Estrecho de Ormuz.

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¿Qué puede ocurrir si se cierra Ormuz?

¿Qué herramientas tiene Teherán para cerrar el estrecho, qué efectos tendría en la economía internacional y cómo podría Estados Unidos evitar el bloqueo?

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Desde que comenzó la guerra con Irán, los precios del gas y del petróleo no han dejado de subir.

Sin embargo, parece que el precio de la energía podría subir aún más, planteándose escenarios en los que el barril de crudo excedería incluso los 150 $, lo que supondría que el diésel y la gasolina se dispararan hasta los 2,4/2,5 € por litro.

En ese escenario, la inflación subiría en dos puntos y la cesta de la compra escalaría hasta un 8%.

Aunque pueda parecer un escenario irreal, en realidad no estamos tan lejos. Sobre todo si, como parece, Irán trata de cerrar el estrecho de Ormuz.

¿Qué herramientas tiene Teherán para cerrar el estrecho, qué efectos tendría en la economía internacional y cómo podría Estados Unidos evitar el bloqueo?

Es prácticamente imposible que el estrecho de Ormuz se cierre, al menos de forma permanente. Ormuz es un cuello de botella por el que circula el 20% del crudo que consume el mundo.

Un buque cisterna de gas licuado de petróleo (GLP) anclado en el estrecho de Ormuz.

Un buque cisterna de gas licuado de petróleo (GLP) anclado en el estrecho de Ormuz. Reuters

Sin embargo, su cierre nunca sería definitivo. Irán tiene capacidad para bloquearlo, pero no de forma permanente.

En el escenario más probable, el estrecho podría permanecer bloqueado unas dos semanas, tiempo suficiente para que Estados Unidos reabriera el estrecho.

Irán, de hecho, no necesita bloquear de verdad el estrecho de Ormuz. Sólo tiene que generar la sensación de que los superpetroleros pueden hundirse en él.

"Estados Unidos podría abrir el estrecho con barcos cazaminas, escoltando a los barcos y golpeando de forma quirúrgica las lanzaderas y las lanchas rápidas, y derribando los drones en origen"

Para ello, puede usar minas flotantes y submarinas; mostrar la capacidad de los misiles antibuque que tienen en Noor, Qader y Khalij Fars; exhibir las lanchas rápidas de asalto; y, sobre todo, hacer volar sus terribles Sahed por el cielo del estrecho.

Si bien es cierto que el escenario es apocalíptico y que, para que los barcos se detengan, no es necesario que Irán lleve a cabo el plan, realmente sólo tiene que hacer creer que puede consumarlo.

Si finalmente lo llevara a cabo, Estados Unidos podría abrir el estrecho con barcos cazaminas, escoltando a los barcos y golpeando de forma quirúrgica las lanzaderas y las lanchas rápidas, y derribando los drones en origen.

En todo caso, sólo el temor a que los barcos terminen en el fondo del golfo Pérsico puede provocar pánico en las empresas petroleras y logísticas.

Si este escenario se hiciera realidad, la pregunta que cabría hacerse es qué Estados se verían más afectados. La respuesta no es sencilla. Países como Estados Unidos e Israel no dependen directamente del crudo o del gas del Golfo.

Sin embargo, el alza generalizada de los precios haría que los efectos fueran globales.

En todo caso, las economías más expuestas a la inestabilidad del golfo Pérsico son las asiáticas, especialmente China, Japón y Corea del Sur.

En el caso de China, el petróleo iraní representa en torno al 13-14% de sus importaciones totales de crudo, aunque Pekín absorbe alrededor del 80-90% de toda la producción exportada por Irán.

Por ello, China está desarrollando rutas terrestres alternativas que eviten los estrechos de Ormuz y de Malacca.

No obstante, los acontecimientos en Ormuz no sólo afectarían a los países asiáticos. Algunos países europeos, como Italia, Grecia, Alemania y los Países Bajos, se verían seriamente afectados.

En el caso de Italia y Grecia, el problema es que su balanza energética está poco diversificada y esencialmente compuesta por energía procedente de Irak, Kuwait, Arabia Saudí y Qatar.

Alemania no tiene una concentración tan elevada como la de sus vecinos del sur, pero su economía no ha hecho la transición verde y sigue dependiendo de los combustibles fósiles, lo que la convierte en vulnerable a la subida general de los precios del petróleo.

Los Países Bajos presentan un caso distinto. No tienen la dependencia energética de Italia, Grecia o Alemania. Sin embargo, el puerto de Róterdam tiene un peso económico muy relevante para el país, por lo que un escenario de bloqueo afectaría seriamente a su economía.

El caso de España es particular, ya que, si bien no depende del crudo de la zona, importa gran cantidad de gas procedente de Qatar, concretamente del yacimiento compartido con Irán, cuyas instalaciones iraníes (South Pars) bombardeó recientemente Israel.

Las posibilidades de un cierre permanente son reducidas. No obstante, un escenario de miedo generalizado podría provocar semanas en las que los barcos no surquen las aguas de Ormuz.

Incluso en el peor caso, el de cierre real, Estados Unidos podría abrir el estrecho, aunque para ello tuviera que emplearse a fondo.

El problema es que, durante las semanas en que el estrecho permaneciera cerrado, las consecuencias económicas serían terribles para la economía global, no sólo para los Estados que dependen energéticamente de la región.

Por tanto, salvo que Irán esté acorralado y su supervivencia esté seriamente amenazada, cerrar Ormuz no interesa a ninguna de las partes en el conflicto.

*** Alberto Priego es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas.