Una enorme colección de gorras 'trumpistas'. X
¿Qué ocurre en una reunión del Partido Republicano? Principalmente democracia
La política real se parece muy poco a la de las polémicas en las redes sociales.
Apenas unas horas antes de volar a California, me entrevistaron en LaSexta sobre los estadounidenses que piden el "voto por hogar". De acuerdo con esta tesis, cada familia emitiría un solo voto a través del marido.
Más adelante en el mes, El País publicó un extenso reportaje sobre este mismo tema.
Esta idea es tan extrema como constitucionalmente inverosímil. Está tan al margen que no existen datos creíbles que muestren si cuenta con algún apoyo público significativo.
Sin embargo, medios de comunicación tan lejanos como los de España decidieron que valía la pena cubrir esta extravagante historia. Esto representa una tensión constante en el periodismo: lo que es noticiable (sorprendente, polémico, que genera conflicto y atrae clics) no siempre es lo más representativo (¿está el republicano típico hablando de esto?)
Con el deseo de contar una historia más amplia sobre los activistas republicanos locales, decidí asistir a la asamblea mensual de julio del Partido Republicano del Condado de Santa Clara, en el corazón de Silicon Valley.
La mujer de la mesa de registro me dio una cálida bienvenida y me entregó una identificación con mi nombre mientras le explicaba que soy una ciudadana del Área de la Bahía que vive en Madrid y escribe una columna para un periódico español. Me felicitó por el campeonato mundial de fútbol de España; charlamos un poco mientras se aseguraba de que me llevara folletos de sus próximos eventos.
El gobernador de California, Gavin Newsom.
Los amigos se saludaban mientras tomaban café, agua y otros aperitivos y ocupaban sus asientos en el centro comunitario de Campbell. Casi cien personas abarrotaron la sala.
Si no fuera por algunos pintorescos recordatorios de que se trataba de una reunión republicana, podría haberla confundido con una de demócratas. Vi gorras con los lemas Hagamos California grande de nuevo y Newsom apesta. Una mujer pasó repartiendo un libro titulado La vida y las enseñanzas de Jesucristo. Y justo cuando se llamaba al orden para iniciar la reunión, entraron dos mujeres vestidas con pantalones vaqueros, sombreros de vaquero con la bandera estadounidense y camisetas rojas con la palabra Freedom ("libertad") estampada.
El presidente del Partido Republicano del Condado de Santa Clara, Dave Johnson, abrió la reunión instando a los presentes a "coger los 'debería' y convertirlos en hice". Me reí entre dientes con complicidad porque sé de primera mano que el mayor desafío de dirigir un comité local del partido son todas las personas que te dicen lo que deberías hacer en lugar de preguntarte cómo pueden ayudar.
Johnson también bromeó diciendo que los republicanos necesitaban "darle una patada en la espinilla a los demócratas". Más tarde, aclaró que se refería a hacer campaña con más fuerza, no a dar patadas literales a nadie.
No era exactamente el tipo de retórica revolucionaria que uno podría esperar tras leer los titulares sobre la derecha estadounidense.
La mujer que repartió los libros nos guió a través del tedioso proceso de selección de delegados y voto por representación para la convención estatal de California. Insistió en la necesidad de contar con delegados "conservadores de verdad" que viajaran a la convención para estar allí en persona y elegir a los líderes del partido que mejor los representaran.
La reunión concluyó hablando de un picnic a finales de agosto con Steve Hilton, el candidato republicano a gobernador de California, así como de jornadas de registro de votantes, campañas de llamadas telefónicas y las actividades habituales para incentivar el voto.
De nuevo, el mismo tipo de trabajo voluntario que se encuentra en cualquier reunión de activistas del Partido Demócrata.
La tensión entre el partido local y los dirigentes del partido a nivel estatal resultó especialmente familiar. Los republicanos se quejaban de que el partido estatal no escuchaba a las bases conservadoras, y yo he visto a los activistas demócratas pasar mucho tiempo discutiendo sobre si la directiva del partido representa a la facción moderada o al ala de izquierda.
De hecho, cuando visité el Centro de Voluntarios Demócratas más tarde en la semana, tuve una larga conversación con una voluntaria llamada Pam Salvatierra, a quien no le sorprendió que le dijera que la reunión republicana me había parecido familiar. Del mismo modo que Johnson pedía unidad entre los republicanos, Salvatierra me dijo que los comités del partido deben dejar de castigarse por tener diferencias de opinión entre sus voluntarios.
Por el trabajo a pie de calle que están haciendo, saben que tanto a demócratas como a republicanos les preocupan principalmente los temas que afectan a su vida cotidiana, como los altos precios de la gasolina y los alimentos.
Pero el Área de la Bahía de San Francisco no es precisamente un feudo conservador. Queriendo asegurarme de no haberme perdido nada, les mencioné la idea del voto único por hogar a dos amigos conservadores. Uno lo había oído nombrar vagamente y el otro no sabía nada al respecto. Ambos lo consideraron extremo, inconstitucional y totalmente fuera de lugar.
La democracia de base se ve sorprendentemente similar, independientemente del partido. Las voces más ruidosas en las redes sociales pueden definir los titulares, pero no son las personas que pasan los martes por la tarde bebiendo café en un centro comunitario, debatiendo sobre las reglas de los delegados, planificando campañas telefónicas y convenciendo a sus vecinos para que voten.
Este trabajo ordinario de la democracia es mucho más representativo de la vida política estadounidense que la última polémica marginal en las redes sociales.