Francisco López Rupérez, a la izquierda, y Gregorio Luri, a la derecha.

Francisco López Rupérez, a la izquierda, y Gregorio Luri, a la derecha. EL ESPAÑOL

Observatorio de la Educación

Expertos en educación contra Tolón por culpar a las pantallas de la caída en PISA: "Si fuera por eso, todos los países fracasarían"

Gregorio Luri y Francisco López Rupérez rechazan una causa única y señalan déficits de conocimiento, problemas docentes, desigualdad y mal clima escolar.

Más información: Milagros Tolón tras el desplome de España en el Informe PISA: "La comprensión lectora es la base de todos los problemas"

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Las claves

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Expertos rechazan que las pantallas sean la causa principal del retroceso de España en PISA, señalando que países con alta digitalización obtienen buenos resultados.

Se identifican múltiples factores en la caída educativa: pérdida de conocimientos, empobrecimiento del vocabulario, malestar docente, currículo, dirección de centros y desigualdades familiares.

El deterioro en comprensión lectora y la falta de excelencia preocupan, con cada vez más estudiantes en niveles bajos y menos en los más altos.

Limitar el diagnóstico al uso de pantallas oculta problemas estructurales como la falta de conocimientos, las desigualdades sociales y el contexto escolar.

España ha obtenido en PISA 2025 sus peores resultados históricos en Ciencias, Lectura y Matemáticas.

Tras conocerse el desplome, la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, reconoció que los estudiantes españoles tienen un déficit de comprensión lectora, que definió como "la base de todos los problemas", y apuntó a las pantallas y a los nuevos hábitos de lectura como uno de los factores que explican el retroceso.

El diagnóstico no convence a los expertos consultados por EL ESPAÑOL.

Aunque no descartan que la digitalización pueda afectar al aprendizaje, consideran que presentarla como una explicación central simplifica un deterioro acumulado durante años y deja fuera otros factores determinantes, como la pérdida de conocimientos, el empobrecimiento del vocabulario, el malestar docente, el currículo, la dirección de los centros y las desigualdades familiares.

Gregorio Luri, filósofo, pedagogo, ensayista y autor de La escuela no es un parque de atracciones y Prohibido repetir, considera que alrededor de las pantallas existe "una gran hipocresía", porque permiten construir una explicación sencilla y encontrar un culpable reconocible.

"Es la manera de buscar un enemigo que te facilita las cosas", afirma.

El filósofo, pedagogo y maestro Gregorio Luri, gesticulando durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

El filósofo, pedagogo y maestro Gregorio Luri, gesticulando durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Sara Fernández EL ESPAÑOL

Para cuestionar una relación automática entre tecnología y malos resultados, señala lo que sucede en varios sistemas educativos con una presencia elevada de dispositivos digitales.

"Países que utilizan muchísimas pantallas, como Singapur, Macao, Corea o Estonia, tienen unos muy buenos resultados en competencia lectora", explica Luri. Su razonamiento es sencillo: si las pantallas fueran las responsables de la caída, todos los países que recurren intensamente a ellas también fracasarían.

Luri recuerda, además, que el deterioro de la comprensión lectora no es una fatalidad y que existen territorios capaces de detectarlo y reaccionar.

Por eso advierte contra las conclusiones rápidas: "Todo lo que sea buscar explicaciones simplistas puede ser reconfortante, porque a algunos les ahorra culpa, pero nada más".

Francisco López Rupérez, director de la Cátedra de Políticas Educativas de la Universidad Camilo José Cela y expresidente del Consejo Escolar del Estado, coincide en que las palabras de Tolón ofrecen un diagnóstico incompleto.

"Creo que se trata de una simplificación excesiva e interesada; eso no lo explica todo. Las cosas son más complejas", sostiene.

Francisco López Rupérez, expresidente del Consejo Escolar, en conversación con EL ESPAÑOL

Francisco López Rupérez, expresidente del Consejo Escolar, en conversación con EL ESPAÑOL David Morales EL ESPAÑOL

López Rupérez sí considera necesario estudiar el efecto de la digitalización.

A su juicio, una de las conclusiones provisionales que pueden extraerse de PISA es que quizá la escuela no haya respondido adecuadamente a la irrupción de las pantallas.

"Quizás no hayamos acertado en la respuesta ante la novedad", señala.

También advierte de que el mismo error podría repetirse "con mayor intensidad" si no se afrontan adecuadamente los desafíos de la inteligencia artificial generativa.

Crisis de conocimiento

Tolón situó la comprensión lectora en la base del retroceso, pero Luri sostiene que el origen del problema se encuentra un escalón más abajo: "Lo que está en la base de todos los problemas es la crisis del valor del conocimiento".

El pedagogo cree que durante años se ha cuestionado la importancia de aprender de memoria y se ha restado valor a la adquisición de contenidos. En su opinión, la comprensión lectora no es una competencia independiente que pueda trabajarse de manera aislada.

"La falta de comprensión lectora pone de manifiesto una falta de conocimiento sobre el mundo", explica.

Para comprender un texto, añade, el alumno necesita dominar el vocabulario de alrededor del 90% de sus palabras. Si carece de ese vocabulario, también le faltan conocimientos previos que le permitan interpretar lo que está leyendo.

"Nada sustituye al conocimiento y la crisis lectora es una manifestación de la crisis del conocimiento", resume Luri, quien lleva décadas defendiendo que el fracaso escolar español es "básicamente un fracaso lingüístico".

López Rupérez coincide en la importancia de recuperar la lectura y la escritura como instrumentos para acceder a conocimientos más complejos.

"Son las llaves que nos abren la puerta a un conocimiento estructurado, que desarrollan nuestro intelecto y generan hábitos en la edad escolar que nos acompañarán el resto de nuestra vida", afirma.

Profesores y familias

Los expertos también identifican otras causas que van más allá de los hábitos digitales.

López Rupérez pone el foco en tres factores que, de acuerdo con las investigaciones educativas más sólidas, explican buena parte del rendimiento de los alumnos: el profesorado, el currículo y la dirección escolar.

Como referencia menciona a los países del este asiático. Aunque también han registrado una pequeña caída en esta edición, sostiene que sus políticas actúan sobre la selección y la carrera profesional de los docentes, la exigencia y profundidad del currículo y la profesionalización de los equipos directivos.

Luri añade a este diagnóstico el creciente malestar del profesorado, que relaciona con el elevado número de bajas.

Considera que este fenómeno forma parte del contexto en el que deben interpretarse los resultados de PISA y que no puede quedar oculto detrás del debate sobre el tiempo que los adolescentes pasan frente a una pantalla.

También observa una señal preocupante fuera de las aulas: las familias dedican cada año más recursos a completar la educación de sus hijos.

Para Luri, esto demuestra que muchos hogares han llegado a la conclusión de que la escuela no es suficiente y necesitan recurrir al mercado para complementar la formación que reciben sus hijos.

Esa respuesta agrava las diferencias entre quienes pueden pagar esos complementos y quienes no.

"Si necesitas recurrir al mercado para buscar el complemento que necesitas, es un poco hipócrita hablar de equidad", advierte.

López Rupérez señala igualmente el nivel socioeconómico como la principal variable para explicar las diferencias educativas entre comunidades autónomas, aunque no la única.

A ella suma factores culturales, como la importancia que cada familia concede a la educación y una herencia histórica que se transmite entre generaciones.

Menos excelencia

Más allá del descenso de las puntuaciones medias, López Rupérez considera especialmente preocupante que aumente el porcentaje de estudiantes situado en los niveles bajos y disminuya el de quienes alcanzan los más elevados. Esa combinación, sostiene, perjudica tanto a la igualdad de oportunidades como a la excelencia.

Luri también califica esta situación como un "fallo estructural" y una "espada de Damocles" para el futuro del país.

España no solo tiene dificultades para conseguir que todos sus adolescentes adquieran los conocimientos básicos, sino también para generar porcentajes significativos de alumnos excelentes.

El pedagogo detecta, además, una aparente contradicción en los propios resultados. Mientras España presenta uno de los índices de pertenencia escolar más elevados, un 39% de los alumnos asegura que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas las clases de Ciencias.

A ello se suma que, según señala Luri, alrededor de un 20% encuentra aburridos los nuevos aprendizajes. Además, el 18% de los estudiantes españoles considera que la escuela ha sido una pérdida de tiempo.

"Alguna cosa hay ahí que no cuadra", admite Luri.

Para los dos especialistas, las pantallas pueden formar parte del problema, pero no bastan para explicar el deterioro.

Limitar el diagnóstico a los dispositivos y a los hábitos digitales, advierten, deja en segundo plano la falta de conocimientos, las desigualdades sociales, la situación del profesorado y las condiciones en las que se enseña y se aprende.