en un exabrupto diplomático ni en una simple petición de fondos. Las élites del majzén se perciben respaldadas por Estados Unidos, consideran que su proceso de modernización militar les otorga equilibrio militar local y, sobre todo, subestiman la capacidad de decisión y respuesta de España.

Cuesta abajo y sin frenos hacia un error de cálculo de Marruecos en la próxima acción híbrida.

Las métricas objetivas reflejan una ventaja abrumadora a favor de España. El Producto Interior Bruto español decuplica al marroquí y España es el principal socio comercial de Rabat.

En el ámbito militar, Madrid mantiene un presupuesto de Defensa sensiblemente superior distribuido sobre una fuerza profesional de aproximadamente 120.000 efectivos.

Por su parte, Marruecos afronta una servidumbre estratégica crítica: la necesidad de fortificar y sostener el Muro del Sáhara (una línea defensiva continua de 2.400 kilómetros con campos de minas, artillería y posiciones fijas), lo que exige el despliegue permanente de más de 100.000 efectivos sobre el Sáhara Occidental.

A pesar de esta clara inferioridad macroeconómica y militar marroquí, Rabat demuestra una audacia desproporcionada.

En los estudios de política internacional está ampliamente documentado el sesgo de percepción de las autocracias respecto a las democracias: las élites autoritarias tienden a confundir la deliberación política, el debate interno y las estrategias de apaciguamiento con debilidad y parálisis decisional.

Cuando este sesgo cognitivo se ve alimentado por concesiones estratégicas continuadas o respuestas pasivas prolongadas, el riesgo de que la autocracia sobreestime sus posibilidades aumenta exponencialmente.

Efectivos de las Fuerzas Armadas durante un ejercicio.

Efectivos de las Fuerzas Armadas durante un ejercicio. Ministerio de Defensa

Rabat percibe una ventana de oportunidad política marcada por la polarización interna y el desgaste institucional en España. El objetivo estratégico marroquí no es una invasión convencional inmediata, sino violentar España para que aceptemos esquemas de cosoberanía o modelos de cesión progresiva.

Sin embargo, al ser Ceuta y Melilla partes integrantes del territorio nacional, cualquier intento de forzar la situación mediante coerción híbrida (como la instrumentalización de flujos migratorios masivos, maniobras navales en aguas territoriales o provocaciones fronterizas) puede activar un mecanismo de respuesta militar no previsto por Marruecos.

Un tiroteo en la frontera, una escalada no controlada en la zona gris o un incidente colateral (como un atentado yihadista o el asesinato de un puñado de migrantes marroquíes o de ciudadanos españoles) podrían desencadenar una respuesta militar.

Una vez cruzado el Rubicón del derramamiento de sangre, la inercia propia de las instituciones estatales y del dilema de seguridad conduce inexorablemente a una dinámica de conflicto bélico.

¿Un ejemplo más concreto? Supongamos que (como ha insinuado el ministro de Justicia marroquí) Marruecos elimina los acuerdos de extradición con España. Se produce un asalto migratorio y 20.000 marroquíes acceden a Ceuta mientras Rabat se niega a devolverlos.

A continuación, la Marina Real hace despliegues agresivos frente a Ceuta y Marruecos traslada una brigada aerotransportada a las afueras de Ceuta.

Poco a poco los satélites españoles observan el redespliegue de fuerzas acorazadas del Sáhara a Ceuta. Poco a poco, a ojos de todo el mundo.

La crisis se larva y se alarga, Marruecos declara que sus Fuerzas Armadas entrarán en Ceuta para proteger a sus ciudadanos si estos son atacados. A la vez, sus ciudadanos crean inseguridad, saturan el puerto o las entradas a los cuarteles.

Semana a semana siguen trasladándose más fuerzas militares. Marruecos le ofrece a España una retrocesión de Ceuta para el año 2050 a cambio de poner fin al ataque híbrido.

En cualquier momento de este ejemplo realista, un tiroteo o un derramamiento de sangre podría provocar una espiral bélica.

La probabilidad de una guerra convencional directa sigue siendo baja. Sin embargo, la probabilidad de un temerario ataque híbrido mal calculado por Rabat que derive en una escalada bélica es significativamente alta.

El mayor peligro no es la fortaleza de Marruecos, sino la posibilidad de que sus élites cometan el error estratégico de creer seriamente que España no responderá y que dejaremos tirados a 160.000 compatriotas. El peligro es la creencia de que existe una ventana de oportunidad que no se repetirá en muchos años y que (de ser aprovechada ahora) permitirá a Marruecos romper el frente español y hará que Madrid acepte una propuesta de cosoberanía.

España no puede permitirse una Crisis del 98 infligida por una dictadura del Tercer Mundo que pretende subyugar a 160.000 compatriotas a la vez que cuestiona la soberanía española sobre las islas Canarias.

Antes que ceder a un chantaje de este calibre tendremos un choque político y económico con Rabat. Choque que, si las cosas se dan mal, podría extenderse a lo militar.

Hace dos meses la probabilidad de una guerra era remota. Hoy "sólo" es baja.

Todo está alineado para que en el siguiente ataque híbrido, Rabat cometa un error de cálculo.

*** Yago Rodríguez es analista militar y geopolítico, y director de The Political Room.