La candidata principal del partido Die Linke para Berlín, Elif Eralp.

La candidata principal del partido Die Linke para Berlín, Elif Eralp. Axel Schmidt Reuters

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La crisis económica empuja a la juventud de Alemania hacia los extremos: Die Linke apunta a la vivienda y AfD, a la inmigración

Ambos partidos movilizan a partir de quejas similares, pero lo hacen de manera distinta. Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental son la prueba.

Más información: Alemania vota por los extremos: AfD gana en Mecklemburgo, Die Linke en Berlín y la CDU no entra en el parlamento regional

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Die Linke triunfó en Berlín con el 25,7% de los votos, mientras que la AfD obtuvo más del 38% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

El voto joven fue clave: el 49% de los berlineses de 25 a 34 años apostó por Die Linke y el 34% de los menores de 25 años de Mecklemburgo eligió la AfD.

Die Linke enfocó su campaña en la vivienda y la cuestión social, mientras que la AfD centró su discurso en la inmigración y la identidad.

El voto joven muestra una tendencia volátil, pero refleja el debilitamiento de los partidos tradicionales y el auge de los extremos en Alemania.

Die Linke y Alternativa para Alemania (AfD) emergieron este domingo como los dos grandes ganadores de las elecciones regionales en Berlín y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. La formación poscomunista arrasó en la ciudad-estado con el 25,7 % de los votos, y la extrema derecha consumó su avance en el land oriental con más del 38 % de las papeletas.

Los resultados enviaron a los democristianos de la CDU a la oposición en Berlín, los expulsaron del Parlamento regional de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y colocaron en el alambre a Friedrich Merz. "Es un resultado dramático", reconoció el canciller, que sigue sin plantear su dimisión. "Sentiremos sus repercusiones durante mucho tiempo".

El triunfo de los extremos respondió, en buena medida, a la postura que adoptaron las nuevas generaciones. En Berlín, el 49 % de los jóvenes de 25 a 34 años escogieron la papeleta de Die Linke. Entre los votantes de 16 a 24 años, el volumen de apoyo se situó en el 43 %. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el 34 % de los menores de 25 años se decantó por la AfD.

Este fenómeno no es nuevo. De hecho, en las elecciones federales de febrero de 2025, ambos fueron los partidos más votados entre los votantes de 18 a 24 años, y en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt de principios de septiembre, concentraron el 61 % de las papeletas en esa franja de edad.

En parte, el diagnóstico de situación que realizan Die Linke y la AfD es común. Decadencia económica, falta de confianza en las instituciones y en los partidos tradicionales, precariedad laboral, crisis de acceso a la vivienda, fatiga por las guerras en Europa y Oriente Próximo y problemas psicológicos derivados.

"Ambos se movilizan a partir de estas quejas y preocupaciones, pero lo hacen de manera distinta", explica por correo Gefjon Off, investigadora y profesora de Ciencia Política y Política Comparada en la Universidad de Hamburgo. "La AfD las utiliza para movilizar en contra de los inmigrantes, mientras que Die Linke no lo hace de forma excluyente".

"Que ahora se atribuya a la AfD o a Die Linke competencia para resolver estos problemas no siempre tiene que ver con que se confíe en que al final vayan a hacer lo correcto", explicaba el investigador Simon Schnetzer, director del estudio Jugend in Deutschland (Juventud en Alemania, en español), en una entrevista con el semanario Die Zeit.

La líder de la AfD, Alice Weidel.

La líder de la AfD, Alice Weidel. Europa Press Europa Press

"En ambos casos se trata de insatisfacción", apuntaba en otra entrevista con el mismo medio el politólogo Marcel Lewandowsky, profesor de Sistemas de Gobierno e Investigación de Políticas en la Universidad Martin Luther de Halle-Wittenberg.

"Die Linke conecta con los jóvenes del Oeste a través de la cuestión social, por ejemplo los altos precios del alquiler. La AfD lo consigue en el Este a través de la cuestión de la identidad. Se centra en la migración y logra transmitir la sensación de que las biografías del este de Alemania tienden a ser ignoradas", apuntaba.

Die Linke consiguió hacer bandera de los problemas de la vida cotidiana. El partido convirtió la expropiación de las grandes empresas inmobiliarias en su punta de lanza de campaña. Como resultado, el 37 % de los berlineses consideraron que los herederos de los comunistas que gobernaron la RDA eran competentes en esta materia.

La AfD siguió una estrategia similar en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Convirtió el encarecimiento de la vida, la energía y la seguridad en sus principales reclamos, aunque explotó su gran tema: la inmigración. Y eso que sólo 6,5 % de la población de Mecklemburgo-Pomerania Occidental es de origen extranjero, el tercer porcentaje más bajo del país.

Die Linke también recogió sus frutos en este land. A diferencia de la CDU, que cosechó su peor resultado en unas elecciones regionales en la historia de la República Federal, la formación poscomunista logró mantener su representación en el Parlamento regional con el 6,5 % de los votos y cinco escaños, y podría resultar decisiva para que el SPD forme Gobierno.

"Existe una brecha entre el ámbito urbano y el rural: la juventud urbana tiende a votar más a la izquierda y la juventud rural más a la derecha, aunque no más a la derecha que la población de mediana edad", señala en este sentido la propia Off.

La brecha de género es también significativa. En Berlín, el 51 % de las votantes escogió la papeleta de la candidata de Die Linke, Elif Eralp, nacida en Múnich en 1981, en el seno de una familia de sindicalistas turcos exiliados tras el golpe de Estado de 1980.

Ines Schwerdtner, Gregor Gysi, Jan van Aken y Heidi Reichinnek, durante un acto de campaña de Die Linke en Berlín.

Ines Schwerdtner, Gregor Gysi, Jan van Aken y Heidi Reichinnek, durante un acto de campaña de Die Linke en Berlín. Christian Mang Reuters

Lewandowsky explicaba en Die Zeit que una razón era el modelo de familia y de mujer que defiende la AfD, porque algunos hombres jóvenes se sienten amenazados por la disolución de los roles tradicionales: "La derecha radical les ofrece una explicación sencilla: el problema no sois vosotros, sino el feminismo".

El politólogo Nils Steiner ofrece otra tesis complementaria: las redes sociales. "Mujeres y hombres se mueven allí a menudo en culturas muy distintas, lo que moldea sus puntos de vista de manera diferente, un ejemplo es la manosfera", explicaba en una entrevista con el diario Handelsblatt.

En conversación con este periódico, Steiner puntualiza que "la AfD no es especialmente un 'partido de jóvenes': de hecho, obtiene incluso mejores resultados entre los grupos de mediana edad que entre los votantes más jóvenes".

"Más bien, el apoyo a la AfD entre la juventud se concentra en segmentos particulares: se trata de hombres jóvenes con niveles más bajos de educación formal, especialmente en zonas rurales", explica el investigador del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz.

"Estos hombres tienden a sostener posturas más conservadoras y son más propensos que las mujeres y los hombres con mayor nivel educativo a percibirse a sí mismos como perjudicados por el cambio social", añade.

En cambio, Steiner subraya que Die Linke "cuenta claramente con su apoyo más fuerte entre los votantes jóvenes, especialmente entre las mujeres jóvenes", por poner énfasis "en temas socioeconómicos que afectan directamente a las nuevas generaciones, de los cuales los más notables son los alquileres elevados y la asequibilidad de la vivienda".

El trabajo de Die Linke en este frente viene de lejos. Entre septiembre de 2024 y septiembre de 2026, el partido ha más que triplicado su número de afiliados. Entonces tenía 7.518 y hoy acumula 24.400. Una buena parte tiene entre 21 y 35 años. Sólo en la sección de Berlín, el partido ha pasado de contar unos 7.000 a más de 19.000.

Off concluye, sin embargo, que "el voto de los jóvenes es en general un poco más volátil debido a su menor vinculación partidista", y por lo tanto, su impresión es "que este cambio probablemente no sea permanente".

El canciller alemán, Friedrich Merz, durante la reunión de su gabinete.

El canciller alemán, Friedrich Merz, durante la reunión de su gabinete. Lisi Niesner Reuters

Nils coincide, en parte, con el análisis de Off. "Los votantes más jóvenes tienden a mostrar un apego partidista relativamente débil, y su comportamiento de voto es bastante volátil. El notable ascenso de Die Linke entre los votantes jóvenes demuestra por sí mismo lo rápido que puede cambiar el apoyo a un partido", apunta.

Pero considera que existen razones para pensar que parte de este cambio es estructural. "En mi investigación sobre todas las elecciones federales alemanas desde 1949, observo que el relevo generacional ha contribuido al declive a largo plazo de los Volksparteien tradicionales: la CDU/CSU y el SPD son más débiles entre las generaciones más recientes".