Zohran Mamdani jura su cargo como alcalde de la ciudad de Nueva York con un Corán en la estación Old City Hall.

Zohran Mamdani jura su cargo como alcalde de la ciudad de Nueva York con un Corán en la estación Old City Hall. Reuters

EEUU

Mamdani rompe con la Historia al jurar como alcalde de Nueva York sobre el Corán y haciendo del metro un templo laico

Mientras en la superficie Nueva York celebraba el Año Nuevo, su nuevo alcalde prometía el cargo en una ceremonia icónica.

Más informaciónZohran Mamdani jura como alcalde de Nueva York en un acto privado en el metro de la ciudad y ante el Corán

Diego González | Agencias
Publicada

Las claves

Zohran Mamdani se convierte en el primer alcalde musulmán de Nueva York, hijo de inmigrantes sudasiáticos y nacido en África, rompiendo varias tradiciones históricas de la ciudad.

Mamdani juró el cargo sobre el Corán de su abuelo en una ceremonia privada en la antigua estación de metro City Hall, transformando el metro en un símbolo laico del poder cívico.

La toma de posesión incluyó un segundo acto más tradicional frente al City Hall, prometiendo una “nueva era” para todos los neoyorquinos, independientemente de su voto.

El nuevo alcalde pagó personalmente la tasa de nueve dólares requerida para formalizar su cargo, subrayando la humildad del trámite frente a la magnitud de la alcaldía.

El alcalde que bajó al metro para subir al poder. Zohran Mamdani convirtió su toma de posesión durante la Nochevieja en una ruptura con casi todo lo anterior en Nueva York, desde la religión visible en el juramento hasta el lugar físico donde se escenifica el traspaso de mando.​

Mamdani es el primer alcalde musulmán de Nueva York y el primero en gobernar la ciudad siendo hijo de inmigrantes sudasiáticos y nacido en África, algo inédito en la historia de la mayor urbe de Estados Unidos.

Es también el primer alcalde de Nueva York que jura sobre el Corán y no sobre una Biblia o sin libro alguno, rompiendo una tradición simbólica que venía desde los orígenes modernos del cargo. Con 34 años, se le presenta además como uno de los alcaldes más jóvenes que ha tenido la ciudad en más de un siglo, lo que añade una ruptura generacional al cambio religioso y de origen.​

Dos ediciones

En la ceremonia de medianoche, Mamdani apoyó la mano sobre un Corán cargado de memoria íntima: el ejemplar que había pertenecido a su abuelo, que emigró, trabajó y rezó con ese mismo libro, sostenido por su pareja junto a otro Corán histórico vinculado a la ciudad. Ese gesto enlaza la cúspide del poder municipal de Nueva York con una biografía familiar marcada por el desplazamiento, la diáspora y la religiosidad minoritaria, convirtiendo un objeto privado en símbolo público.

Junto a ese volumen, la ciudad prestó un Corán de la colección Schomburg, de unos dos siglos de antigüedad, subrayando que la tradición islámica tiene también una historia larga y arraigada que merece espacio en los rituales oficiales.​

Antecedentes del Corán

En Estados Unidos ya había antecedentes de cargos importantes jurando sobre el Corán, pero ninguno al frente de una megaciudad como Nueva York. Keith Ellison, primer congresista musulmán, utilizó el Corán de Thomas Jefferson en su juramento simbólico, y posteriormente volvió a recurrir al libro sagrado al asumir la fiscalía general de Minnesota; más tarde, figuras como Ilhan Omar y Rashida Tlaib hicieron lo propio al entrar en la Cámara de Representantes.

En el Reino Unido y otros países occidentales se han documentado juramentos de diputados, concejales o ministros sobre el Corán, pero siguen siendo excepciones frente a la norma de la Biblia o del gesto laico de prescindir de cualquier texto.​

Mamdani decidió jurar el cargo primero en una estación de metro histórica y clausurada, la antigua City Hall, un vestigio de la primera red subterránea de la ciudad que hoy solo se visita en ocasiones especiales. Eligió la medianoche del 31 de diciembre, mientras en la superficie Nueva York celebraba el Año Nuevo, de modo que el acto quedaba en un espacio casi secreto, bajo tierra, mientras la fiesta se repartía por las calles.

Con ese encuadre convierte el metro en una especie de templo laico: el lugar donde transcurre la vida cotidiana de millones de personas se transforma en altar del poder, cruzando fe, infraestructura pública y poder político en un mismo gesto.​

Liturgia política

Al llevar el juramento al metro, Mamdani convierte el trayecto al trabajo en liturgia política: la escena que normalmente se asocia a prisas, salarios bajos y ruido metálico se resignifica como momento solemne de toma de posesión. Frente a la escalinata institucional de City Hall o un escenario clásico, elige un andén, unos raíles y una estación fantasma, afirmando que el verdadero centro cívico de la ciudad es el sistema de transporte y no el mármol de los palacios municipales.

El juramento privado, con apenas una veintena de personas presentes, parece pensado para circular en vídeo y en fotos, para que el país vea a un alcalde que se arrodilla simbólicamente ante el metro antes que ante el edificio del poder.

El progresista Zohran Mamdani asume la alcaldía de Nueva York.

​Horas después, Mamdani vivió una segunda toma de posesión más solemne y tradicional: una ceremonia pública a la una de la tarde en el entorno de City Hall, ante una multitud congelada en el 'Canyon of Heroes'. Esa segunda escena recompuso la liturgia clásica —estrado, banda de música, discursos y retransmisión en directo— pero ya no borra el gesto de medianoche, sino que lo complementa, como si hubiera un juramento íntimo, bajo tierra, y luego su traducción oficial a la superficie institucional.

Durante su discurso de toma de posesión en una ceremonia ante miles de personas, prometió una "nueva era" para la ciudad y servir tanto al millón de personas que lo votaron como a aquellos que no.

"Sé que algunos ven esta administración con desconfianza o desdén, o ven la política permanentemente rota, y aunque solo la acción cambia las ideas, les prometo esto: si usted es neoyorquino, yo soy su alcalde", afirmó el regidor tras la jura, en la que le guió el senador izquierdista Bernie Sanders.

En conjunto, el día inaugura un doble registro: un alcalde que entra por la puerta grande de la política nacional, pero que insiste en que su relato nace en el subsuelo del metro y a la luz de un Corán familiar.

El coste de la alcaldía

En medio de ese ritual doble, hay otro gesto mínimo que refuerza la idea de un poder anclado en lo cotidiano: el momento en que Mamdani paga exactamente nueve dólares para convertirse formalmente en alcalde.

La ley exige que cualquier cargo electo presente su juramento por escrito ante el City Clerk y abone una tarifa administrativa de nueve dólares, una cantidad que se traduce en lo que cuestan tres perritos calientes en la ciudad, para subrayar lo humilde del trámite frente a la enormidad del cargo.

Mamdani entregó el efectivo justo, firmó en un libro encuadernado en cuero y escucha cómo el funcionario le confirma que “ahora sí es oficial”, un recordatorio de que incluso la alcaldía de Nueva York empieza con algo tan prosaico como pagar unas tasas notariales.​