Berlusconi , en una imagen de archivo

Berlusconi , en una imagen de archivo

Europa Italia

La resurrección de Berlusconi como látigo de la ultraderecha: "Hay que arrinconarlos"

El Cavaliere se presenta a las europeas para intentar rebajar el liderazgo de Salvini y reconstruir el centroderecha. 

Roma

Con un Gobierno tan anómalo como el que preside en Italia Giuseppe Conte – resultado de la coalición entre el Movimiento 5 Estrellas (Luigi Di Maio) y la Liga (Matteo Salvini) –, pensar hoy en Silvio Berlusconi es como añorar inesperadamente los viejos tiempos de la segunda república italiana (1992-2018). Donde no estaba en juego ni el populismo, ni la defensa de la Unión Eurpea. Pero esos tiempos, en Italia, por el momento, no van a volver.

El Cavaliere, quien cumple oficialmente 25 años desde la fundación de su partido Forza Italia, hoy asegura que "nunca le ha gustado la política". Sin embargo, su protagonismo incombustible le está llevando a presentarse a las próximas elecciones europeas del 26 de mayo aunque su formación sea solamente la cuarta más votada de Italia. En un clima político donde el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga discuten a diario – literal – aun siendo socios de Gobierno; Berlusconi, a sus 82 años, quien hace bien poco tuvo que pasar por el hospital por una complicación, no quiere renunciar a su cuota política para decirle a los italianos, desde el centro-derecha, que Italia se juega su papel en Europa.

Pero las encuestas no están de su parte. Según la media de los sondeos de las últimas semanas, la Liga de Matteo Salvini obtendría el 31,6% de los votos, seguida del Movimiento 5 Estrellas (22,3%) de Di Maio, del Partido Democrático (21,4%) de Nicola Zingaretti, de Forza Italia (9,6%) de Silvio Berlusconi y Hermanos de Italia (5,2%) de Giorgia Meloni. Así las cosas, los actuales socios de Gobierno obtendrían más de la mitad de los consensos nacionales. Todo ello, aunque Di Maio y Salvini, cual dos prime donne, discutan a diario por quién es la verdadera protagonista de la obra teatral que tienen que representar ante los italianos. 

¿Y dónde queda Berlusconi en este escenario? El propietario del holding Fininvest quiere jugar, aunque sea en la retaguardia, al desgaste. Dado los continuos rifirrafes entre M5E y Liga, y donde el PD del recién estrenado Zingaretti podría aumentar los votos de su partido (18% en las generales del 2018) a costa de los grillinos de Di Maio; Berlusconi pretende hacer lo mismo con la Liga.

Objetivo: unir al centroderecha

De conseguirlo, algo muy difícil, obtendría tres objetivos: rebajar el liderazgo de un cada vez más polémico Matteo Salvini, hacer que el jefe de la Liga se plantee sustituir el M5E por una coalición de centro-derecha, y que la suma de los partidos europeístas suponga una debacle de los populistas en Italia. Los tres escenarios, para Berlusconi, resultarían prácticamente imposibles. 

"Hoy nos jugamos una resolución de la situación muy grave", explicó esta semana en una entrevista en la cadena La 7 (Corriere della Sera). Según el ex primer ministro, "los partidos soberanistas, cuando lleguen a Europa [tras las próximas elecciones europeas] se darán cuenta de los problemas existentes y estarán arrinconados porque no pertenecerán a ninguna de las dos grandes familias europeas: ni el Partido Socialista Europeo (PSE) ni el Partido Popular Europeo (PPE)".

El objetivo último, para el político, sería romper la sintonía entre ambas formaciones moderadas y crear una gran coalición de centro-derecha en el Parlamento Europeo con el PPE como protagonista: apoyado por los democristianos, los liberales y, en última instancia, los populistas. Así pues, Berlusconi vuelve a presentarse a los italianos como el defensor del europeísmo en Italia y de la moderación en la Unión Europea. 

Berlusconi y Salvini, en una imagen archivo.

Berlusconi y Salvini, en una imagen archivo. Reuters

El magnate arremetió contra el Ejecutivo del que su aliado natural, la Liga, es protagonista: "Tenemos un Gobierno de personas inexpertas, incapaces, sin preparación y que no saben qué es la administración pública", refiriéndose sobre todo al M5E.

Sin embargo, en relación a la propuesta de ley que querría aprobar el Gobierno en materia de conflicto de intereses; quien en su día fuera primer ministro a la vez que propietario de tres cadenas de televisión nacionales, asegura que se trata de una medida "ridícula e inconstitucional" porque impide la "igualdad de derechos y deberes a todos los ciudadanos frente a la ley". Sostiene Berlusconi que "es importante ganar las elecciones europeas para desmantelar este Gobierno nocivo para los italianos".    

Siempre dispuesto a volver

El Cavaliere  se presentó a las elecciones legislativas de 1994 en un momento de desgaste generalizado de la clase política itálica. A principios de los noventa, un equipo de fiscales de Milán investigó la financiación ilegal de partidos como la Democracia Cristiana, en primera línea de Gobierno durante más de 40 años. Los principales partidos estuvieron vinculados con la corrupción, la extorsión y la financiación ilegal.

Mientras Cosa Nostra se llevaba la vida de los magistrados Falcone y Borsellino, Roma experimentaba cómo el histórico Partido Comunista Italiano dejaba de tener el peso que tenía tras la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética. El sistema de alianzas parlamentarias que regía a Italia desde 1948 había quebrado. Fue entonces cuando, en un célebre mensaje televisado, como si de un jefe del Estado se tratara, Berlusconi pronunció: “He decidido bajar al terreno de juego y ocuparme de lo público porque quiero vivir en un país liberal, que no sea gobernado por fuerzas inmaduras y por hombres vinculados a un pasado fracasado política y económicamente”, dijo el entonces presidente y propietario del equipo de fútbol AC Milan. 

Años después de estas palabras, Berlusconi siempre está dispuesto a volver, aunque insista en que a él "nunca le ha gustado la política". Un personaje político tan controvertido como Silvio Berlusconi nunca ha estado exento de polémica, tanto desde un punto de vista público, como moral. Sin embargo, sigue presentándose como una suerte de "mal menor", necesario ante el riesgo de que una Italia populista pierda aún más su proptagonismo como miembro fundador de la Unión Europea. 

Pero en los tiempos actuales, donde los políticos contemporáneos tienen sus propios altavoces en las redes sociales; hasta el propio Berlusconi admite, en relación a ellas, que él ya "es de otra generación". Al final va a ser verdad que el populismo digital también se ha apoderado casi por completo de la opinión pública del país con forma de bota. Y que Berlusconi, magnate de la comunicación en su país, no podrá hacer nada para "sacar" a sus compatriotas del 'momento Donald Trump' a la italiana.