El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha asistido como invitado de honor al discurso sobre el estado de la UE de Von der Leyen este miércoles en Estrasburgo

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha asistido como invitado de honor al discurso sobre el estado de la UE de Von der Leyen este miércoles en Estrasburgo Parlamento Europeo

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Von der Leyen descoloca a la UE al ofrecer a Canadá ser su primer "miembro asociado": no consultó previamente con los 27

La oferta de la presidenta de la Comisión genera "más preguntas que respuestas" entre los Estados miembros.

Los europeos coinciden en querer acercarse a Canadá, pero ven difícil su integración en el mercado común.

Más información: Von der Leyen propone crear un Consejo de Seguridad Europeo con Canadá o Ucrania como alternativa a Trump

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Ursula von der Leyen propone que Canadá sea el primer "miembro asociado" de la UE, sin consultar previamente con los 27 Estados miembros.

La oferta busca reforzar la cooperación ante la desconfianza hacia EE.UU. bajo la presidencia de Donald Trump.

La propuesta, que también incluye un Consejo de Seguridad Europeo con aliados como Reino Unido y Noruega, genera dudas y reservas en varias capitales europeas.

El estatus de "miembro asociado" para Canadá carece de precedentes y podría complicar las relaciones comerciales y políticas dentro de la UE.

Cuando todo parecía ajustarse al aburrido guion previsto, Ursula von der Leyen ha dado el campanazo en su sexto discurso sobre el estado de la Unión al proponer convertir a Canadá en el primer "miembro asociado" de la UE, un paso más en su búsqueda de alianzas alternativas a los Estados Unidos de Donald Trump, al que ya no se considera un socio fiable en Bruselas.

La oferta de la presidenta de la Comisión al primer ministro canadiense, Mark Carney, invitado de honor en Estrasburgo, ha descolocado a las capitales europeas. Existe consenso sobre la conveniencia de estrechar los lazos con Ottawa, pero no sobre la oportunidad de darle un encaje institucional privilegiado dentro de la UE.

También ha suscitado reservas la propuesta del Consejo de Seguridad Europeo, un nuevo foro para responder a las crisis y coordinarse sin Trump, que reuniría al máximo nivel a los líderes de la UE junto a aliados estrechos como Reino Unido, Canadá, Noruega y Ucrania.

"¿Cómo será exactamente? ¿Lo queremos de verdad? Las propuestas de Von der Leyen sobre Canadá y el Consejo de Seguridad Europeo generan más preguntas que respuestas", se queja a EL ESPAÑOL un diplomático europeo.

El estatuto de "miembro asociado" de la UE lo sugirió por primera vez Canadá -que acaba de entrar en una guerra arancelaria abierta con Trump- en un artículo publicado durante el fin de semana en el WSJ y basado en fuentes anónimas.

Pero, antes de partir hacia Estrasburgo, Carney rebajó la propuesta ya que se trata de una figura que no existe en el derecho comunitario y habló en su lugar de construir una "alianza única" con la UE.

Cuando parecía que todo iba a quedar en otra referencia vaga a estrechar relaciones en un discurso eterno, Von der Leyen ha recogido el guante y ha convertido la idea en una oferta explícita: "Me gustaría trabajar con usted para abrir la puerta a que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE", le ha dicho a Carney.

"Se trata de una asociación que no va en contra nadie, sino en favor de nuestra fuerza común", sostiene la presidenta de la Comisión.

Al mismo tiempo, sus palabras delatan que este acercamiento sin precedentes responde a la presión que ejerce Trump sobre sus supuestos aliados. "Creemos que ese poder no pertenece a los más fuertes, los más ricos o los más estridentes, sino a todos nosotros", ha señalado Von der Leyen.

"Los Gobiernos ya habían hablado de elevar la asociación con Canadá a otro nivel. Pero varios países han advertido de que hay que gestionar las expectativas, porque habrá muchas dificultades para integrarla en el mercado único", avisa el diplomático.

"La cuestión de fondo es que todos queremos estrechar la cooperación con Canadá y, en principio, también estamos abiertos a explorar nuevos formatos. Está todavía por decidir cómo serán exactamente y qué nombre recibirán", explica a este periódico un segundo alto funcionario comunitario.

Desde la Comisión Europea explican que el estatuto de "miembro asociado" se ha pensado porque Canadá nunca podrá ser socio de pleno derecho de la UE al no ser un país europeo. Es decir, en ningún caso podrá votar en las decisiones que se tomen en Bruselas, aunque sí podría participar en las discusiones si se le aplica un modelo similar al de Noruega en el Espacio Económico Europeo.

El acuerdo entre la UE y Ottawa para que las empresas canadienses puedan participar en igualdad de condiciones en los préstamos del fondo de defensa SAFE podría servir como precedente de esta cooperación reforzada, sostienen en Bruselas.

Sin embargo, todavía hay 10 Estados miembros -entre ellos Italia, Francia y Polonia- que no han ratificado el Acuerdo de Libre Comercio entre la UE y Canadá (CETA, en jerga bruselense), pese a que se firmó hace ya una década. Un retraso que deja a la vista los obstáculos que afrontará cualquier intento de dar un salto adelante en las relaciones entre Bruselas y Ottawa.

Algunos países europeos ya mantienen relaciones específicas con la UE. Noruega, Islandia y Liechtenstein forman parte del Espacio Económico Europeo, lo que les garantiza, en la práctica, acceso al mercado único.

Suiza, que no pertenece ni a la UE ni al EEE, mantiene su propia red de acuerdos bilaterales con Bruselas, que le otorgan derechos pero también obligaciones. Por su parte, Reino Unido sigue tratando de redefinir su relación con la UE una década después del Brexit.

El canciller alemán Friedrich Merz llegó a proponer el estatus de "miembro asociado" para Ucrania como paso intermedio hacia la adhesión, pero tampoco precisó entonces qué implicaría exactamente.

El problema es que, precisamente en sus negociaciones con Londres, la UE siempre ha hecho bandera de su rechazo a las relaciones a la carta. Ofrecer ahora a Canadá un encaje privilegiado reabre, por tanto, una cuestión que la UE había tratado de cerrar con Reino Unido.

Y hay otra dificultad: el factor Trump. En Bruselas temen que una asociación privilegiada con Canadá, uno de los principales rivales de Washington en la guerra comercial, termine irritando todavía más al presidente estadounidense.