Una persona posa su brazo sobre un enfermo que se encuentra ingresado.

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Europa MUERTE DIGNA

Holanda declara la guerra a la "eutanasia en polvo" sin receta

El Gobierno quiere pararle los pies a Última Voluntad, una cooperativa que entrega a sus miembros Middel X, un producto para sus socios que les permite poner fin a sus vidas cuando quieran.

La cooperativa holandesa Última Voluntad (CLW, en neerlandés) seguirá entregando a sus miembros Middel X, conocido como "eutanasia en polvo", para permitirles poner fin a sus vidas cuando decidan, a pesar de las advertencias del Gobierno, que la calificó de "indeseable, irresponsable e incluso punible".

"El Gobierno quiere pararnos, pero sabe que todo lo que estamos haciendo está dentro de la ley. Vendemos un producto y damos una información que está disponible ya en la red a nuestros miembros. No hacemos absolutamente nada ilegal", insiste, en declaraciones a Efe, Petra de Jong, portavoz de CLW.

En septiembre del año pasado, Última Voluntad anunció que había encontrado un polvo que está legalmente disponible en el mercado y que, en la cantidad correcta, llevaría a una muerte digna si esta ha sido "negada" por los médicos al considerarla injustificada.

El anuncio causó una avalancha de críticas de médicos, expertos y partidos políticos, pero también llevó a un aumento del número de miembros de la cooperativa, que pasó de 3.500 a más de 20.000 socios a finales de año, según su presidente, Jos van Wijk.

Esta cooperativa exige ser miembro de la misma y una permanencia mínima de seis meses a las personas que desean obtener el conocido como "polvo suicida" para poner fin a sus vidas.

Ingredientes secretos

Según el protocolo oficial, los miembros de CLW tienen una asignación de 2 gramos de este producto, lo suficiente para terminar con una vida, que es almacenado en un casillero asegurado con un escáner de huellas digitales y que solo puede abrir el socio en cuestión, el único que está autorizado a ingerir este polvo.

Esta sustancia, tomada en la cantidad especificada, provoca trastornos en el ritmo cardíaco y por consiguiente la muerte, aunque según Van Wijk, puede tener efectos secundarios como vértigos, náuseas o dolores de cabeza, antes de que la persona fallezca.

Sin embargo, antes de tener acceso a este químico mortal, cuyos ingredientes son totalmente secretos para todos sus usuarios por motivos de seguridad, los miembros deben acudir a una sesión informativa que ofrece esta cooperativa para evitar suicidios.

Los usuarios deben indicar durante su registro en CLW "qué es lo que quieren hacer" con el polvo y por qué, advierte la cooperativa, que también recuerda que si la explicación no es convincente, no se les suministrará este producto.

"Los médicos prometen a las personas con demencia, enfermedades terminales o sufrimiento psicológico la eutanasia al final de su proceso de enfermedad, pero cuando llega el momento, el médico deja que su paciente estalle", explica Van Wijk, para justificar la existencia de CLW.

El presidente de la cooperativa advierte de que esto no es un negocio para obtener beneficios, porque sus productos se venden a precio de coste, sino que CLW se basa en su convicción de que todas las personas "merecen" una muerte digna.

Enfrentamiento con el Gobierno

Mientras que el Gobierno anterior consideraba que no había motivos alarmantes para tomar medidas contra CLW, el Ejecutivo actual declaró la guerra esta semana a la cooperativa y aseguró que hará lo posible para su cierre.

El propio ministro de Sanidad, Hugo de Jonge, se comprometió a informar de los avances logrados en un plazo máximo de un mes y advirtió de que se estudiará si la cooperativa ha cometido algún delito con la venta del polvo suicida, antes de tomar cualquier decisión legal en su contra.

El ministro aseguró tener una "sensación incómoda" con la existencia de CLW y le parece "aterrador" que la gente pueda tener este polvo en su hogar.

Según indicó a Efe la portavoz de CLW, la presión actual sobre la cooperativa se debe a las "quejas de Unión Cristiana", uno de los partidos de la coalición gubernamental, que -lamentó- no quiere que sigan funcionando por cuestiones ideológicas, a pesar de saber que "no se está cometiendo ninguna ilegalidad", porque su producto es de venta libre en el mercado.

Middel X cuesta 180 euros. Con esto no solo se paga el producto letal y la caja de seguridad, sino que la cooperativa se reserva un porcentaje del precio de venta para cuestiones legales, porque prevé que haya casos judiciales en su contra.

"Como un adulto en Holanda, puedes pensar y hacer lo que quieras, pero no puedes irte de esta vida. O sí, pero de una manera horrible, tirándote a las vías del tren. Hay que dejar que la gente decida por sí misma y darle todas las opciones posibles", concluye Van Wijk, de 69 años.