'Una chirigota en teoría'. EFE
El Stephen Hawking gaditano contra Netflix
Una chirigota en teoría te obliga a mirar y a escuchar. Nadie te lo va a ir desgranando mientras te sostiene la mano. Es una forma de identidad en su máxima expresión: reivindica quién es sin pedir perdón por ello.
Dice Matt Damon que en Netflix se producen películas cuya trama se explica varias veces en los diálogos para que el espectador distraído que mira el móvil se entere bien.
Es como el presentador televisivo que hace un resumen del programa después de la publicidad.
Como el padre que reitera las instrucciones a su hijo de dos años, cuyo cerebro es incapaz aún de procesar información compleja.
O como el entrenador del zoológico que agita mucho el bote de comida para que le sigan los animalitos.
Dime qué tipo de productos crea una empresa y te diré cómo te ve.
Netflix te ve como un chimpancé desorientado y sin capacidad de atención.
No diré yo que no tenga razón.
Lo ideal, creo yo, sería apostar por películas que invitaran a no despegar la mirada de la pantalla. Puede que yo sea un chimpancé con déficit de atención, pero también sé que tengo el potencial de no serlo. Creo que prefiero el arte que intenta sacar a la luz lo segundo antes que explotar lo primero.
'Atrapad la vida. Lecciones de cine para escultores del tiempo', de Andréi Tarkovski.
"Prestamos poca atención a la vida. Nos mostramos desatentos y negligentes hacia ella, que es la razón del arte. Nos ocupamos de nuestras obras sentados en nuestros despachos, tal como decía Julio Verne. Así ha surgido una enorme cantidad de clichés, una especie de lengua convencional, un extraño esperanto", escribió Andréi Tarkovski en Atrapad la vida. Lecciones de cine para escultores del tiempo.
Ese extraño esperanto es la plantilla Netflix: una lengua hecha de clichés repetidos con planos que no dicen nada porque nadie los está mirando.
A las recomendaciones de Netflix de convertir el guion en un manual explicado en voz alta ya contestó Tarkovski también: “En el cine, los personajes no hablan de lo que hacen y así debe ser".
Quien lo sabe también es la agrupación gaditana que ha interpretado Una chirigota en teoría en el Carnaval de Cádiz. Caracterizados como Stephen Hawking, con silla de ruedas, la postura torcida y la voz robótica, se lanzaron a una apuesta arriesgada en tiempos de policía de lo políticamente correcto.
Y lo que sucede en ese escenario es una muestra de lo que se puede hacer cuando prestas mucha atención a la vida, cuando te muestras de todo menos desatento y negligente hacia ella.
Una chirigota en teoría te obliga a mirar, a escuchar. Nadie te lo va a ir desgranando mientras te sostiene la mano. Es una forma de identidad en su máxima expresión: reivindica quién es sin pedir perdón por ello.
“¿No entiendes lo que está pasando? Pues haz los deberes”, parece querer decir. No se trata de pillar la referencia a Stephen Hawking, sino de comprender qué es el Carnaval y que lo que se despliega en el Gran Teatro Falla es una inversión que nadie pretende recuperar. Es un cachondeo absoluto, una provocación precisa.
Si quieres entender, espabila. Si no, mira el techo.
Pero, sin duda, lo mejor de esta chirigota es su intraducibilidad.
'Una chirigota en teoría'. EFE
La prensa internacional se ha hecho eco del espectáculo, pero es imposible que comprendan lo que está pasando ahí. Ni el mejor filólogo del mundo podría replicar con precisión los dobles sentidos, el contexto, la manera exacta en la que una pausa se convierte en chiste.
Frente al efecto homogeneizante de Netflix, Una chirigota en teoría no renuncia a la complejidad, al contexto y a la identidad. No le preocupa que no entiendas o que no te enteres porque cuenta con que vas a querer hacerlo.
Y eso es justo lo que hace que funcione: la intraducibilidad no es un defecto, es un argumento.
Lo mejor de una lengua difícil de traducir es que, si capta tu atención, te obliga a aprenderla. Y, como decía el obispo Erik Varden, es en ese aprendizaje donde uno descubre que “hay más que decir y otras formas de decirlo".