El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso. EFE
Pedro Sánchez y Bad Bunny hacen un dúo perfecto
Quienes sustentan al Gobierno de Sánchez no sufren ante la evidente incoherencia. Han desterrado de su pensamiento político la necesidad de evitarla, y esto los hace vulnerables a personajes como él.
1. Primer nivel de la pirámide
Cuando Robert Hare entrevistaba a psicópatas en prisiones, quedaba invariablemente sorprendido ante sus reacciones cuando eran pillados en una mentira. Sin experimentar la menor vergüenza, se limitaban a modificar su versión con los nuevos hechos descubiertos, y no entendían que la mentira aflorada tuviera que afectar a su credibilidad futura.
Porque el concepto de 'verdad', entendido como la sujeción de una historia a la realidad, a unos hechos comprobables, no es especialmente relevante para el psicópata. Él sustituye la verdad por el relato que mejor se ajusta a sus intereses, y no ve la menor necesidad de que este coincida con la realidad.
Cuando Pedro Sánchez dice (con voz lastimera) que hay que desterrar el insulto de la política, y a continuación (con risa de orate) ridiculiza a Feijóo en un mitin, muestra un comportamiento bastante similar. Sus ejemplos son innumerables.
2. Segundo nivel de la pirámide
El de Diego Rubio y los gurús de la comunicación, spin doctors y propagandistas diversos que creen haber descubierto que un mundo basado en reglas sólo funciona en determinada condiciones de presión y temperatura, que no son las actuales.
#EnDirecto | Patxi López pide combatir el miedo que la derecha "quiere inocular": "Lo decía Bad Bunny en la Super Bowl: 'The only thing more powerful than hate is love' (Lo único más poderoso que el odio es el amor). Y yo añado: la esperanza también puede al miedo" pic.twitter.com/kujPn3AsMh
— Europa Press (@europapress) February 11, 2026
Confunden su total amoralidad con maquiavelismo, y esto los hace peligrosos.
Y se creen muy listos al comprobar que librarse de todo escrúpulo hace que avancen más rápido, y esto los hace insufribles.
Piensan, aunque no lo digan a las claras, que las democracias liberales, con su alternancia, sus derechos, y sus pesos y contrapesos, están obsoletas, y ahora es el momento de los hombres fuertes que no se dejan constreñir por minucias como el Estado de derecho.
Por eso (esto tampoco lo dicen) contemplan con envidia a Trump y a Bukele, que han sabido adaptarse mejor a las nuevas circunstancias y triunfan. Son los que ahora aconsejan a Sánchez, cuando España se enfrenta a una profunda crisis de servicios e infraestructuras, que lo verdaderamente prioritario es presentarse como paladín contra los "tecnoligarcas".
3. Tercer nivel de la pirámide
Lo forman los esclavos de lujo: ministros, diputados, cargos orgánicos e institucionales del partido. Este nivel carece por completo de relevancia, porque todos ellos irán donde se les mande, o irán a la calle, donde no saben hacer nada útil.
4. Cuarto nivel de la pirámide
Todos creemos que, cuando le recordamos a cierta izquierda feminista su silencio ante las revueltas contra la teocracia de los ayatolás, estamos poniéndoles frente a una contradicción insalvable, que no pueden dejar de ver y que, suponemos, debería moverlos a la reflexión.
El filósofo Peter Boghossian nos saca del error. No penséis, nos dice, que esto es un "te pillé", porque a ellos les da exactamente igual.
No ven esa necesidad de coherencia, que han perdido a través de sucesivos ajustes de disonancia.
Ellos dicen defender a las mujeres occidentales frente a un patriarcado que no existe, y callan ante las mujeres iraníes que se enfrentan a uno muy real, pero no ven la menor necesidad de relacionar una cosa con la otra.
Esto les vendrá muy bien en el futuro, cuando estos campeones de la lucha feminista tengan que adular al electorado musulmán, algo que harán sin dudarlo.
Pero, en todo caso, no sufren ante la evidente incoherencia. Han desterrado de su pensamiento político la necesidad de evitarla, y esto los hace vulnerables a personajes como el del primer nivel.
Estos son, me temo, los niveles que sustentan al actual Gobierno, y explican que nuestra situación es muy delicada. Porque en ninguno de ellos existe la menor oposición a la erosión de las instituciones, a la destrucción del Estado de derecho o al envenenamiento de la convivencia.
La paradoja está en que, a pesar de que la inconsistencia domina en todos los niveles, la pirámide es muy estable y no se va a caer por sí sola.
Por eso, es prioritario desalojar a este Gobierno cuanto antes.
Y por eso los gritos ante el avance de la extrema derecha son ridículos: ahora mismo, sólo una coalición entre el Partido Popular y Vox puede lograrlo.
Mientras tanto, dejemos que Sánchez dispute a Bad Bunny su protagonismo en la lucha contra el fascismo. Son igual de insustanciales, e incluso podrían hacer un dúo.