Manifestación en Berlín en solidaridad con Rojava, el Kurdistán sirio.

Manifestación en Berlín en solidaridad con Rojava, el Kurdistán sirio. Reuters

Europa Guerra en Siria

Alemania teme 'importar' la guerra de Erdogan en Siria: escenas de tensión en varias ciudades

Peleas entre pro-kurdos y nacionalistas turcos por la intervención militar.

25 octubre, 2019 03:45
Berlín

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Apenas horas después de que comenzara la invasión militar de Turquía en el Kurdistán sirio, varios miles de personas desfilaban en Berlín manifestándose en solidaridad con Rojava. Restos de esa manifestación son pintadas como la que luce uno de los portales de Kottbusser Damm, una de las arterias para el tráfico en el multicultural distrito berlinés de Neukölln. En la pintada se lee aún en inglés "Rise up for Rojava, Defend Rojava" o "Levántate por Rojava, defiende a Rojava".

A escasos metros de allí comenzó la tensión entre manifestantes pro-kurdos y un grupo de nacionalistas turcos el día de la manifestación que recorrió esta zona de Berlín, apodada la "pequeña Estambul" de Alemania. La minoría turca bien pudiera parecer mayoría en esta zona de la capital germana. Y por aquí pasaron en esa manifestación los militantes pro-kurdos con sus pancartas en contra de la intervención turca, la salida de esa región de los militares estadounidenses ordenada por Donald Trump y la pasividad de los principales países de la Unión Europea, sobre todo Alemania. Ver mensajes escritos por militantes de extrema izquierda en esas pancartas en los que se leían cosas como "Bombardead a Erdogan, no a Rojava" no gustó a más de uno en Kottbusser Damm.

"Un grupo de jóvenes empezó a gritar a quienes desfilaban en la manifestación. Lo hicieron para provocar. Sí, fue tenso, aunque la cosa no fue a más", cuenta a EL ESPAÑOL Alí, un joven trabajador de un restaurante de comida árabe situado en Kottbusser Damm. Esos jóvenes eran "turcos nacionalistas", según la descripción de los hechos relatada por el diario berlinés Der Tagesspiegel. La cosa no fue a mayores, pero "hubo lanzamiento de botellas" y a punto estuvo de originarse una pelea. "En los forcejos, un kurdo robó presuntamente a un policía -presente en el cortejo para velar por la seguridad de los manifestantes- un cargador del arma reglamentaria del agente que se había perdido", cuenta el periódico generalista de la capital.

La situación en Berlín no degeneró. Pero no pasó lo mismo en la ciudad de Herne, una población de 155.000 habitantes del oeste germano. Allí, una pequeña manifestación que apenas movilizó a unos 350 militantes pro-kurdos se produjo una pelea en un escenario idéntico al de Kottbusser Damm. Hubo cinco heridos, según ha informado la Agencia France-Presse. Después de que a los manifestantes les provocaran nacionalistas turcos con gritos y el lanzamiento de objetos desde un establecimiento de venta de bebidas cercano, un grupo de manifestantes tomó represalias.

Colonia, Stuttgart y Bottrop son otras de las ciudades alemanas que estos días han vivido momentos tensos a cuenta de manifestaciones pro-kurdas y en contra de Erdogan. En este contexto, también ha habido defensores de la iniciativa militar del presidente turco que han salido a la calle para mostrar su apoyo. Más allá de las pancartas, a Alemania le toca estos días darse cuenta de lo mucho que le afecta la política exterior de Erdogan.

No en vano, la minoría turca es el mayor colectivo que reside en Alemania. La componen casi 1,5 millones de individuos, según datos oficiales. Esas personas, sumadas a las que son alemanas de orígenes turcos forman una comunidad de unos tres millones. Para los kurdos, sin embargo, no hay estimaciones fiables. En cualquier caso, la convivencia de ambas comunidades se ve ahora en Alemania como un riesgo en materia de seguridad.

Riesgo de que la situación "empeore"

"La intervención es un desafío, porque hay un riesgo que las manifestaciones, por ejemplo, dejen de ser pacíficas y de que ese conflicto militar que ocurre lejos de Alemania tenga repercusiones negativas que hagan que aquí la situación empeore", dice a EL ESPAÑOL Marcel Dirsus, experto del Instituto para Política de Seguridad en la Universidad de Kiel.

Así, las autoridades germanas están movilizadas estos días para garantizar la seguridad, en especial la de la comunidad turca. Desde las más altas instancias gubernamentales, incluso, se ha escuchado lanzar a la ministra de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, la jefa de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y supuesta 'heredera' de la canciller Angela Merkel, una idea para pacificar la situación en el norte de Siria. A saber, la creación de una "zona de seguridad internacional en cooperación con Turquía y Rusia", según los términos de Kramp-Karrenbauer.

En Berlín, Ibrahim Murad, representante kurdo en Alemania de los "territorios autónomos del Norte y el Este de Siria", comenta a este periódico que tanto manifestantes y policías le están informando a "menudo de los que los nacionalistas turcos provocan a la gente en las manifestaciones". "Yo hago un llamamiento para que los kurdos que viven aquí que no se dejen provocar", afirma. Su mensaje, sin embargo, no evita que, cada día que los kurdos salen la calle para manifestarse, como hicieron de nuevo el pasado fin de semana, se viva una cierta tensión que confirma, por ejemplo, Christina, una vecina alemana de Kreuzberg, distrito donde también se encuentra la "pequeña Estambul de Berlín".

"No existe un debate público abierto, en el que se pueda participar y en el que se puedan ver los argumentos de uno y otro lado. Lo que se sabe es que si hay una manifestación de kurdos suele haber situaciones tensas", explica Christina a EL ESPAÑOL mientras toma una cerveza en la improvisada cerrada de un local de bebidas que tiene abierto hasta bien entrada la noche.

Frente a ese establecimiento, en el bar Bei Schlawinchen, uno de esos típicos y antiguos pubs berlineses en los que aún se respira un fuerte olor a tabaco, el camarero no quiere oír hablar de las tensiones que vive el barrio debido a la intervención militar turca. "No me importa una mierda (sic) las manifestaciones de los kurdos ni los nacionalistas turcos. ¡Que se vayan a su país a pelear!", exclama a EL ESPAÑOL enervado el barman, un hombre de pelo y barba largos, brazos tatuados, vestido con un chaleco de cuero y que debe rondar los 50 años.

"Eso es lo que piensa alguien de clase muy baja que está harto de ver noticias sobre gente que viene de fuera a crear problemas aquí", trata de explicar educadamente a este diario uno de los clientes del bar cuando nada hace pensar que kurdos y turcos vayan a dejar de ser noticia por la guerra en Siria.