Gobierno provisional de la II República, en 1931.

Gobierno provisional de la II República, en 1931.

LA TRIBUNA

El día que España se acostó monárquica y se levantó republicana

La II República tuvo una discutible legitimidad jurídica de origen, impulsó una Constitución sin consenso y dio cobertura institucional a la persecución religiosa.

14 abril, 2024 03:49

1931 es un año cuajado de sucesos históricos. El 12 de abril se celebran elecciones municipales. Triunfaron las candidaturas republicanas en coalición con el PSOE en las grandes ciudades. Hubo mayoría monárquica en las zonas rurales.

Al día siguiente, por la tarde, se conocen los resultados aún provisionales. El Comité Republicano, creado en 1930 con la misión de derribar por la fuerza de las armas el régimen monárquico, decide dar a las elecciones carácter plebiscitario. Lanza un manifiesto proclamando su triunfo incontestable.

El pueblo no sólo ha elegido concejales. Se ha pronunciado contra la Monarquía. Exigen la inmediata salida de España del Rey y anuncian su firme disposición a tomar el poder para evitar las ambiciones de otros. En el Palacio Real, Alfonso XIII no deja de pensar en la imagen de toda la familia imperial rusa, asesinada a tiros en 1918 por los comunistas soviéticos.

Proclamación de la II República Española, 14 de abril de 1931.

Proclamación de la II República Española, 14 de abril de 1931. Alfonso Sánchez Portela Museo Reina Sofía

A las seis de la mañana del 14 de abril, en la localidad guipuzcoana de Eibar, los socialistas proclaman la República. Alguien les había informado, falsamente, de la abdicación del Rey. El ejemplo cunde y durante la mañana los republicanos toman por la brava numerosos ayuntamientos siguiendo el ejemplo de Eibar.

El Gobierno es incapaz de afrontar la crisis. El almirante Aznar, presidente del Consejo, a las 10:30 del día 13 al entrar en el Palacio Real, declaró la frase interpretada como una rendición del Gobierno: "¿Que si habrá crisis? ¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?".

El conde de Romanones, ministro de Estado, entra en pánico y transmite al Rey la necesidad de negociar con el presidente del Comité, Niceto Alcalá-Zamora, un exministro de Alfonso XIII, líder de un pequeño partido de derecha democrática opuesto a la dictadura de Primo de Rivera. En el pensamiento del Rey y de Romanones aparece la imagen del asesinato de toda la familia imperial de los zares de Rusia.

El monarca autoriza al hasta entonces todopoderoso conde para acordar con el Comité la convocatoria de elecciones constituyentes. Aceptaría el veredicto del pueblo. Pero toda la prestancia de Romanones se hunde cuando Alcalá-Zamora le informa sobre la defección del general Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, arrodillado ante el Comité por la mañana, frente al futuro ministro de Gobernación, Miguel Maura, hijo del duque de Maura, a su vez miembro del Gobierno, en un poco honroso cambio de lealtades.

A continuación, Alcalá-Zamora sentencia: "No queda otro remedio que la inmediata salida del Rey renunciando al trono". De modo que "antes de la puesta del sol" debía hacerse la transmisión de poderes al Comité.

Romanones no discute y entrega las llaves del reino. Vuelve a Palacio de inmediato para contarle el veredicto republicano. Alfonso XIII intenta ganar tiempo, pero pronto se percata de su soledad. No cuenta con la Guardia Civil, después de la traición de Sanjurjo. Tampoco con la Policía, pues el general Mola, director general de Seguridad, se había manifestado radicalmente contrario a disolver las manifestaciones de la Puerta del Sol y del Palacio de Oriente con el uso de armas de fuego.

"Los monárquicos parecían haber desaparecido de la faz de la tierra por resignación o cobardía"

El Ejército se mantenía acuartelado en medio de una gran división interna. Por último, los monárquicos parecían haber desaparecido de la faz de la tierra por resignación o cobardía. A las cinco de la tarde, el Rey reúne a su agónico gobierno de duques, marqueses y condes responsables del triste final del régimen de la Restauración a causa de su incapacidad para afrontar los grandes problemas sociales y económicos de España y ser responsables de una gran corrupción consentida por la Corona.

Hay una discusión vehemente con acusaciones contra Romanones y Maura. El Rey corta la trifulca y lee un manifiesto a la nación, escrito por el duque de Maura, donde reconoce haber perdido "el amor de mi pueblo" y renuncia al ejercicio de sus potestades regias "porque quiero apartarme de cuanto sea lanzar a uno compatriota contra otro, en fratricida guerra civil".

A continuación, se levantó para despedirse uno por uno de sus ministros y dejó al Gobierno reunido para preparar la transmisión de poderes. Lo peor fueron las despedidas emotivas con todo el personal del Palacio y de su familia, y la áspera y distante con la reina Victoria Eugenia.

Pesaba en ella su convicción de la incapacidad de su marido para defender la Corona y de sus infidelidades conyugales. Además, le aterraba quedarse sola en el Palacio con el resto de la Familia Real. Aunque Alcalá-Zamora hubiera dado su palabra de trasladarles al día siguiente en tren a Hendaya, durante la noche no cesaron los gritos amenazadores.

Cumpliendo el ultimátum republicano, a las nueve de la noche, conduciendo su propio coche y acompañado por el ministro de Marina y una camioneta de siete guardias civiles, el Rey salió parar siempre de Palacio. Entrada la madrugada llega a Cartagena, donde embarca en el crucero Príncipe de Asturias para ser trasladado a Marsella.

A las 5 de la madrugada del 15 de abril el Rey pisa territorio francés. Murió en Roma en 1941. Sus restos mortales descansan en El Escorial desde 1980, por decisión de su nieto el rey Juan Carlos de Borbón y Borbón-Orleans.

"Un mes después de la proclamación de la República, militantes socialistas y anarquistas comenzaron a incendiar iglesias y conventos"

A la misma hora de la salida del Rey de Palacio, un Niceto Alcalá-Zamora exultante, desde el balcón de la Casa del Reloj, el primer acto político retransmitido en directo por la emisora Unión Radio para toda la nación, se dirigió a la nación como jefe del Estado español y presidente de Gobierno.

Le acampanaban los nuevos ministros, todos ellos miembros del Comité: Estado, Alejandro Lerroux; Justicia, De los Ríos; Guerra, Azaña; Marina; Casares Quiroga; Gobernación, Maura (Miguel, hijo del duque de Maura); Fomento, Albornoz; y Trabajo, Largo Caballero. Todos ellos son los padres de la República.

La Gaceta de Madrid (el BOE de hoy) del día 15 de abril es una muestra de la discutible legitimidad jurídica de la República. El presidente del Gobierno es nombrado por un Comité Revolucionario no elegido democráticamente. El nuevo presidente nombra ministros a los miembros del Comité. Y el nuevo Gobierno nombra jefe del Estado español a Alcalá-Zamora.

Todo sería provisional hasta la celebración de las elecciones constituyentes. Aquel día el presidente declaró: "Hoy hemos dado un ejemplo de civismo y de serenidad al mundo cambiando de un régimen en medio de un orden ejemplar sin precedentes". Los hechos se encargarían muy pronto de desmentirle.

Un mes más tarde, militantes socialistas y anarquistas comenzaron a incendiar iglesias y conventos. Al mismo tiempo, el PSOE enarbolaba su programa máximo de Pablo Iglesias para implantar la dictadura del proletariado y el exterminio de la Iglesia y el capital.

En Cataluña los independentistas de ERC ninguneaban al Gobierno. En el proceso constituyente brilló Manuel Azaña. Maniobró para neutralizar a Alcalá-Zamora nombrándole presidente de la República para hacerse con la presidencia del Gobierno. Impulsó una Constitución sin consenso.

La persecución de la Iglesia –"España ha dejado de ser católica–" tenía cobertura constitucional. La II República estuvo a punto de naufragar definitivamente cuando en enero de 1933, la Guardia de Asalto, creada por el propio Azaña, asesinó a 19 anarquistas en un pueblo donde reinaba la miseria llamado Casas Viejas, provincia de Cádiz.

En 1934, UGT y el PSOE se sublevaron contra el Gobierno para acabar con un régimen burgués. La Generalidad volvió a proclamar la independencia. Fue el preludio de la Guerra Civil de 1936. Pero eso es otra historia.

*** Jaime Ignacio del Burgo es historiador, escritor, exdiputado y expresidente de la Diputación Foral de Navarra.

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