David Uclés en la Librería Siruela, antes de dar el salto a Planeta.

David Uclés en la Librería Siruela, antes de dar el salto a Planeta. Nieves Díaz.

Tribunas

David Uclés y el síndrome de San Jorge jubilado

Chaves Nogales nunca hubiera hecho lo que ha hecho Uclés, porque el autor de A sangre y fuego siempre rehuyó el maniqueísmo cerril que precipitó la guerra.

Publicada

En su magnífica obra La masa enfurecida: cómo las políticas de identidad llevaron al mundo a la locura, Douglas Murray atribuye al filósofo político australiano Kenneth Minogue la idea del "síndrome de San Jorge jubilado".

Hablando del fanatismo y la virulencia con que la izquierda woke defiende en nuestros días ciertas causas políticas, Murray explica en qué consiste este síndrome.

"Después de matar al dragón, el bravo guerrero se pone a recorrer el mundo en busca de batallas que acrecienten aún más su gloria. Necesita más dragones. Finalmente, agotado de perseguir dragones cada vez más pequeños, un día empieza a dar mandobles al aire, convencido de que está conteniendo a un monstruo".

Murray apunta que hoy en día nuestra vida pública está llena de gente ansiosa por echarse a las barricadas cuando la revolución ya ha terminado, e ironiza sobre la necesidad que estos revolucionarios de salón rezagados tienen de exagerar los problemas para presentarse como virtuosos de una causa a todas luces desfasada.

En España, abundan los personajes llamativos que padecen el síndrome de San Jorge jubilado y se obstinan en librar batallas pretéritas para demostrar al mundo que (si la historia les hubiese brindado la ocasión) ellos también hubiesen matado al dragón.

Ahí está el escritor David Uclés, flamante premio Nadal, que se ha negado a participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil, organizadas en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte y el periodista Jesús Vigorra, porque no estaba dispuesto a compartir ni siquiera cartel con políticos de derechas como José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros.

David Uclés habla sobre las mujeres republicanas y las mujeres del régimen franquista.

David Uclés habla sobre las mujeres republicanas y las mujeres del régimen franquista. Nieves Díaz.

Uclés bracea al aire y libra a deshora su particular guerra civil, afectando heroicidad con atendibles fines comerciales, manifiesto sectarismo e insignificante compromiso cívico.

Nacido en 1990, Uclés, como otros muchos jóvenes olvidadizos, no parece llevar bien la frustración de vivir en una democracia pluralista, sin duda imperfecta, pero que, entre otras cosas, establece las bases para la celebración pacífica de unas jornadas sobre la Guerra Civil, con diversidad de opiniones.

Otra cosa es que luego, espoleados por la huida de Uclés, la legión de San Jorges jubilados que restringen nuestro debate público acaben provocando, mediante amenazas y coacciones, su cancelación.

Curiosamente, antes de su espantada, Uclés se había pronunciado en varias entrevistas (en actitud pretendidamente conciliadora y ecuánime) sobre la necesidad de alcanzar un consenso amplio en torno a lo que fue la Guerra Civil.

Parece que, para Uclés, el consenso consiste, básicamente, en que la derecha asuma la lógica y la interpretación que la izquierda hace de la historia, y santas pascuas. Un consenso preconcebido y monolítico: la negación del debate público y del derecho del adversario político a participar de él en pie de igualdad.

La negación, en suma, de las jornadas de Sevilla.

No parece, en todo caso, que Uclés tenga demasiado claras las cosas, porque entre sus referentes literarios suele citar al periodista y escritor andaluz Manuel Chaves Nogales, que abominaba del sectarismo de trincheras de las dos Españas y abogaba por una tercera España, liberal y democrática, que él nunca llegaría a ver.

Imagen de un colegio electoral durante el referéndum de la Constitución de 1978 en Castilla y León.

Imagen de un colegio electoral durante el referéndum de la Constitución de 1978 en Castilla y León. Cacho ICAL

La España que anhelaba Chaves Nogales llegaría con la Transición y la Constitución de 1978; la amistad entre Suárez y Carrillo; el compromiso de Fraga, Herrero de Miñón, Peces-Barba, Miquel Roca, Gabriel Cisneros, Pérez-Llorca y Solé Tura, a quienes cualquier demócrata español agradecido debería saber citar de corrido y sin reserva alguna; la España del abrazo pintado por Genovés y la alternancia civilizada entre González y Aznar.

Sí, Aznar, por supuesto.

Chaves Nogales nunca hubiera hecho lo que ha hecho Uclés, porque el autor de A sangre y fuego siempre rehuyó el maniqueísmo cerril que precipitó la guerra.

Uclés, en cambio, no duda en agitarlo con fines comerciales. La antítesis de Chaves Nogales.

Por desgracia, como decía recientemente mi querido Rodolfo Martín Villa (otra figura señera de la Transición), ahora algunos prefieren ser nietos de la Guerra Civil que todos perdimos a ser hijos de la Transición que todos ganamos.

Estamos ante la enésima manifestación de la llamada "cultura de la cancelación", es decir, la anulación del que piensa diferente y la negación del pluralismo.

Uclés, probablemente, habrá conseguido con la polémica sus objetivos comerciales, pero ha demostrado no estar a la altura intelectual y moral de un país que merece altura de miras de quienes tienen la responsabilidad de favorecer una conversación pública rica y respetuosa.

*** Nacho Martín Blanco es diputado del Partido Popular en el Congreso.