El vicepresidente JD Vance habla en la convención republicana de Dallas.

El vicepresidente JD Vance habla en la convención republicana de Dallas. REUTERS/Callaghan O'Hare

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Vance se perfila como heredero de Trump en la convención republicana: "Primero las 'midterms', luego ya veremos"

Donald Trump obliga a los republicanos a jurar que votarán por él en las legislativas y "harán trampas" si hace falta.

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Corresponsal en EEUU
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Las claves
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JD Vance protagonizó la convención republicana en Dallas y se perfila como posible heredero de Trump, aunque evitó confirmar su candidatura para 2028.

Donald Trump pidió a sus seguidores que fingieran que su nombre está en las papeletas de las próximas elecciones legislativas y reiteró su promesa de dar 5.000 dólares a cada adulto si los republicanos ganan.

Durante la convención, Vance apeló a la herencia estadounidense y lanzó fuertes críticas contra los demócratas, además de protagonizar momentos de tensión con manifestantes.

El evento estuvo marcado por símbolos patrióticos, homenajes a figuras republicanas y un cierre que reafirmó el liderazgo de Trump dentro del partido.

Una lluvia de globos rojos, blancos, azules y dorados cerró la convención republicana en el American Airlines Center de Dallas. El tenor Christopher Macchio interpretaba America the Beautiful. Donald Trump, en el centro del escenario, sonreía y se balanceaba al ritmo de la música.

Detrás, decenas de mujeres —perfectamente maquilladas y casi todas vestidas de rojo, blanco o azul— completaban una escenografía MAGA coordinada hasta el último detalle. JD Vance, que acababa de protagonizar la intervención principal, ya había abandonado el escenario.

El vicepresidente había llegado a la última noche rodeado de preguntas sobre 2028. No era un lanzamiento oficial —la convención estaba dedicada a las legislativas de noviembre—, pero su intervención le ofrecía el mayor escaparate hasta ahora para hablar sobre el día de después.

El público intentó ayudar. Una voz lanzó “¡48!” desde la grada y otras se sumaron, en referencia al número que corresponderá al próximo presidente de Estados Unidos. Vance sonrió y aparcó el asunto: "Primero tenemos que ocuparnos de noviembre; después, veremos".

La sucesión podía esperar. Minutos más tarde, Trump entraba al ritmo de God Bless the USA y pedía a los votantes que fingieran que era su nombre el que figuraba en las papeletas del 3 de noviembre.

Vance juega al despiste

El ensayo había comenzado mucho antes del discurso. Vance pasó parte del día reuniéndose con delegados de estados disputados y encabezó una recaudación de fondos para el partido. Sobre el escenario, sin embargo, no hubo anuncio.

Trump no ha designado sucesor y el vicepresidente eligió el equilibrio más seguro: parecer preparado sin parecer impaciente. Noviembre primero. El jefe esperaba entre bastidores.

Otra herencia sí apareció en su discurso. Durante la jornada, el pabellón permaneció en silencio mientras la voz de Charlie Kirk volvía a escucharse en un vídeo de cinco minutos.

Asistentes a la convención republicana de Dallas.

Asistentes a la convención republicana de Dallas. REUTERS/Eric Lee

Vance recordó que, durante la convención de 2024, encontró a su amigo animándolo desde la primera fila. Después se dirigió a sus hijos: "La historia dirá que vuestro padre fue un gran hombre. Quienes lo quisimos sabíamos algo todavía mejor: que era un buen hombre".

Desde ese recuerdo construyó su idea de la "herencia estadounidense": familias estables, empleos bien pagados, viviendas asequibles, barrios seguros y escuelas que enseñen a leer, escribir y amar al país. Vance acaba de ser padre por cuarta vez.

El tono familiar duró lo justo. El vicepresidente presentó a los demócratas como "el partido del odio" y afirmó que algunos de sus candidatos necesitaban un billete de ida a un hospital psiquiátrico en lugar de a Washington.

El momento más tenso llegó desde la grada. Un manifestante desplegó una bandera mexicana y el vicepresidente interrumpió el discurso. "Si tanto quieres a México, lárgate allí. Yo te compro el billete", respondió. La seguridad se lo llevó entre gritos de "¡USA, USA!".

Más significativa fue su llamada a los jóvenes que se sintieron inspirados por Kirk, pero discrepan de algunas decisiones de la Administración. Recordó que su amigo "odiaba la guerra" y les pidió que no castigaran a todo el partido por un desacuerdo concreto. No dijo Irán. No hacía falta.

También dejó fuera los 5.000 dólares. La gran promesa de Trump no encontró hueco en cuarenta minutos de discurso. Al terminar, el público se puso en pie y volvió a corear su nombre.

Vance da paso a Trump en la convención republicana de Dallas.

Vance da paso a Trump en la convención republicana de Dallas. REUTERS/Callaghan O'Hare

Vance cedió el escenario a Lee Greenwood, encargado de interpretar la canción con la que entraba Trump. Había presentado una familia, una biografía y una idea de país. La candidatura la dejaba para otro día.

El candidato sin papeleta

El relevo duró apenas unos segundos. Trump y Vance se estrecharon la mano, se abrazaron y se dieron unas palmadas en la espalda. Después, el vicepresidente salió mientras Trump comenzaba a recorrer lentamente el escenario.

"Qué gran trabajo ha hecho esta noche", dijo el presidente sobre Vance. Fue toda la referencia al personaje principal de la jornada. Pero a Trump no le gusta que le hagan sombra.

El presidente había prometido ser breve porque la víspera había hablado durante cerca de dos horas. Estaba previsto que interviniera unos 15 minutos. Terminó hablando cerca de 25.

Volvió a prometer 5.000 dólares a cada ciudadano adulto si los republicanos conservan la Cámara de Representantes y el Senado. No añadió detalles sobre su financiación.

El desembolso superaría el billón de dólares y necesitaría autorización del Congreso, pese a que él ha sostenido que probablemente podría realizarlo sin ella.

El vicepresidente JD Vance habla en la convención republicana de Dallas.

El vicepresidente JD Vance habla en la convención republicana de Dallas. REUTERS/Evan Vucci

También repitió su respaldo a Ken Paxton, candidato republicano al Senado por Texas. Como la víspera, enumeró lo que supuestamente no le gustaba de él: su ropa, su forma de hablar y su aspecto. Paxton sonreía.

Trump lo proclamó después el mejor fiscal general del país y pidió el voto para un candidato que apoyaría sus posiciones, aunque no volviera a dirigirle la palabra en la vida.

La frase condujo al verdadero mensaje electoral de la noche. "Tenéis que votar por mí", dijo Trump, antes de recordar que su nombre no aparecerá en las papeletas. "Tenéis que hacerme el mayor favor que me habéis hecho nunca. Tenéis que fingir que estoy en la papeleta".

El presidente convirtió la petición en un juramento de lealtad a sí mismo. Fue dictando las frases. El texto comenzaba presentándolo como "el mejor presidente de la historia de Estados Unidos" y continuaba con la promesa de votar el 3 de noviembre o hacerlo anticipadamente.

En tono de broma, incluyó que votarían, aunque no estuvieran registrados y tratarían de "hacer trampas como ellos", refiriéndose a los demócratas. El compromiso terminó con un "que Dios me ayude". "¿Sabéis qué ocurre si no votáis? Vais al infierno", añadió.

Tampoco quiso olvidar el aforo del evento. Había más público que la primera noche, pero continuaban viéndose huecos en la parte superior. Trump insistió en que no quedaba ningún asiento libre y acusó a los periodistas de buscarlos.

Recorrió con la mirada los palcos y las últimas filas hasta descubrir un pequeño claro. "No me gusta ese hueco que se ve allí", reconoció. "No debería haber mirado".

La víspera ya había pedido al público que no fuera al baño para evitar que un fotógrafo captara una butaca desocupada. También recordó que aquel era el pabellón donde jugó Luka Dončić antes de su marcha a Los Ángeles. "¿Qué demonios pasó?", preguntó.

El vicepresidente JD Vance habla en la convención republicana de Dallas.

El vicepresidente JD Vance habla en la convención republicana de Dallas. REUTERS/Brian Snyder

Antes de pedir música, Trump defendió brevemente la guerra con Irán y volvió a rebautizar el estrecho de Ormuz. "El estrecho de Trump", lo llamó.

Sombreros, un demócrata y dos columnas de luz

Como no había candidato que proclamar, programa que aprobar ni votación que resolver, las delegaciones sentadas bajo los carteles de cada estado podían limitarse a mirar. La convención tenía dos noches que llenar y alternó entretenimiento, advertencias políticas y liturgia patriótica.

El decorado comenzaba en las referencias al baloncesto y continuaba con sombreros blancos de cowboy, cazadoras cubiertas de lentejuelas y gorras que proclamaban que "Trump tenía razón en todo".

A las puertas del pabellón, un Mercedes pintado completamente de dorado lucía la firma del presidente, detalles de pedrería y su rostro en el centro de una imitación del sello presidencial. No era una cita diseñada para la discreción.

A lo largo de los dos días, incluso hubo unos segundos de bipartidismo. El senador demócrata John Fetterman apareció en un vídeo para presentar al republicano Dave McCormick, su compañero en el Senado por Pensilvania.

Criticó “los extremos y el socialismo” y prometió colaborar con Trump para defender la industria del acero. La aparición resultó tan extraña que después tuvo que aclarar que no pensaba cambiarse de partido.

La convención republicana de Dallas.

La convención republicana de Dallas. REUTERS/Brian Snyder

La tregua duró poco. Ted Cruz denunció una supuesta "alianza rojiverde" entre comunistas e islamistas. Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, afirmó que Estados Unidos estaba siendo “atacado desde dentro” y advirtió de que una victoria demócrata llevaría “comunistas” al Congreso.

Después se apagaron las luces.

En la víspera del 25º aniversario del 11-S, dos columnas luminosas se elevaron sobre la oscuridad para evocar las Torres Gemelas. Christopher Macchio interpretó el Ave Maria, los asistentes encendieron las linternas de sus teléfonos y las pantallas recordaron a las 2.977 víctimas de los atentados. Durante unos minutos desaparecieron las consignas, los insultos y los carteles electorales.

El cierre llegó horas después, de la mano del mismo cantante. Macchio volvió al escenario para cantar al lado de Trump. Vance no regresó. Después de dos días dedicados a movilizar al trumpismo sin Trump en la papeleta y a imaginar quién podría sucederlo, el partido cerró la convención con la respuesta que mejor conoce: más allá de Trump, hay más Trump.