Salvador Illa y Oriol Junqueras, el pasado mes de enero en la Generalitat, cuando sellaron su acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación.

Salvador Illa y Oriol Junqueras, el pasado mes de enero en la Generalitat, cuando sellaron su acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación. Europa Press

Columnas LA CAMPANA

Señor ministro, no hay filósofo que sostenga el cupo catalán

Sánchez va desmontando el Estado como el okupa que quema en la chimenea todos los muebles.

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Hace un año Francisco de la Torre y Jesús Fernández Villaverde diseccionaron, en La factura del cupo catalán, el proyecto de financiación autonómica que Pedro Sánchez pensaba aprobar.

Básicamente (aunque disfrazado con una insufrible retórica), se trataba de extender a Cataluña algo parecido al cupo vasco. Y el mérito del cupo vasco lo conocemos bien: se trata de que una región rica se convierta en receptora de recursos en vez de aportarlos.

En el libro se estimaba que, con el nuevo sistema, Cataluña podría llegar a recibir una financiación adicional de entre 25.000 y 30.000 millones de euros. Y esto quería decir que

a) el resto de las comunidades recibirían menos,

b) se produciría un recorte gigantesco de gasto nacional (y la única partida disponible son las pensiones),

o c) habría una subida colosal de impuestos.

Hay que recordar, además, que Cataluña no está actualmente infrafinanciada.

El ministro de Hacienda, Arcadi España.

El ministro de Hacienda, Arcadi España. Jesús Hellín / Europa Press

Lo suyo es un problema de exceso de gasto, entre otras cosas porque dedicar tantos esfuerzos a construir una quimera nacional, no sólo es cansado, sino también costoso.

Recientemente, ha defendido el nuevo modelo de financiación el ministro de Hacienda, Arcadi España. Y lo ha hecho apoyándose en un argumento inesperado: el velo de la ignorancia de John Rawls.

Recordemos que Rawls entendía que se puede alcanzar racionalmente un acuerdo sobre unos principios universales de justicia si todas las personas partieran de una ignorancia sobre cuál será su lugar en el mundo.

"Entre los rasgos esenciales de esta situación está el de que nadie sabe cuál será su lugar en la sociedad, su posición, clase o estatus social; nadie sabe tampoco cuál es su suerte en la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia, su fortaleza etcétera. Los principios de justicia se escogen tras un velo de ignorancia".

Es decir, para saber si una situación es justa, elijamos sin saber en qué lado vamos a estar. Escojamos como lo haríamos si no supiéramos si vamos a ser hombres o mujeres, ricos o pobres, blancos o negros.

Incluso si no sabemos si vamos a ser listos o tontos, catalanes o gallegos.

Por eso, apelar al velo de la ignorancia para defender un sistema de financiación diseñado para privilegiar a Cataluña es de una deshonestidad intelectual apabullante. El modelo se aprueba, precisamente, porque no hay velo de la ignorancia.

Pedro Sánchez sabe que es Pedro Sánchez, y que necesita el apoyo de sus socios catalanes para arrastrarse unos metros más.

Illa sabe que es Illa, y que sus expectativas electorales dependen de la aprobación.

Y Arcadi España sabe que es Arcadi España, y que quiere seguir siendo ministro.

En realidad, con el velo de la ignorancia, los catalanes jamás aprobarían el modelo porque podrían acabar siendo madrileños, que son los únicos que van a pagar la fiesta.

España es muy ignorante o ha leído incorrectamente a Rawls, y ha creído que el velo de la ignorancia obliga a escribir como si tus lectores fueran oligofrénicos.

En realidad, si hay unos autores que el ministro podría haber invocado son Acemoglu y Robinson que, si hubieran conocido a Pedro Sánchez, lo habrían puesto en la portada de Por qué fracasan los países.

Pedro Sánchez es, en sí, un concentrado de las "élites extractivas", esas que se agarran como sanguijuelas a las sociedades y las dejan exangües.

La característica del sanchismo es que funciona como una satrapía (disfrazada de democracia) en la que todos los recursos del Estado se ponen a disposición de los intereses personales del gobernante.

Sánchez es un faraón que utiliza la política nacional y la internacional para mantenerse en la cúspide de la pirámide y pagar a sus socios y esclavos; Arcadi España es uno de ellos.

O, si lo prefieren, Sánchez va desmontando la arquitectura institucional del Estado como el okupa que quema en la chimenea todos los muebles.

Hay quien quiere juzgarlo por traidor. Ojalá pudiera aplicarse, sencillamente, lo que el Código Civil establece para el mandatario: que no traspase los límites del mandato que le han encomendado los ciudadanos (básicamente, velar por el interés nacional), que actúe con diligencia y que responda por dolo y culpa. No debería ser tan difícil.