Donald Trump habla con los medios mientras sale de la Casa Blanca rumbo a Florida.

Donald Trump habla con los medios mientras sale de la Casa Blanca rumbo a Florida. Nathan Howard Reuters

Oriente Próximo

El plan de Trump para escoltar embarcaciones en Ormuz: dos semanas de bombardeos y cabezas de puente en las islas

La toma de la isla de Jark y de varios enclaves en la costa iraní del Golfo puede suponer un enorme riesgo para las tropas desplegadas, de ahí el enorme enfado de Trump con sus socios de la OTAN, a los que volvió a llamar "cobardes".

Más información: Trump llama "cobardes" a los aliados de la OTAN mientras Reino Unido le abre sus bases para "debilitar" a Irán

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Las claves

Trump planea escoltar embarcaciones en Ormuz mediante dos semanas de bombardeos y la toma de cabezas de puente en la costa iraní, incluyendo la estratégica isla de Jark.

El Pentágono ha solicitado 200.000 millones de dólares para financiar la operación, que podría involucrar a más de 2.500 marines y generar una escalada militar en la región.

El control del Estrecho de Ormuz es clave para el comercio global de petróleo y fertilizantes; cualquier interrupción podría disparar la inflación y afectar la economía mundial.

Trump critica a sus aliados de la OTAN por no sumarse a la operación, mientras la negativa de Irán a negociar eleva el riesgo de un conflicto largo y costoso.

La Casa Blanca parece haber decidido ya que sí enviará tropas a Irán, pese a la oposición interna del movimiento MAGA y a la rotunda negativa que el propio presidente Donald Trump dio en rueda de prensa el pasado jueves.

La idea es crear "cabezas de puente" a lo largo de la costa iraní del estrecho de Ormuz y tomar la Isla de Jark, donde se procesa el 90% del combustible que exporta Irán.

No se sabe aún si para ello bastarán los 2.500 marines movilizados para la operación Furia Épica o si hará falta recurrir a más unidades de las distintas bases estadounidenses repartidas por la región.

Tampoco se sabe exactamente ni cómo ni cuándo se procederá a la toma de estos enclaves estratégicos a lo largo del Golfo Pérsico.

Por si acaso, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, formalizó este jueves la petición al Congreso de 200.000 millones de dólares para financiar la operación.

"Tenemos muchas tropas, tenemos munición ilimitada, tenemos el mejor equipamiento del mundo y estamos diezmando a Irán", presumió este viernes el propio Trump.

Los rumores que han llegado a la prensa estadounidense hablan de algo más de dos semanas de bombardeos intensos sobre esas zonas concretas para después iniciar una operación anfibia.

Trump sigue confiando, como siempre, en que, con la toma de Jark —ya amenazó en su momento con destruir sus instalaciones petrolíferas si el régimen atacaba de nuevo Catar—, los iraníes se sentarán en la mesa de negociación dispuestos a aceptar lo que se les ofrezca.

Es una ensoñación que ya marcó su primer mandato, cuando se salió unilateralmente del acuerdo nuclear entre los ayatolás y Barack Obama solo para intentar firmar él uno mejor.

Durante buena parte de 2019, hizo todo lo posible por llegar a un acuerdo y da la sensación de que todas sus medidas de fuerza han ido desde entonces en ese sentido, incluido el asesinato del general Qasem Soleimani en enero de 2020, el bombardeo a las instalaciones nucleares en junio de 2025 y la actual guerra abierta desde el 28 de febrero.

Los aliados se acercan

No hay evidencia alguna, sin embargo, de que el régimen de Teherán quiera llegar a ningún acuerdo.

Hamás, una milicia terrorista auspiciada por los iraníes, solo cedió después de dos años de brutales bombardeos y, aun así, nadie la ha desalojado del poder en Gaza.

Las declaraciones de los máximos dirigentes iraníes van más bien en el sentido contrario a una negociación: parecen encantados con el intento de invasión terrestre por parte de Estados Unidos.

La captura de la isla de Jark y la instalación militar en territorio iraní supone un riesgo enorme para Estados Unidos. ¿Pueden cumplir su misión con 2.500 tropas de élite? Probablemente, sí, pero esa superioridad ya la dábamos por sentada.

El asunto, como siempre en esta guerra, es qué hacer después. Si Teherán decide no negociar, sino bombardear esas posiciones, sea con misiles o con drones, ¿cuántas bajas estaría dispuesta a tolerar la sociedad civil estadounidense?

De ahí el enorme enfado de Trump con sus socios europeos de la OTAN, a los que volvió a llamar "cobardes" este viernes por su negativa a participar de la llamada "Coalición de Ormuz".

Aunque es cierto que, en los últimos días, parece que las posiciones se van acercando para algún tipo de acción defensiva conjunta, lo cierto es que nadie quiere entrar en guerra abierta con Irán por las represalias que eso pueda acarrear, tanto en forma de ataques a bases militares y delegaciones diplomáticas o mediante la activación de células terroristas.

Inflación disparada

Trump se empeña en repetir que la de Ormuz es una operación sencilla y que Estados Unidos la puede acometer solo o con la ayuda de Israel y las monarquías árabes.

Eso choca con la presión a la que está sometiendo a sus aliados y con cualquier cálculo basado en el sentido común: meterse a intentar controlar el Estrecho solo es factible si la idea es irse cuanto antes.

De tener que quedarse, como decíamos, cualquier soldado instalado se convertiría en un blanco relativamente sencillo.

Ahora bien, tampoco es que Trump tenga muchas más opciones sobre la mesa. O Teherán se rinde o Estados Unidos se va a ver envuelto en un conflicto largo y muy caro.

No puede dejar la operación a medias, con los ayatolás aún en el poder y los chinos y los rusos esperando para ofrecer su ayuda en cuanto desaparezcan los aviones estadounidenses.

Tampoco puede permitir que el Estrecho de Ormuz siga abierto solo para los aliados de Irán, por las implicaciones que eso tendría en los precios de la energía mundial y, por extensión, en la economía estadounidense.

Hay que recordar que Trump hizo de la lucha contra la inflación uno de sus campos de batalla durante la campaña electoral de las presidenciales de 2024 y que ha repetido varias veces que, gracias a él, ahora está por los suelos… pese a seguir en torno al 2-2,5%, más o menos igual que en los últimos meses de la Administración Biden.

Una subida por encima del 4% desplomaría su popularidad, que ya está en mínimos de mandato.

El problema de los fertilizantes

Sea como fuere, cualquier decisión que se tome llegará tarde. Incluso en el caso de que Estados Unidos consiga bombardear y tomar las posiciones costeras iraníes en el Golfo Pérsico y las islas clave para el comercio del petróleo, los barcos aún tardarán un tiempo en volver al estrecho de Ormuz.

Sus dueños —a los que Trump también llamó "cobardes" por no atreverse a ser tiroteados por los iraníes— tendrán problemas con las aseguradoras y necesitarán un tiempo para ver hasta qué punto el comercio vuelve a ser viable.

Más allá de las perspectivas que este tiempo extra pueda deparar sobre el petróleo, hay que tener en cuenta que la gran parte del comercio de fertilizantes pasa por Ormuz y que estamos a punto de entrar en temporada de alta demanda.

Si no se soluciona —y no está claro que estemos ya a tiempo de hacerlo—, la oferta disminuirá, los precios se dispararán y eso repercutirá tanto sobre los agricultores como sobre los consumidores.

La cesta de la compra se hará necesariamente más cara, lo que a su vez empujará también a la inflación hacia arriba.

¿Qué opinarán los republicanos MAGA de todo esto? No parece que, en las filas del Senado y la Cámara de Representantes, Trump esté encontrando mucha oposición, pero el votante es otra cosa y las midterms están a menos de ocho meses vista. Algún conejo tendrá que sacarse Trump de la chistera si no quiere sufrir un descalabro histórico.