Pedro Sánchez y Donald Trump.

Pedro Sánchez y Donald Trump. Europa Press | Reuters

Columnas LA GLOBALISTA

Sánchez muestra al Partido Demócrata cómo oponerse a una guerra

Sánchez se ha enfrentado a Trump. Ahora ha llegado el momento de que los Demócratas hagan de una vez el trabajo que les corresponde.

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Al oponerse con claridad y negarse a participar en la temeraria guerra de Trump con Irán, Pedro Sánchez ha hecho lo que los Demócratas estadounidenses deberían estar haciendo: enfrentarse al presidente de los Estados Unidos.

A diferencia de casi todo en las relaciones internacionales, aquí no hay muchos matices.

Sí, el ayatolá Alí Jamenei y su gobierno han cometido atrocidades, así que pocos lamentan su muerte y nadie quiere un Irán con armas nucleares.

Nada de esto justifica iniciar ahora una guerra con Irán junto a Israel.

No hay estrategia ni plan de salida. No ha habido un proceso interno de toma de decisiones riguroso (solo el cerebro de Trump y su propia moral).

Y, por supuesto, esta guerra es ilegal tanto desde el punto de vista del Derecho internacional como de la Constitución de Estados Unidos.

Donald Trump este jueves en un evento en la Casa Blanca.

Donald Trump este jueves en un evento en la Casa Blanca. Evan Vucci Reuters

Ya estamos viendo cómo se amplía hacia un aterrador conflicto regional y cómo la explosión de los precios del petróleo está desatando una crisis energética.

Ah, y los mercados globales se están desplomando.

Muchas personas, aunque no todas, en la derecha de Estados Unidos y del resto del mundo pueden apoyar este conflicto. Tal vez por un amor redescubierto por la construcción de la democracia o quizá simplemente por una lealtad ciega a Trump.

Desde la izquierda, la única respuesta razonable ante esta temeraria locura mortal de Trump es un no rotundo.

La función del Partido Demócrata es oponerse a Trump. Incluso si carece del poder para hacerlo institucionalmente, debe plantar cara de manera firme y simbólica a su deseo de ser el rey del mundo.

Sin embargo, los líderes del Partido Demócrata guardan silencio justo cuando deberían alzar la voz.

No es una tarea especialmente complicada para los Demócratas. Una encuesta reciente muestra que el 56% de los estadounidenses se oponen a esta guerra, incluidos el 86% de los Demócratas y el 61% de los independientes.

Los Demócratas también se acobardaron al principio de la guerra de Irak, pero hubo una gran diferencia. George W. Bush lanzó una campaña pública para defender su postura ante el pueblo estadounidense y convenció al 73% de los ciudadanos de que era lo correcto.

Los estadounidenses seguían conmocionados por el 11-S, así que Bush pudo plantear a los Demócratas el ultimátum de que estaban o con él o contra él.

Hasta ahora, el propio Trump no ha hecho ningún esfuerzo por "vender" esta guerra al pueblo estadounidense. En lugar de eso, el equipo de Trump ha ofrecido diez justificaciones distintas.

En 2003, muchos estadounidenses miraron a líderes europeos como Jacques Chirac y Gerhard Schröder en busca de liderazgo. Danny Hayes y Matt Guardino detallan cómo los medios estadounidenses recurrieron a líderes extranjeros ante la ausencia de liderazgo por parte de los Demócratas en aquella época en su libro Influence from Abroad.

Sánchez ha ocupado un espacio similar esta semana, ofreciendo una oposición contundente mientras los Demócratas se limitaban a quejarse de la ilegalidad de esta guerra.

Que no se me malinterprete, la Constitución y el Derecho internacional son importantes, pero la dirección del Partido Demócrata debe ir más allá y explicar al pueblo estadounidense por qué esta guerra no responde al interés nacional del país.

Tienen que hacerlo, además, con argumentos que la gente común (a la que no le importan demasiado la Constitución o el derecho internacional) pueda entender.

A decir verdad, el sistema presidencial estadounidense carece de un líder de la oposición formal. Sin embargo, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, y el líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, son las dos máximas autoridades demócratas en el gobierno federal.

Si no sabes quiénes son ni qué han dicho, es porque han hecho muy poco que resulte memorable desde que Trump llegó a la Casa Blanca. El gobernador de California, Gavin Newsom, ha sido mucho más combativo.

El gobernador de California, Gavin Newsom.

El gobernador de California, Gavin Newsom. Mike Blake Reuters

Es cierto que la semana pasada hubo una votación. Tanto la Cámara de Representantes como el Senado votaron si ejercían su poder para limitar la capacidad del presidente de ir a la guerra.

Este poder fue otorgado por la Resolución de Poderes de Guerra de 1973.

De forma asombrosa, tanto la Cámara como el Senado votaron a favor de ceder ese poder (el poder del pueblo) a la Casa Blanca.

¿Quién en el gobierno renuncia a su propio poder?

La votación se produjo principalmente siguiendo las líneas de partido, pero unos pocos Demócratas se desmarcaron para votar en contra: los representantes Henry Cuéllar (Texas), Jared Golden (Maine), Greg Landsman (Ohio) y Juan Vargas (California), y el senador John Fetterman (Pensilvania).

Unos pocos republicanos cruzaron también la línea para votar a favor: los representantes Thomas Massie (Kentucky), coautor del proyecto de ley, y Warren Davidson (Ohio), y el senador Rand Paul (Kentucky).

Ni Schumer ni Jeffries se acercan al liderazgo de la expresidenta de la Cámara Nancy Pelosi durante el primer mandato de Trump. Ella nunca se echó atrás. Sin embargo, tanto Schumer como Jeffries parecen evitar el enfrentamiento con Trump a toda costa, precisamente lo que se supone que deberían estar haciendo.

Ambos han hecho declaraciones en las que critican el carácter inconstitucional de esta guerra y, al mismo tiempo, reconocen que Irán es un actor maligno y expresan su apoyo a nuestras tropas. Estas declaraciones sólo llaman la atención porque ninguna contiene nada digno de ser citado.

Cada día que pasa este conflicto se amplía, mueren niños y otros civiles, suben los precios del petróleo, los mercados flaquean y el mundo se vuelve un lugar más peligroso.

Sánchez se ha enfrentado a Trump. Ahora ha llegado el momento de que los Demócratas hagan de una vez el trabajo que les corresponde.