La embajadora de EEUU en Grecia, Kimberly Guilfoyle, durante la visita del secretario de Estado, Marco Rubio, a la oficina del primer ministro en Atenas, Grecia. Reuters
La embajadora de Trump en Grecia pidió 100.000 dólares a un empresario a cambio de favores: "Cariño, por favor"
Los mensajes de Kimberly Guilfoyle pillaron a su jefe, Marco Rubio, de visita oficial en el país.
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Cien mil dólares. Era lo que necesitaba Kimberly Guilfoyle, la actual embajadora de Donald Trump en Grecia. Tenía una deuda con American Express y una cita inminente ante el Senado para defender su candidatura. Para pagarla, recurrió a un empresario ofreciéndole un intercambio de favores. Le aseguró que podían hacerlo sin dejar rastro.
Faltaban seis días para aquella comparecencia. Era julio de 2025. La antigua prometida de Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente, todavía debía conseguir el visto bueno para ocupar la embajada.
Su interlocutor era Eric Deters, un empresario con problemas fiscales y judiciales en Estados Unidos. Llevaba años pagando a Guilfoyle por sus intervenciones en actos políticos. Ahora esperaba que ella utilizara sus contactos para ayudarle a resolverlos.
La petición aparece entre los cientos de mensajes, correos y cartas examinados por The Wall Street Journal. Guilfoyle envió a Deters un PDF con instrucciones para transferir el dinero directamente a American Express. "Cariño, por favor, necesito que me lo soluciones hoy", le escribió.
Las conversaciones se produjeron por Signal, una aplicación de mensajería cifrada. "No aparecerá en ningún sitio si transfieres el dinero a American Express", insistió. Deters asegura que se negó a pagar. Hacerlo, le respondió, le habría costado su matrimonio.
Deters es un empresario republicano y donante de Trump. Había intentado llegar al Congreso por Kentucky y organizaba un encuentro político llamado Freedom Fest. Por allí pasaban miembros del entorno del presidente, entre ellos Guilfoyle. Deters asegura que le pagó 300.000 dólares durante varios años por participar en esos actos.
También quería que ella le consiguiera una entrevista con Tucker Carlson. El antiguo presentador de Fox News es una de las voces más influyentes de la derecha estadounidense. Si Guilfoyle lograba llevarle a su programa, Deters estaba dispuesto a pagarle un millón de dólares.
Guilfoyle contactó con personas cercanas a Carlson para intentar conseguirlo. El presentador aseguró que nunca había oído hablar de Deters y que ella no decidía a quién entrevistaba.
El abogado de Guilfoyle, Jesse Binnall, cuestiona la autenticidad de los mensajes, aunque no ha concretado cuáles. Su explicación para el dinero es otra: a Guilfoyle todavía le debían parte de los gastos de viaje y de sus intervenciones en actos anteriores a su candidatura. Deters asegura que no tenía ninguna deuda con ella.
Que no quede por escrito
Para ayudar al empresario con lo de Hacienda, la actual embajadora escribió a Billy Long, entonces jefe del IRS, la agencia tributaria estadounidense. Le recordó que Deters era muy amigo suyo y de Donald Trump Jr. Después envió al empresario copia de sus mensajes. También le fue contando sus gestiones con el Departamento de Justicia.
Los pagos, eso sí, prefería mantenerlos en privado. En enero de 2025, cuando Trump ya la había propuesto para la embajada, Guilfoyle le recriminó que hubiera hablado de dinero con el productor de su pódcast. Aquello podía dejarla sin el puesto. Le pidió que dejara de poner sus acuerdos por escrito.
Guilfoyle no era precisamente una mujer sin ingresos. Solo su pódcast le había reportado unos 770.000 dólares, según la declaración financiera que presentó en 2025. También tenía participaciones en empresas valoradas en millones. Y deudas importantes: una hipoteca de entre uno y cinco millones de dólares, un préstamo para un barco y un crédito bancario.
El documento no permite saber cuánto dinero tenía disponible entonces para saldar la deuda con American Express.
La embajada, al final, la consiguió. El Senado dio el visto bueno a su nombramiento el 18 de septiembre de 2025. En noviembre se instaló en Atenas.
Rubio cierra filas
Los mensajes han pillado a su jefe, Marco Rubio, de visita oficial en Grecia. El secretario de Estado, responsable de la diplomacia estadounidense, había elogiado el miércoles el trabajo de Guilfoyle y de la embajada.
Al día siguiente, con la embajadora a su lado, le preguntaron por los mensajes. Dijo que no sabía si eran ciertos. Tampoco aclaró si abriría una investigación. Desde la embajada salieron en su defensa: aseguraron que representa a los estadounidenses con "dedicación e integridad".
El vicepresidente, J. D. Vance, también ha respondido. Rechaza que se venda acceso a altos cargos, pero ha pedido conocer todos los hechos antes de pronunciarse sobre el caso.
Deters ha reiterado en televisión que hubo una propuesta de intercambio de dinero por ayuda política. Dice que no pagó porque no tenía dinero. Lo de su mujer era una excusa, admite ahora.
Según fuentes citadas por CBS, a la Casa Blanca le comunicaron que los mensajes eran auténticos.
Guilfoyle ya tenía otro frente abierto. Como contó EL ESPAÑOL, sus gestiones para promover el gas estadounidense en los Balcanes habían levantado sospechas. Habría presumido de que Washington podía derribar gobiernos, con Rumanía como ejemplo. Su defensa cuestionó ese relato. También se cuestionaba si había favorecido a empresas privadas desde la embajada.
Varios demócratas, entre ellos la senadora Jeanne Shaheen y el congresista Gregory Meeks, han pedido que se investigue la conducta de Guilfoyle. Las primeras reclamaciones eran por el caso del gas. Los mensajes sobre los 100.000 dólares han añadido peticiones de investigación penal y de destitución. El congresista Don Beyer reclama, además, que sea procesada si cometió un delito.
Robert Garcia, principal demócrata de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, ha solicitado también sus registros financieros y las comunicaciones con Deters y responsables de la Administración desde 2024.
Las preguntas llegan también desde su propio partido. El senador republicano Thom Tillis considera que Guilfoyle debe dar explicaciones y que los hechos podrían justificar su destitución. Aunque le concede el beneficio de la duda.
El Daily Mail asegura que hay una investigación interna sobre la embajada. Cita cinco fuentes anónimas. La Oficina del Inspector General, que supervisa al Departamento de Estado, estaría examinando los vuelos privados, los vínculos con empresas, los regalos y las denuncias sobre el trato al personal. La oficina ni confirma ni desmiente la pesquisa.
Guilfoyle quería que le pagaran la tarjeta sin dejar rastro.
Ahora sus propios mensajes amenazan con costarle la embajada.