Algunos jugadores de la Selección de fútbol de Francia, durante el partido contra Senegal en la eliminatoria del Mundial 2026.

Algunos jugadores de la Selección de fútbol de Francia, durante el partido contra Senegal en la eliminatoria del Mundial 2026. Reuters Reuters

Tribunas

¿Una Selección francesa sin franceses?

Lo que cree no ver Mariano Rajoy en el equipo francés no son nacionalidades. Son colores de piel. Es decir, que, para él, un negro no puede ser francés.

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Conozco a Mariano Rajoy. Me senté frente a él, como europeo, como jefe de Gobierno.

Por eso, sus palabras no sólo me indignan: me duelen. No le creía capaz de ello.

Sobre la selección de Francia, Mariano Rajoy ha escrito: "Tiene un altísimo nivel, eso sí, sin franceses".

No es una ocurrencia, es una confesión. Porque lo que cree no ver en ese equipo no son nacionalidades. Son colores de piel.

Es decir, que, para él, un negro no puede ser francés.

Eso se llama, simplemente, racismo. Y qué desconocimiento de nuestra historia, a veces atormentada pero rica por su diversidad y ligada a un antiguo imperio colonial en cinco continentes.

Lamine Yamal y Nico Williams, en un entrenamiento de la Selección.

Lamine Yamal y Nico Williams, en un entrenamiento de la Selección. EFE

Puedo decírselo mejor que nadie. Nací en Barcelona, de padres españoles, y me naturalicé francés a los veinte años. No tengo una gota de sangre francesa, pero Francia corre por mis venas ("Je n’ai pas une goutte de sang français, mais la France coule dans mes veines").

Esas palabras no son mías. Son de Romain Gary, judío nacido en Vilna (Lituania), gran escritor, diplomático, combatiente de la Francia Libre junto al general De Gaulle, y un niño al que Niza hizo suyo. Pero podrían ser las mías.

Porque no siempre se nace francés: se llega a serlo. Por la lengua, por la ley común, por la bandera, por una cultura y una historia, por un compromiso que se cumple cada día.

Que mire, pues, más de cerca ese equipo que dice "sin franceses".

De los veintiséis jugadores convocados por Didier Deschamps, sólo tres nacieron fuera de nuestras fronteras.

Marcus Thuram nació en Parma, porque su padre jugaba allí entonces. Ese padre es Lilian Thuram, campeón del mundo en 1998, uno de los más grandes defensas de la historia del fútbol, y un hombre que vistió después la camiseta del FC Barcelona.

Aquel al que Mariano Rajoy toma por extranjero es, pues, el hijo de un jugador al que Cataluña aplaudió y adoptó.

Michael Olise, nacido en Londres, es hijo de madre francesa.

Brice Samba, hijo de congoleños, llegó de niño y creció entre nosotros, como tantos otros antes que él, deportistas, escritores, políticos o trabajadores.

"Una nación que no pregunta de dónde vienes, sino qué estás dispuesto a compartir. Eso es Francia"

Tres nacimientos lejanos, tres historias, y cada una es ya una historia francesa.

Pero lo más perturbador está en otra parte.

Que Mariano Rajoy mire su propia selección. Lamine Yamal, ese prodigio del que toda España se siente tan orgullosa, es hijo de padre marroquí y de madre de Guinea Ecuatorial.

Nico Williams, nacido en Pamplona, es hijo de inmigrantes ghaneses que cruzaron el desierto para llegar a Europa.

Es más, en su defensa juega Aymeric Laporte, nacido en Agen, capitán de la selección francesa sub-21 antes de elegir a La Roja.

En la selección que defiende Mariano Rajoy hay, literalmente, un francés. Siguiendo su razonamiento, tampoco habría españoles. Creyendo insultar a los Bleus, es a los suyos a quienes primero insulta.

El 14 de julio estaré en Niza. Se cumplirán diez años, día por día, desde que un camión lanzado a toda velocidad segó ochenta y seis vidas en el Paseo de los Ingleses.

Era una noche de fiesta nacional. La multitud, popular y alegre, había acudido a ver cómo se iluminaba el cielo. Familias de todos los orígenes, de todos los colores, de todas las creencias, reunidas porque les unía Francia.

Quienes cayeron aquella noche eran, en su mayoría, franceses. Como los jugadores que pisarán el césped el martes. Ni más, ni menos.

Eso es lo que Mariano Rajoy debería meditar antes de escribir que una selección francesa podría ser un equipo "sin franceses".

Francia no es un color de piel ni un apellido. Es lo que aquellas víctimas encarnaban hasta en la muerte, y lo que esos once jugadores llevarán en su camiseta.

Una nación que no pregunta de dónde vienes, sino qué estás dispuesto a compartir. Eso es Francia. Y nada ni nadie la hará renunciar a lo que es.

*** Manuel Valls es exprimer ministro de Francia.