Un periodista junto a soldados y técnicos forenses en la apertura de la fosa común de Izyum (Járkov).

Un periodista junto a soldados y técnicos forenses en la apertura de la fosa común de Izyum (Járkov). María Senovilla

Europa

Qué prepara Ucrania para el Día de la Independencia: cierra el frente para toda la prensa internacional

El Ejército de Zelenski podría estar preparando un 'golpe de efecto', tal y como hizo el año pasado cuando lanzó la contraofensiva de Járkov.

23 agosto, 2023 01:53
Kramatorsk

La viceministra de Defensa de Ucrania, Hanna Malyar, culpaba este lunes a la prensa internacional de los bombardeos rusos que ha sufrido uno de sus batallones de élite en el frente de combate de Zaporiyia. "El precio de los titulares, sobre el lugar donde trabajaba la 82ª Brigada, ha sido de cinco ataques aéreos", cargaba.

La reputada 82ª Brigada de Asalto se incorporaba hace pocos días a la ofensiva ucraniana en el frente sur, y varios medios internacionales se hacían eco de la noticia. Lo cierto es que este tipo de noticias no son una novedad. Los profesionales de la información trabajamos a diario en las posiciones militares ucranianas, codo con codo con los soldados, para poder informar del curso de la guerra. Y este tipo de crónicas son frecuentes.

Pero en esta ocasión, desde el Gobierno de Zelenski no han dudado en señalar con el dedo a los periodistas como los causantes del fuerte ataque contra dicha unidad. ¿Las consecuencias? El cierre temporal de la zona de hostilidades para la prensa desde el pasado domingo por la noche.

Un fotoperiodista en la primera línea de Bakhmut, muy cerca de las posiciones rusas, esta primavera.

Un fotoperiodista en la primera línea de Bakhmut, muy cerca de las posiciones rusas, esta primavera. María Senovilla

La viceministra recordaba, además, que "la difusión no autorizada de dicha información está sujeta a responsabilidad penal en virtud del artículo 114-2 del Código Penal", que citaba íntegro: "La difusión de información sobre el movimiento, desplazamiento o ubicación de las Fuerzas Armadas de Ucrania u otras formaciones militares constituidas de conformidad con las leyes de Ucrania, si es posible identificarlas sobre el terreno, si dicha información no estaba a disposición del público por el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania, el Ministerio de Defensa de Ucrania u otros órganos estatales autorizados, cometida en régimen de Ley Marcial o estado de excepción se castigará con pena de prisión de cinco a ocho años".

La guerra de la información

La noticia sobre el despliegue de la 82ª Brigada de Asalto Aéreo se replicó rápidamente en los medios rusos, aunque con un tono más pesimista –como era de esperar–. En medios afines al Kremlin, como Sputnik, no dudaron en señalar que "no era suficiente para cambiar la suerte de Kiev", pero reconocían sus altas capacidades.

Esta brigada, que ha sido entrenada por las fuerzas armadas de varios países de la OTAN, es una de las que están equipadas con el armamento occidental –que hasta ahora hemos visto con cuentagotas–, entre los que se incluyen los carros de combate británicos Challenger, o los blindados alemanes Marder para el transporte de tropas de infantería.

Sacando pecho, los medios afines al Kremlin aseguraron que las tropas rusas fueron capaces de repeler los envites de la 82 en Robotyno –ciudad de Zaporiyia que, finalmente, ha sido recuperada por las tropas ucranianas en las últimas horas–. Publicaron también que lograron matar a "200 de sus soldados, y destruir cinco tanques, ocho vehículos blindados de infantería y dos cañones". Cifras que el Estado Mayor ucraniano ha desmentido.

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La guerra de la información y la batalla por el control del relato están muy presentes en este conflicto desde sus inicios. El control de la información es un arma más en todas las guerras de las que hay constancia, desde la antigüedad. Pero también es cierto que a la prensa se nos permitía movernos con mucha libertad en suelo ucraniano, hasta ahora.

Kiev necesita que el relato de lo que está sucediendo desde que empezó la invasión rusa llegue a Occidente, llegue a los ciudadanos de los países que les brindan su apoyo militar y económico. Y esa libertad de movimientos que hemos tenido los periodistas ha servido para mantener ese flujo de información vivo, y evitar que esta guerra se convierta en uno de esos conflictos crónicos –y olvidados– que asolan a medio planeta.

Por eso sorprende la respuesta tan extrema que ha dado el Mando de Operaciones, cerrándonos el acceso a la zona de hostilidades de todos los frentes de combate. Y cabe pensar si no hay más motivos, como por ejemplo que las Fuerzas Armadas ucranianas estén aprovechando este impasse para dar un 'golpe de efecto' a la contraofensiva, implementado nuevas operaciones.

Un aniversario sospechoso

Hace justo un año, y coincidiendo también con el Día de la Independencia –que se celebra cada 24 de agosto desde 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética y Ucrania decidió emprender su propio camino como Estado soberano–, Zelenski decretó tres días de confinamiento obligatorio para la población civil. En aquel entonces, argumentó que había un riesgo más que plausible de que se produjeran bombardeos masivos en diferentes ciudades.

Un profesional de la información documenta un bombardeo ruso sobre la ciudad de Sloviansk.

Un profesional de la información documenta un bombardeo ruso sobre la ciudad de Sloviansk. María Senovilla

Pero en la ciudad de Járkov, durante esos tres días en los que no había miradas indiscretas en las calles ni viajes por carretera, el Ejército movilizó sus vehículos de combate y su artillería, y se preparó todo para lanzar la contraofensiva de otoño cinco días después. No sería de extrañar que este año intentaran repetir la gesta.

Hasta la fecha, apenas hemos visto en el campo de batalla ese armamento pesado occidental que ha entrado por la frontera de Polonia durante los últimos meses. Y es mucho para no haber sido visto: miles de vehículos de combate y cientos de miles de rondas de municiones, además de los hombres que han sido adiestrados en países como Alemania, Reino Unido e incluso España.

La contraofensiva arrancó oficialmente a principios de junio, pero tras un accidentado inicio en Zaporiyia –donde se toparon con unas defensas rusas extremadamente fortificadas y protegidas con campos de minas–, recalculaban su estrategia y la intensidad de las operaciones.

Tras agónicas semanas de guerra de desgaste y bajas –especialmente en ese frente sur– esta semana el ejército ucraniano lograba abrir brecha en dirección de Robotyno y superar esos letales campos de minas hasta las posiciones rusas. Gracias, en parte, a la entrada en escena de la citada 82ª Brigada y su armamento occidental.

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Por eso no sería de extrañar que Zelenski intensifique la presión en todos los frentes de combate en este momento, impidiendo así a Rusia reorganizarse en los territorios ocupados e implementar tropas de refresco en el frente sur. Y todo eso cuando se cumple año y medio exacto de invasión y se celebra el Día de la Independencia.

El periodismo no necesita tutela

Pese a las declaraciones de la viceministra Malyar y a los lamentables ataques aéreos –que también se producen habitualmente en el frente de Donetsk sin que se señale a la prensa por ello–, los periodistas que estamos especializados en conflictos armados, y que hemos trabajado en otras guerras y con otros ejércitos, sabemos hacer nuestro trabajo sin poner en peligro la vida de nadie.

Sabemos que bajo ningún concepto se debe publicar la ubicación de tropas o arsenales armamentísticos, ni tampoco los detalles estratégicos de las operaciones en curso. De hacerlo, pondríamos una diana sobre los soldados y les podría costar la vida. Y ningún titular vale una vida.

Cuando comenzó la invasión a gran escala, llegó a Ucrania una auténtica avalancha de profesionales de la información para cubrir la primera gran guerra de Europa del siglo XXI. Y como es lógico, no todos estaban especializados en un tema tan complejo como el de cubrir un conflicto armado. Pero es que el Ejército ucraniano tampoco estaba formado para tratar con la prensa.

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A lo largo de este año y medio de guerra, han profesionalizado su departamento de prensa a una velocidad récord –sin duda asesorados por las fuerzas armadas de otros países aliados–, y han formado a decenas de oficiales de prensa para que nos faciliten el acceso hasta el frente de combate y hasta los propios combatientes.

Hasta hoy, eso nos ha permitido informar de una manera veraz y detallada, desde las mismas entrañas del infierno en muchos casos, pero mostrando la realidad de la guerra. Y si este cierre continúa durante mucho tiempo, va a ser muy complicado seguir informando de forma rigurosa. Porque para eso hay que ir al frente, ver lo que sucede con nuestros propios ojos y no depender de los comunicados oficiales de uno y otro bando.