Andrés Manuel López Obrador, durante la toma de posesión como presidente de México.

Andrés Manuel López Obrador, durante la toma de posesión como presidente de México. Reuters

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Gritos de "dictador" a Maduro en la toma de posesión de López Obrador

El presidente de Venezuela, que ha viajado a México, no estuvo presente en el Congreso pero sí en la comida posterior con el resto de líderes invitados.

El nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, asumió este sábado el enorme desafío de impulsar un cambio radical en el país que acabe con la corrupción, la impunidad y la inseguridad al tiempo que aplicaría costosas medidas sociales en beneficio de las clases más desfavorecidas.

Frente a la reserva de empresarios y una parte de la población, López Obrador recibió este sábado el enorme respaldo internacional al acudir a la ceremonia de investidura la mayor representación internacional que ha asistido a la toma de posesión de un presidente mexicano.

Desde el vicepresidente de EEUU, Mike Pence; la hija del presidente Donald Trump, Ivanka, al rey Felipe VI o los presidentes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela y Cuba y otros representantes de más de 50 países le dieron a López Obrador un respaldo inusitado.

Nicolás Maduro, que no asistió a la toma de posesión en el Congreso pero sí a la comida con el resto de líderes invitados, recibió gritos de "dictador, dictador" y fue abucheado cuando el nuevo presidente de México le nombró en su discurso. Varios legisladores mexicanos y otros presentes en el recinto corearon "¡Dictador, dictador!" después de ser mencionado en los agradecimientos.

Mientras López Obrador prosiguió con su discurso, un grupo mostró una pancarta en la que se podía leer "Maduro, no eres bienvenido".

La magnitud del reto de López Obrador es descomunal por los graves problemas que arrastra México con un 43 % de la población en situación de pobreza a lo que se une un sistema de corrupción público y privado que atenaza el crecimiento y desarrollo del país.

Resolver los males de México

En su discurso de investidura, López Obrador prometió resolver de un plumazo todos los males del país comenzando por la corrupción y la impunidad, además de hacer inversiones millonarias en proyectos de infraestructuras y aplicar programas sociales para los jóvenes y las clases más desfavorecidas.

Todo ello, además, con la promesa de no aumentar la deuda pública del país que se ha multiplicado de manera exponencial en los últimos 18 años.

López Obrador arremetió en su discurso contra las políticas neoliberales de las últimas décadas que han provocado, aseguró, "un desastre y una calamidad" para el país que ocasionó una "inmunda corrupción pública y privada".

Las recetas del nuevo presidente para tamaña empresa se basan en una mezcla de medidas populistas, la austeridad y la apuesta de imponer la decencia en la toma de decisiones para acabar con la corrupción.

La austeridad es parte de la marca política de López Obrador: desde vender el avión presidencial para viajar en vuelos regulares a la rebaja de un 40% en su sueldo o garantizar que será castigado de inmediato cualquiera de su gobierno, comenzando por su familia, que comenta la mínima felonía.

El entusiasmo y la fe ciega de sus seguidores es absoluta. Frente a ello el escepticismo es palpable entre gran parte de la mitad de la población que no votó a su partido Morena, que propugna políticas de izquierdas y de beneficio a los más desfavorecidos.