Un retrato del opositor ruso asesinado Alexei Navalny.

Un retrato del opositor ruso asesinado Alexei Navalny. Europa Press

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Navalny ya es oficialmente un mártir de la libertad

Navalny era un líder muy peligroso para Putin: era lo suficientemente liberal como para ser aceptado por Occidente, y lo suficientemente nacionalista como para ser del agrado de los rusos.

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Hace dos días, el entorno de Alexei Navalny denunció que la autopsia del líder ruso había sido manipulada.

Las 289 páginas de la autopsia que publicó el Kremlin no fueron suficientes para blanquear una mentira, ya que Navalny murió como consecuencia de las palizas y del maltrato que recibió en la Colonia Penal IK-3 Lobo Polar.

Su viuda, Yulia Navalnaya, había denunciado que el cuerpo había sido retenido durante siete días y expuesto a agentes químicos.

Hace pocas semanas, en la Conferencia de Múnich, en el mismo lugar donde Putin se quitó la careta en 2007, los gobiernos del Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y Países Bajos hicieron pública una declaración en la que afirmaban que Navalny fue asesinado con epibatidina.

Llama la atención que un régimen como el ruso, que no tiene problemas en asesinar a diario a personas indefensas y en secuestrar a decenas de miles de niños ucranianos, haya tratado de ocultar el verdadero motivo de la muerte de Navalny.

La respuesta es muy sencilla: quieren evitar que Navalny se convierta en un mártir de la libertad.

Imágenes de la autopsia de Navalny.

Imágenes de la autopsia de Navalny.

¿Cuáles fueron los postulados defendidos por Navalny para que Putin le tenga tanto miedo, incluso después de su muerte? Estos son los principales aspectos del pensamiento político de Alexei Navalny:

1. Lucha contra la corrupción: Uno de los principales frentes de batalla de Navalny era la lucha contra lo que él calificaba como "cleptocracia".

Navalny consideraba que Rusia estaba lastrada por una suerte de corrupción estructural y, para denunciarla, creó la Fundación Anticorrupción (FBK).

Una de las acciones más impactantes de su lucha contra la corrupción fue la publicación del documental El palacio de Putin, donde se denunciaba la construcción de una mansión en la Crimea ocupada, valorada en 115 millones de dólares, que contaría con un hospital privado, una cámara de crionización o una habitación personal de 240 m².

Según Navalny, este complejo se habría financiado con dinero proveniente de sobornos.

2. Democratización de Rusia: El líder opositor ruso solía referirse a su país como una "democracia simulada" o "autoritarismo electoral".

Como alternativa a este régimen, Navalny proponía una "democracia real" basada en elecciones libres y competitivas, en un poder judicial independiente, en la libertad de prensa y sobre todo en el fin del control político sobre el sistema electoral.

Navalny era muy consciente de la manipulación electoral ejercida por Putin, por lo que era partidario del "smart voting", es decir, de concentrar el voto en el candidato con más posibilidades de derrotar a Rusia Unida.

Así, Navalny pidió el voto a candidatos de Yabloko como Sergei Mitrokhin, a candidatos independientes como Sergei Furgal, e incluso a candidatos comunistas como Pavel Grudinin.

El momento más exitoso de esta estrategia llegó en 2019 cuando hasta 20 candidatos opositores lograron sentarse en la Duma rusa, rompiendo la hegemonía de Rusia Unida.

Quizás por ello, en 2020 Navalny sufrió el primer intento de asesinato con el agente nervioso novichok.

"Navalny era partidario de mantener relaciones cordiales con Occidente, pero no de copiar nuestro modelo"

3. Estado fuerte pero no capturado: Desde el punto de vista económico, Navalny no era un ultraliberal. Su programa económico se centraba en liberar a la economía rusa del abrazo de los oligarcas.

Para ello, defendía la transparencia, la reducción de los monopolios, la redistribución de la riqueza generada por los hidrocarburos y una economía menos controlada por el Kremlin.

Era consciente de que Rusia necesitaba un Estado con ingentes recursos económicos para llevar a cabo medidas que vertebraran el extenso territorio ruso.

Esta visión económica, que para muchos podía calificarse de keynesiana, contrastaba con el capitalismo oligárquico y rentista que ha impuesto Putin desde su aparición en la escena pública.

4. Nacionalismo cívico ruso: Si bien el pensamiento de Navalny no coincide con el de Alexander Dugin, el líder opositor estaba lejos de las posiciones occidentalistas defendidas por figuras como Kozyrev, Nemtsov o Yavlinsky.

Navalny era partidario de mantener relaciones cordiales con Occidente, pero no de copiar nuestro modelo. Si bien criticó abierta y duramente la invasión de Ucrania en 2022, no era partidario de devolver Crimea tras su ocupación en 2014.

Navalny defendía lo que denominaba "patriotismo cívico democrático", un modelo propio basado en el liberalismo, adornado con el nacionalismo ruso. Algo similar ocurría con la OTAN, que, sin ser demonizada como Putin, era criticada por Navalny por su vocación expansionista.

Navalny era un líder muy peligroso para Putin, ya que era lo suficientemente liberal como para ser aceptado por Occidente y lo suficientemente nacionalista como para ser del agrado de los rusos.

De hecho, cuando se presentó a la alcaldía de Moscú en 2013, alcanzó un 27% de los votos. Previamente había liderado las protestas de 2011 que hicieron a Putin temer por su supervivencia.

Por ello, tras recuperarse en Alemania del intento de asesinato en 2020, Navalny decidió volver a Rusia para morir. Para convertirse en un mártir de la libertad.

*** Alberto Priego es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas.