Agentes de policía en la oficina de Zapatero, en la calle Ferraz, en Madrid.

Agentes de policía en la oficina de Zapatero, en la calle Ferraz, en Madrid.

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

El matrimonio gay no es un aval para el trinque, señores del PSOE

Lo que más se escucha estos días son glosas a Zapatero, como si aprobar la ley del matrimonio homosexual fuese una especie de bonus para proteger el trinque.

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En el momento en que usted empieza a leer estas líneas, las cuentas bancarias de un expresidente del gobierno de España están bloqueadas.

Unas horas antes, los agentes del orden han irrumpido en casa de José Luis Rodríguez Zapatero, encontrándolo en pijama, y allí le entregaron los 88 folios de su imputación.

Total, nada.

Se le acusa de delitos tan graves que hasta los más optimistas prevén consecuencias penales para quien presidió este país que empieza a acostumbrarse a todo: a las imputaciones en el entorno del inquilino de la Moncloa, al fiscal general empapelado o a los secretarios generales del PSOE durmiendo en Soto del Real.

En un país civilizado (el nuestro ya no lo es), habría caído hace meses el gobierno entero.

Pero aquí sólo ha empezado a moverse la tierra bajo los pies del Consejo de Ministros cuando los jueces han tocado la puerta de Bambi para encontrarlo en deshabillé.

Agentes de la UDEF salen del registro de la oficina de Zapatero en Ferraz.

Agentes de la UDEF salen del registro de la oficina de Zapatero en Ferraz. Europa Press

Por supuesto, Sánchez y los suyos han cerrado filas en torno al camarada. Qué otra cosa van a hacer, si saben de sobra que su caída los va a arrastrar a todos.

Hay que intentar, pues, sostenerlo y que no se desbarranque.

Lo que más se escucha estos días son glosas a Zapatero, como si supuestos aciertos en el pasado fuesen patente de corso para el mangazo de después, y como si aprobar la ley del matrimonio homosexual fuese una especie de bonus para proteger el trinque.

Hay personas sensatas empeñadas en retratar a Zapatero como un buen presidente. Supongo que todo va a gustos, pero llegó a la Moncloa a lomos del peor atentado de nuestra historia.

Luego, ya en el poder, entendió que sólo podría sostenerse en él alentando la división entre españoles y desenterrando dramas que habíamos luchado por superar todos juntos.

Zapatero, el presidente de los cordones sanitarios, el muñidor del sanchismo que habría de llevarnos a la polarización y el hastío, a las dos Españas en pleno siglo XXI. Todo lo malo de esta época se gestó en otra no tan lejana, la de José Luis Rodríguez Zapatero y sus acontecimientos planetarios.

Cuando se fue, dijo que quería dedicarse a supervisar nubes, pero todo parece indicar que tenía otras cosas en mente.

Mientras agitaba delante de los incautos el proyecto de ley de Memoria Democrática, José Luis estaba haciendo planes. Quizá su gran error fue creerse impune. Quién se iba a atrever, dice su amigo del alma.

De momento, le han bloqueado las cuentas. A un expresidente del gobierno.

Si no estuviésemos acostumbrados a estas cosas, sería para echarse a llorar.