Efectivos de los Rangers descienden de un MH-47 Chinook en un ejercicio. DVIDS
Trump contempla lanzar una "misión suicida" para capturar el uranio enriquecido y acabar con la amenaza nuclear iraní
Los servicios de inteligencia estadounidenses estudian una intervención para rescatar el material enriquecido enterrado tras los bombardeos sobre Isfahán. Es una opción de alto riesgo que podría acelerar el fin de la guerra.
Más información: Israel asegura que ha bombardeado el complejo nuclear de Taleghan 2 en las afueras de Teherán.
Es habitual que Donald Trump desconcierte a los periodistas con declaraciones insólitas desde la puerta de su cabina en el avión presidencial. Tampoco defraudó el pasado 7 de marzo, cuando reconoció que no descartaba la posibilidad de capturar el uranio iraní enterrado en las instalaciones de Isfahán.
"Ellos no han sido capaces de ir a por él", dijo, refiriéndose a que los servicios de inteligencia no habían informado sobre su recuperación por los iraníes. "Puede que lo hagamos nosotros. Es algo que podemos hacer más adelante", añadió.
Pero los expertos militares advierten de que una incursión de este tipo podría considerarse una "misión suicida", plagada de riesgos, más extensa y compleja que las recientes victorias de las fuerzas especiales de Estados Unidos e Israel.
El mismo día, el primer ministro Benjamin Netanyahu, se dirigió a la nación para informar de los resultados de la operación León Rugiente desplegada una semana antes con ayuda estadounidense. Señaló que sus objetivos eran desestabilizar al régimen iraní y acabar con la amenaza nuclear.
"En la primera semana de guerra, hemos eliminado al tirano Jamenei", anunció. Aseguró que se habían destruido "edificios gubernamentales, infraestructura atómica, almacenes de misiles" y numerosos objetivos estratégicos.
Se refería, entre otras cosas, al Centro de Tecnología Nuclear ubicado en Isfahán, un complejo industrial de 150.000 hectáreas en el que se producían placas de combustible para reactores atómicos. Las dependencias comprenden un área subterránea donde supuestamente se almacenaba gran cantidad de material enriquecido.
Isfahán fue objeto de bombardeos de precisión durante las operaciones militares de junio de 2025. Las instalaciones sufrieron daños diversos y las imágenes de satélite mostraban que se estaban realizando labores de reconstrucción y camuflaje, pero los servicios de inteligencia informaron que los depósitos subterráneos de uranio seguían intactos.
Imagen aérea del complejo nuclear y de misiles de Isfahán. Reuters
Para eliminar por completo la amenaza era imperativo destruirlos o enterrarlos bajo toneladas de tierra y hormigón que hicieran imposible su uso. Esa fue la misión de los B2 estadounidenses que lanzaron bombas guiadas antibúnker sobre el complejo en los primeros compases de la operación Furia Épica.
Las imágenes obtenidas tras las incursiones indican que las entradas principales a los túneles aparecen cubiertas por escombros. Eso no impediría que una grieta o resquicio permitiera a los iraníes acceder al interior. Para eliminar la amenaza hay que garantizar que esto no pueda ocurrir.
El uranio enriquecido
Para producir una reacción en cadena se precisa 'enriquecer' el elemento con el isótopo U-235. El mineral en su estado natural tiene una concentración muy pequeña, menos del 1%. El combustible empleado en las centrales nucleares requiere llegar hasta un valor comprendido entre el 3% y el 5%.
La fabricación de un arma táctica exige un nivel de enriquecimiento del 90% como mínimo. El proceso es lento, complejo y costoso durante las primeras fases, pero una vez superado el 40%, todo puede ir muy rápido. Los expertos advierten de que pasar del 40% al 90% necesario para usos militares es cuestión de pocos meses.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) distribuyó en febrero un informe entre los estados miembros. En él se describía que Irán almacenaba unos 440 kg con diferentes niveles de enriquecimiento.
"Creemos que, hasta nuestra última inspección, en Isfahán se guardaban poco más de 200 kg al 60%", declaró el director del Organismo, Rafael Grossi, en una comparecencia de prensa celebrada en París el lunes 9 de marzo. De confirmarse la cifra de 440 kg, eso significaría que Irán estaría en disposición de fabricar entre 8 y 10 artefactos en pocas semanas.
Misión suicida
Las imágenes de satélite parecen confirmar las declaraciones iraníes que dicen que el material está "bajo los escombros". Se habría almacenado en forma de gas de hexafluoruro de uranio contenido en cilindros metálicos muy pesados.
Los expertos estiman que serían necesarios entre 30 y 60 bidones y se desconoce si los bombardeos han dañado los contenedores. Si ese fuera el caso, el riesgo de una reacción nuclear en cadena sería alto.
Para extraerlos haría falta bastante más que los Delta Force que capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa en enero. Habría que contar con excavadoras, artificieros, transporte pesado y cientos de efectivos humanos. Todo ello transportado hasta el corazón de Irán, a más de 800 km de la costa más cercana.
La opción más compleja sería extraer el material para transportarlo fuera del alcance de los iraníes. Haría falta movilizar aviones Hércules de transporte y helicópteros Chinook. El dominio del aire es total, pero en tierra se puede esperar una resistencia feroz.
Otra opción más sencilla es enviar unidades de élite para garantizar la destrucción del arsenal. La probabilidad de éxito es mayor, pero el riesgo de contaminación radiactiva o, incluso, de provocar una reacción en cadena no se puede descartar.
Trump se enfrenta a una decisión difícil: enviar una fuerza a ejecutar la misión 'casi imposible' de extraer el uranio o destruirlo, o arriesgarse a dejar el uranio enriquecido al alcance de un régimen descompuesto y humillado por la guerra.