La sede de la Eurocámara en Estrasburgo

La sede de la Eurocámara en Estrasburgo Parlamento Europeo

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El auge de los ultras y otras cuatro claves a tener en cuenta en las elecciones a la Eurocámara

Los jefes de Estado y de Gobierno celebran una cumbre extraordinaria el 28 de mayo para lanzar el reparto de altos cargos.

Bruselas

Las elecciones a la Eurocámara que se celebran este domingo en la mayoría de Estados miembros (ya han votado holandeses, británicos, irlandeses, checos, letones, malteses y eslovacos) suponen una nueva prueba de resistencia para la UE tras una década de crisis encadenadas: financiera, de deuda, de refugiados o de seguridad. La primera clave a la que hay que estar atentos es la tasa de participación, que no ha parado de caer desde los primeros comicios de 1979, hasta el 42,6% en 2014. ¿Se traducirá el momento crítico que vive el proyecto europeo en un aumento de la desafección o en más movilización ciudadana?

Lo más exótico de las elecciones quizá sea el resultado en Reino Unido. Si se hubieran respetado los planes y los plazos previstos, los británicos estarían ya fuera de la UE. De hecho, los líderes europeos ya habían aprobado reducir la talla de la Eurocámara de 751 a 705 escaños: España ganaba 5 eurodiputados. Todo esto se ha puesto en el congelador. El brexit se aplaza al menos hasta el 31 de octubre, Reino Unido votó el pasado jueves y sigue de momento en el Parlamento y Theresa May acaba de dimitir por el fracaso de su estrategia. Las encuestas le dan la victoria al Partido del Brexit de Nigel Farage, seguido de los liberales (partidarios de quedarse en la UE), mientras que laboristas y sobre todo tories se desploman.

Estas son las cinco claves a tener en cuenta para entender las elecciones europeas de este domingo, de cuyo resultado depende el rumbo a corto y medio plazo de la Unión Europea. Unos comicios existenciales en los que las fuerzas europeístas se enfrentan al auge de la derecha radical populista, que cuestiona el proyecto de integración comunitaria. Las primeras proyecciones sobre la composición de la Eurocámara basadas en encuestas empezarán a conocerse a partir de las 20:15 de la noche.

¿Logrará la derecha radical populista suficientes votos para bloquear la UE?

La principal novedad de esta convocatoria es que los partidos de derecha radical populista ya no aspiran a sacar a sus respectivos países de la UE, como sí ocurría en 2014. El caos del brexit ha servido de vacuna contra cualquier tentación de salida. El programa conjunto que comparten ahora estas fuerzas es reformar (o más bien demoler) la Unión desde dentro, devolviendo la soberanía a los Estados nación. Según el promedio de encuestas, estos partidos euroescépticos -que ahora están divididos en tres grupos diferentes en la Eurocámara (cuatro si tenemos en cuenta que el Fidesz de Viktor Orbán sigue en el Partido Popular Europeo)- podrían sumar hasta 173 escaños, el 23% del total.

El porcentaje todavía está lejos del tercio de los eurodiputados, el umbral que permitiría a los populistas bloquear las grandes decisiones de la UE. Pero es suficiente para obstaculizar y ralentizar el funcionamiento del Parlamento. La gran incógnita ahora es si estas fuerzas serán capaces de unirse en un supergrupo único. Es lo que intenta hacer desde hace meses el viceprimer ministro italiano, Matteo Salvini, líder de La Liga. De momento, sin éxito. Dos de los grandes partidos, el Fidesz de Orbán y el polaco Ley y Justicia de Jaroslaw Kaczynski, se resisten a sumarse. Tampoco se ha definido Vox, al que cortejaban todos los ultras de la UE pero cuyas expectativas electorales se han desinflado.

Dos son los factores principales que indican que la unidad será imposible. Por un lado la figura de Marine Le Pen, aliada estrecha de Salvini pero personaje tóxico para otros como Orbán por su vinculación indeleble con la ultraderecha más dura. Por otro, las diferencias de estos partidos sobre Rusia. Salvini, Orbán o Le Pen defienden estrechar las relaciones con Vladimir Putin. Pero para los polacos de Ley y Justicia o los ultras bálticos y suecos, Moscú sigue siendo una amenaza existencial.

¿Se romperá la gran coalición entre populares y socialistas?

Por primera vez, el Partido Popular Europeo y el Partido de los Socialistas Europeos no lograrán sumar la mayoría de los escaños. Se quedan en 318 eurodiputados, el 42% del total, y necesitarán del apoyo de liberales (97) y/o de los verdes (53) para apuntalar una gran coalición europeísta que dé estabilidad a la Eurocámara y actúe como muro de contención frente a la explosión populista. Los liberales (grupo al que está adscrito Ciudadanos) y La República en Marcha de Emmanuel Macron, se convierten así en claves en la nueva legislatura, lo que dispara su influencia en el reparto de altos cargos.

El escenario más probable es que se repita la gran coalición con el añadido de los liberales. Pero desde los dos grandes partidos han surgido voces que apuestan por configurar nuevas alianzas. Orbán ha pedido al PPE que rompa con los socialistas y se alíe con la derecha radical y antiinmigración de Salvini, una opción que defiende también el italiano Silvio Berlusconi. Sin embargo, esta alternativa ha perdido muchos puntos tras la caída del Gobierno austríaco de coalición entre populares y ultras, que les servía como modelo. El vicecanciller Heinz-Christian Strache, del ultra FPÖ, tuvo que dimitir la semana pasada por un escándalo de corrupción vinculado a Rusia. El primer ministro Sebastian Kurz, del PPE, intenta ahora marcar distancias con la derecha radical de cara a las elecciones anticipadas que se celebran en otoño.

También el candidato socialista a presidir la Comisión, el holandés Frans Timmermans, pide acabar con la gran coalición con el argumento de que sólo ha servido para perpetuar el poder de los conservadores en Europa. El PPE ocupa la presidencia del Ejecutivo comunitario ininterrumpidamente desde 2004 y del Consejo Europeo desde que el puesto se creó en 2009. Timmermans aboga por una alianza alternativa que iría "de Macron a Tsipras", es decir, desde los liberales a la izquierda radical, dejando fuera al PPE. ¿Tiene posibilidades esta propuesta? De momento, el partido de  Timmermans han ganado por sorpresa las europeas en Holanda derrotando a los ultras, según las encuestas a pie de urna. Si los socialistas se quedan muy cerca de los populares en número de escaños, no puede descartarse esta opción.

¿Quién llegará a presidente de la Comisión?

Si hiciéramos caso de las encuestas, el sucesor de Jean-Claude Juncker sería sin duda el democristiano alemán Manfred Weber (46 años). Es el candidato del Partido Popular Europeo, que ganará las elecciones con 171 escaños (el 23%) y cuenta además con el apoyo cualificado de la canciller Angela Merkel. Pero en Bruselas nadie cree en sus posibilidades. El más crítico es el francés Macron, que no quiere que la Eurocámara arrebate a los líderes europeos su prerrogativa de designar al candidato y cree que Weber no reúne las cualidades requeridas para el cargo. El alemán apenas es conocido ni en su propio país y jamás ha ejercido un puesto ejecutivo en ningún nivel de Gobierno: la mayor parte de su carrera la ha pasado en la Eurocámara.

Entre los candidatos declarados, la única con alguna posibilidad es la todopoderosa comisaria de Competencia, Margrethe Vestager (51 años), candidata de los liberales. A su favor juega también que hay pocas aspirantes mujeres y los líderes se han comprometido a respetar el equilibrio de género. Sus opciones dependen en gran medida de que tenga el apoyo de Macron, liberal como ella. Pero también puede ser que surja un candidato tapado que no ha participado en el proceso de los Spitzenkandidaten. El que tendría más posibilidades es el negociador de la UE para el brexit, el conservador francés Michel Barnier (68 años), que se ha ganado la confianza tanto de la Eurocámara como de los jefes de Estado y de Gobierno.

La cosa se complica porque la elección del sucesor de Juncker se decidirá como parte de un paquete más amplio de altos cargos que deben renovarse: presidencia del Consejo Europeo (ahora ocupada por Donald Tusk), presidencia de la Eurocámara (Antonio Tajani), presidencia del Banco Central Europeo (Mario Draghi) y jefatura de la diplomacia europea (Federica Mogherini). Tusk ha convocado una cumbre extraordinaria de líderes europeos para el martes 28 de mayo cuyo objetivo parece ser bloquear la candidatura de Weber y perfilar el reparto. La decisión final está prevista para el Consejo Europeo del 20 y 21 de junio.

¿Será por fin el momento de las mujeres en altos cargos de la UE?

En el reparto de altos cargos, los líderes europeos tienen que respetar una serie de equilibrios: geográficos (norte/sur, este/oeste), ideológicos (populares, socialistas y ahora liberales), de tamaño (países grandes/pequeños) y también de género. Tusk ya ha dicho que el equilibrio de género -que supondría que al menos dos de los cinco altos cargos fueran para mujeres- será "difícil de lograr", dando a entender que no hay suficientes candidatas.

Lo cierto es que los líderes europeos han incumplido sistemáticamente su promesa de aumentar la presencia de mujeres en la cúpula de la UE. Hasta ahora, ninguna mujer ha sido presidenta de la Comisión, ni del Consejo Europeo (desde que es un puesto permanente) ni del BCE. Alrededor de 70 dirigentes europeos -entre los que están el comisario Miguel Arias Cañete; el candidato de Ciudadanos a las europeas, Luis Garicano; o la secretaria de Estado de la España global, Irene Lozano- han firmado una carta reclamando que se respete el equilibrio de género.

"Una representación igualitaria interesa a todo el mundo. No es un problema de las mujeres. Algunos todavía actúan como si las mujeres fueran una minoría. Las mujeres no son una minoría", dice la misiva. Contra lo que dice Tusk, sí que hay mujeres que podrían ejercer altos cargos de la UE. Desde la canciller Merkel (que ha dicho que no está interesada) hasta la propia Vestager, pasando por la ex presidenta lituana, Dalia Grybauskaité, la ex comisaria búlgara Kristalina Georgieva; o la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.

¿Recuperará España el poder perdido en la UE?

España se encontrará tras el 26-M con una oportunidad histórica para poder recuperar el poder perdido en la Unión Europea debido a la crisis económica y a la desidia de los últimos Gobiernos. La victoria clara de Pedro Sánchez en las elecciones del 28 de abril le ha convertido en referente de todos los socialistas europeos. Además, si se confirman las encuestas, el PSOE se convertirá en la primera fuerza dentro del grupo socialista en la Eurocámara, por delante del SPD alemán. Con Reino Unido de salida y la deriva populista del Gobierno de Italia, España pasa a ser aliado imprescindible del eje París-Berlín. El escenario no puede resultar más propicio para corregir la infrarrepresentación de nuestro país en las instituciones comunitarias. 

El problema es que Sánchez no parece tener candidatos para ocupar los cargos más importantes: ni la presidencia de la Comisión, ni la del Consejo ni la del BCE (un puesto de todas formas imposible porque Luis de Guindos ya es vicepresidente). En principio, el puesto que mejor encaja con el candidato socialista, Josep Borrell, es el de Alto Representante para la Política Exterior, un cargo con nulo poder y escasa influencia ya que las decisiones en esta materia se adoptan por unanimidad y la voz cantante la llevan París, Berlín y hasta ahora Londres. En Bruselas se habla también de una supervicepresidencia económica de la Comisión para la ministra de Economía, Nadia Calviño. ¿Será al final una oportunidad perdida para España?