Dos mujeres en Teherán (Irán) queman la imagen del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en medio de las protestas.

Dos mujeres en Teherán (Irán) queman la imagen del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en medio de las protestas. X

Columnas TIRANDO DEL HILO

Frente al régimen de Irán sólo hay una postura posible

Por mucho que uno pretenda ver la realidad a través de sus gafas ideológicas completamente opacas, posicionarse con el régimen iraní no implica una defensa del antiimperialismo.

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La imagen es tan potente que parece la portada de un disco punk.

Una chica con la raya negra, los rizos al aire, el gesto retador. Un cigarrillo en la boca que se enciende con el fuego de una fotografía en llamas. Una fotografía que muestra el rostro de un dictador. La cara del ayatolá Alí Jamenei.

Hay instantáneas que pasan a formar parte de la historia y esta, tomada en Canadá por una joven iraní exiliada, entrará en el grupo selecto.

No sólo por el atrevimiento, por la temeridad, por el ademán desafiante. Lo hará porque refleja el espíritu de una época, el hartazgo de una generación. La lucha de un pueblo que se ha desprendido del poco miedo que le quedaba.

Las protestas en Irán comenzaron a finales de diciembre por una crisis económica. Por una moneda en caída libre y una inflación que se sitúa en torno al 50%. Por la corrupción, por la mala gestión. Por una juventud desempleada. Por la costumbre diaria de cortes de agua y luz.

Pero no se trata ya sólo de un arrebato ciudadano por una situación económica insostenible. Igual que en 2009, 2017, 2019 o 2022, las protestas han adquirido un marcado carácter político.

Partidarios de grupos armados chiítas iraquíes queman imágenes del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu durante una manifestación en solidaridad con el Gobierno de Irán.

Partidarios de grupos armados chiítas iraquíes queman imágenes del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu durante una manifestación en solidaridad con el Gobierno de Irán. Reuters

Se trata de manifestaciones por una situación vital indeseable. Por una represión brutal. Por un clima asfixiante y por la desesperanza de vivir bajo una teocracia que no da señales de querer llegar a su fin.

El régimen ha bloqueado el acceso a internet, ha cortado las líneas telefónicas. Se habla de cientos de muertos, hay incluso mención de miles, pero nadie sabe con exactitud las cifras reales. La oscuridad informativa es casi total.

Lo que sí se conoce es el aviso que lanzó Jamenei el viernes de la semana pasada. "Que todo el mundo sepa que la República Islámica llegó al poder gracias a la sangre de varios cientos de miles de personas honorables y que no cederá ante quienes lo niegan", afirmó.

Una amenaza clara, un propósito firme. La República Islámica llegó para quedarse y quienes estén en desacuerdo vivirán las consecuencias.

Aun con todo, hay quienes argumentan "pero Israel", "pero Estados Unidos".

"Pero Trump".

Que ponen en duda. Que apartan la mirada. Que abrazan un silencio demencial.

Por mucho que uno pretenda ver la realidad a través de sus gafas ideológicas completamente opacas, posicionarse con el régimen iraní no implica una defensa del antiimperialismo. Ni una protesta contra Donald Trump y sus ínfulas de conquistador.

Tampoco supone una condena del capitalismo ni de todo aquello que, según interpretan a través de estas gafas, está mal en Occidente.

No implica una defensa del pueblo iraní. No entraña una salvaguarda de su derecho a decidir su propio futuro.

La realidad es que guardar silencio o posicionarse abiertamente del lado del régimen iraní significa posicionarse a favor de la opresión y en contra de la justicia.

A favor del miedo y en contra de la libertad.

A favor de la humillación y en contra de la dignidad y los derechos fundamentales.

Significa posicionarse a favor de la mezquindad y en contra de las mujeres, en contra de todo el pueblo iraní. Porque la noción del "antiimperialismo occidental" es muy cómoda cuando son otros los que tienen que vivir con ella.

Cuando son otros los que tienen que vivir bajo un gobierno islámico que, según estima la organización Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, sólo en 2025 llevó a cabo más de 1.500 ejecuciones.

Un hombre muestra un cartel que pide al presidente estadounidense Donald Trump que intervenga en Irán durante una protesta este miércoles en Roma.

Un hombre muestra un cartel que pide al presidente estadounidense Donald Trump que intervenga en Irán durante una protesta este miércoles en Roma. Reuters

Cuando son otras mujeres las que tienen que vivir en un estado que no les permite salir del país sin el permiso de sus maridos ni mostrar el pelo en público.

Cuando son otras niñas las que tienen que vivir en un lugar que permite el matrimonio a partir de los trece años. O ser una de muchas esposas. O ser consideradas penalmente responsables desde los nueve años, mientras que los chicos lo son a partir de los quince años.

No es que los manifestantes en general y las mujeres en particular reclamen una vida extraordinaria. Una ensoñación idílica, imposible de conseguir.

Lo que quieren es "zendegi-e normal". Una "vida normal".

Una vida justa. Una vida libre en la que ningún poder microgestione la intimidad y la vestimenta y, en general, la vida de sus ciudadanos.

Cualquier persona que crea en la dignidad humana y en la igualdad, sobre todo de las mujeres, debería aplaudir su valentía.

Cualquier persona que crea en la justicia debería encenderse un cigarrillo y apoyar su libertad.