La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi.

La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi. Guglielmo Mangiapane Reuters

Asia

Putin hace de Tokio un nido de espías y empuja a Japón a pedir ayuda a sus socios para crear una agencia de inteligencia

Los agentes del servicio secreto ruso buscan hacer contrabando de piezas para equipar misiles contra Ucrania, según The New York Times y The Insider.

Más información: Japón elimina las restricciones a la exportación de sistemas de armamento militar y se abre al mercado global.

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Las claves

Las claves

Tokio se ha convertido en un centro clave para espías rusos que buscan tecnología japonesa para armamento, aprovechando la falta de una agencia de inteligencia centralizada y leyes estrictas contra el espionaje.

El 90% de las armas rusas emplean piezas japonesas, especialmente componentes electrónicos de precisión usados en misiles y drones que Rusia utiliza contra Ucrania.

Las operaciones rusas en Tokio están lideradas por el GRU, cuyos agentes usan tapaderas como la aerolínea Aeroflot y empresas de logística para exportar tecnología de doble uso a Rusia vía terceros países.

Japón, ante la presión internacional y las evidencias de contrabando de tecnología, ha iniciado un plan para crear una agencia de inteligencia centralizada con ayuda de socios como EEUU, Australia y Alemania.

Autores como John Le Carré inmortalizaron a Berlín o Viena como capitales del espionaje durante los años de la Guerra Fría. Tras la invasión de Ucrania, Londres es, seguramente, la ciudad europea que lidera el ranking de presencia de los servicios de inteligencia rusos.

Sin embargo, en los últimos tiempos, Tokio se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los agentes de Moscú. Es el supermercado en el que se surten de todo tipo de componentes electrónicos de precisión que guían a los misiles y drones que Rusia lanza contra Ucrania.

Hay una razón tecnológica evidente: Japón es una potencia mundial en electrónica avanzada y de precisión. Pero hay otra más relevante para Moscú: Tokio carece de Servicios de Inteligencia centralizados y no tiene una ley contra el espionaje como hay en los países occidentales. Es el santuario seguro donde los espías pueden campar a sus anchas.

El comisionado del presidente ucraniano para la Política de Sanciones, Vladislav Vlasyuk, declaró en mayo a la agencia de noticias japonesa Kyodo que "el 90 % de las armas rusas emplean piezas japonesas". Se refiere, sobre todo, a componentes de guiado para misiles y drones.

Las autoridades ucranianas han suministrado a las niponas evidencias físicas de que circuitos y componentes fabricados por reconocidas firmas de su país se habían utilizado en armamento empleado contra la población civil en Ucrania. En todos los casos se trataron de elementos de tecnología de doble uso cuya exportación está prohibida a Rusia.

The New York Times y The Insider, medio disidente ruso afincado en Riga, han seguido las pistas para desenmascarar las actividades de los espías de Moscú en Tokio. Lo han hecho en estrecha colaboración con las autoridades ucranianas y unidades de varios Servicios de Inteligencia, cuya identidad se ha mantenido en secreto.

El núcleo de las operaciones en Tokio radica en el 20.º Directorado, una unidad secreta perteneciente al Directorado Principal del Estado Mayor ruso, conocido como GRU. Sus oficiales se hacen pasar por diplomáticos, empresarios o empleados rusos y se dedican a robar o comprar tecnología japonesa de doble uso para introducirla de contrabando en Rusia.

Las oficinas de la línea aérea estatal rusa Aeroflot han servido de tapadera de espías rusos desde la época soviética.

Las oficinas de la línea aérea estatal rusa Aeroflot han servido de tapadera de espías rusos desde la época soviética. Maxim Zmeyev Reuters.

Siempre según los medios citados, al frente del 20.º Directorado en Tokio está Maksim Filchenkov, de 49 años, un veterano oficial del GRU que figura como empleado de la aerolínea estatal rusa Aeroflot. Filchenkov llegó a su puesto en Tokio en febrero de 2024. Ya estuvo destinado en Japón antes, donde tejió una red de relaciones con empresas de logística que transportan mercancías hacia Rusia.

The Insider confirmó la afiliación de Filchenkov: su primera dirección postal correspondía a la residencia de estudiantes de la Academia Diplomática Militar del GRU. Era la misma que la de Anatoly Chepiga, uno de los espías que participaron en el envenenamiento del disidente ruso Sergei Skripal en el Reino Unido en 2018. El análisis de los registros de aparcamiento del coche de Filchenkov demuestra que frecuentaba la sede del GRU.

Desde la época soviética, Aeroflot ha sido una tapadera habitual de las actividades de espionaje de Moscú en todas sus delegaciones mundiales. De hecho, la línea aérea no opera actualmente desde Tokio. Sus vuelos de pasajeros a Japón están suspendidos debido a las sanciones. Sin embargo, mantiene una oficina abierta y sus actividades se limitan a gestiones administrativas con sus socios comerciales de carga.

Siguiendo esa pista, los investigadores llegaron a la empresa Proco Air, una pequeña agencia de gestión de mercancías que se ocupa de contratar transporte desde Tokio a destinos a los que sí llega Aeroflot, como Vietnam, Sri Lanka o Uzbekistán, entre otros.

El medio consiguió entrevistar al propietario de la agencia, Takehiko Miki, quien declaró que conocía a Filchenkov desde 2018. Negó saber que el funcionario ruso estuviera envuelto en actividades de espionaje. También negó categóricamente que su empresa se dedicara a mover mercancías prohibidas o de doble uso.

Para demostrarlo, el señor Miki mostró algunas facturas de exportaciones de material sanitario y cosméticos a Sri Lanka. Para no divulgar quiénes eran sus clientes, trató de tachar con bolígrafo el nombre del destinatario de la mercancía, pero eso no impidió a los periodistas comprobar que se trataba de R-Pharm, empresa farmacéutica ligada a Alexei Repik.

Alexei Repik, fundador de R-Pharm, reunido con el presidente Vladímir Putin en el Kremlin. Foto de archivo.

Alexei Repik, fundador de R-Pharm, reunido con el presidente Vladímir Putin en el Kremlin. Foto de archivo. Presidencia de Rusia.

Repik está sancionado por Reino Unido, Australia y Canadá debido a sus lazos con el presidente Vladímir Putin. Japón no tiene interpuestas sanciones contra él o su compañía, por lo que Proco Air no comete ninguna irregularidad al enviar mercancía a ese destinatario.

A partir de estos datos, es fácil reconstruir el itinerario de los materiales: Filchenkov y sus agentes compran productos perfectamente legales en Japón. Los exportan como mercancía de otra naturaleza a través de agentes como Proco Air a países donde no hay demasiados controles aduaneros. Allí, una oficina de Aeroflot, o una empresa amiga los recoge y los embarca rumbo a Moscú.

Algunos datos que refuerzan esta teoría: el mayor destinatario de productos tecnológicos japoneses de doble uso es Vietnam. Este país es, a su vez, el mayor exportador de tecnología sensible a Rusia.

La postura oficial japonesa

Ucrania ha denunciado oficialmente al Ministerio de Exteriores japonés estas prácticas en numerosas ocasiones. Funcionarios de Kiev aseguran que, desde abril de 2025, han enviado al menos 16 notificaciones oficiales conteniendo imágenes que acreditan la presencia de piezas japonesas en armas rusas.

También han enviado evidencias a grandes corporaciones de aquel país, como Nippon Electric Corporation (NEC), Panasonic o Toshiba. Todas niegan haber suministrado directamente los componentes a fabricantes rusos y aseguran que cumplen estrictamente con lo legislado en materia de tecnología de doble uso.

Algunos Gobiernos occidentales han advertido a las autoridades niponas sobre las fórmulas empleadas por el espionaje ruso para soslayar las sanciones. También se han facilitado listas de organizaciones que, como Proco Air, han podido contribuir consciente o inconscientemente al contrabando de estos materiales.

La posición japonesa respecto al conflicto en Ucrania es claramente favorable a Kiev. En enero, por ejemplo, la Policía de Tokio detuvo a un ciudadano ruso que se hacía pasar por ucraniano por robar información tecnológica en una empresa de fabricación de maquinaria de precisión.

El grave problema, es que Japón no tiene una legislación adecuada para combatir el espionaje y solo puede abordar casos como este desde la violación de las leyes de la competencia.

Los problemas de Japón en materia de Inteligencia se remontan a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota, el formidable aparato de seguridad nacional fue desmantelado y EEUU se hizo cargo del ámbito de la inteligencia exterior.

A nivel interno, la corriente pacifista anuló cualquier intento de restablecer una agencia centralizada de espionaje independiente. El recuerdo de los excesos cometidos por la Tokko, la Policía secreta imperial, se impuso.

El resultado fue que cada organismo: Policía, Ministerio de Defensa y Ministerio de Exteriores, creó su propia agencia de información. Los más de 33.000 funcionarios que hoy trabajan para la seguridad de la nación lo hacen en compartimentos estancos, sin una unidad que coordine y regule el flujo de información o priorice las decisiones.

Cuando el primer ministro Shinzo Abe llegó al poder en 2013, se propuso revertir muchas de las restricciones impuestas tras la Segunda Guerra Mundial. Instauró un Consejo de Seguridad Nacional y un secretariado al estilo estadounidense. También abanderó una ley nacional de secretos de Estado.

Un visitante atiende la demostración de alta tecnología en el evento SoftBank Woild de Tokio.

Un visitante atiende la demostración de alta tecnología en el evento SoftBank Woild de Tokio. Rodrigo Reyes Marín. EFE.

La actual primera ministra, Sanae Takaichi, heredera política de Abe, comparte con su mentor la visión de que Japón había invertido demasiado tiempo en pedir perdón por las atrocidades cometidas en la guerra en lugar de reconstruir sus fuerzas de seguridad. Las amenazas a las que se enfrenta hoy no son despreciables: Rusia, Corea del Norte y China.

Japón ha emprendido un ambicioso plan para construir una agencia de Inteligencia centralizada y ha recurrido a sus socios occidentales en busca de ayuda para lograrlo. En los últimos meses, los líderes nipones se han dirigido en privado a aliados como EEUU, Australia y Alemania para solicitar asesoramiento sobre tecnología, contratación de personal y otras materias.

Takaichi, una líder de línea dura que abandera la visión de un Japón "fuerte y próspero", ya ha revertido las prohibiciones a la exportación de armas y ha impulsado el mayor rearme militar del país desde la posguerra.