Tomás Serrano

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A la caza de un nuevo fascista: es canario y se apellida Clavijo

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La maquinaria de demolición de Moncloa ya tiene un nuevo objetivo.

El guión es el de siempre: si discrepas, eres un ultra.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha dirigido ahora todas sus baterías contra el presidente canario, Fernando Clavijo, por cuestionar la decisión de llevar el barco con infectados de hantavirus a Tenerife.

El presidente canario no ha negado la gravedad sanitaria ni ha llamado a la insolidaridad; ha planteado dudas logísticas, de capacidad y de gestión.

Pero desde ese momento, Clavijo ha sufrido un aluvión de descalificaciones y desmentidos oficiales. Se le presenta como un dirigente falto de humanidad, movido únicamente por intereses electoralistas. Un fascista, vaya.

Resulta curioso, casi cínico, que se le acuse de buscar votos cuando en Canarias no hay elecciones hasta dentro de un año.

Quien sí se juega precisamente el cuello estos días es María Jesús Montero, que se dirige al matadero electoral del 17 de mayo en Andalucía.

Por tanto, si alguien tiene necesidad de obtener réditos políticos hoy, es el PSOE de Sánchez, no la Coalición Canaria de Clavijo.

La urgencia del Gobierno por fabricarse un nuevo enemigo es comprensible. Sirve para tapar la errática gestión de esta crisis, con falta de información, evidente descoordinación institucional y versiones contradictorias.

Pero también es una cortina de humo para tapar el juicio a José Luis Ábalos, lugarteniente de Sánchez caído en desgracia. Nada como un Clavijo malvado para distraer al personal.

¿Alguien imagina un enfrentamiento como este del Gobierno con Canarias si las objeciones a acoger el crucero las hubiera puesto Imanol Pradales, por poner por caso? Por supuesto que no.

La diferencia es aritmética, no ética. Para Sánchez, solo son buenos los nacionalistas cuyos votos garantizan su supervivencia personal.

Sorprende la selectiva "sensibilidad territorial" del presidente, tan presto a enviar delegaciones a Suiza para negociar con el prófugo Carles Puigdemont y tan poco dispuesto a levantar el teléfono para hablar con el presidente canario en plena crisis sanitaria. Tardó tres días en hacerlo.

A la vista está que el problema de Coalición Canaria es que, a diferencia de Junts, ERC o Bildu, solo tiene un diputado en Madrid, y eso complica el intercambio de cromos.

Clavijo no tiene capacidad de inclinar la balanza, por tanto, es prescindible y, por extensión, atacable.

En ese contexto, el enfrentamiento cumple una función útil para Sánchez: desplaza el foco, fija un adversario y refuerza un relato de superioridad ética.

En cuestión de virus, el más dañino es el de la amoralidad.