De izquierda a derecha, Michelle Bachelet, Rebeca Grynspan, Caroyln Rodrigues-Birkett y María Fernanda Espinosa, candidatas a relevar a António Guterres en 2027.

De izquierda a derecha, Michelle Bachelet, Rebeca Grynspan, Caroyln Rodrigues-Birkett y María Fernanda Espinosa, candidatas a relevar a António Guterres en 2027. Recopilación EE

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Mujer y de América Latina: el perfil que lleva la delantera en la carrera por liderar la ONU, bajo la sombra de los vetos

Michelle Bachelet, Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues y María Fernanda Espinosa encabezan las listas, pero cinco potencias marcan la decisión final.

Más información: Michelle Bachelet, Fernanda Espinosa y Rebeca Grynspan creen que ya es hora de que una mujer lidere la ONU

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Ha sido un verano largo para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero el otoño se abre paso y a la institución le queda una gran tarea pendiente. En los próximos meses, esta deberá anunciar al sucesor de António Guterres como secretario general, tras un segundo mandato del portugués que terminará cuando nos despidamos de 2026.

Se ha rumoreado mucho recientemente sobre la posibilidad de que una mujer llegue a ocupar, por primera vez en los 81 años de historia de la organización, su máximo cargo de liderazgo. Desde 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial dejó un mundo en ruinas, nueve figuras masculinas sin excepción se han puesto al frente, pero todo podría cambiar.

El proceso para designar mandatario empezó a tomar forma a finales de julio, cuando la Asamblea General acogió un debate entre los seis postulantes que han formalizado su intención de sustituir a Guterres en 2027. Una semana más tarde, los miembros del Consejo de Seguridad se reunieron a puerta cerrada para ver sus candidaturas.

Hablamos de la chilena Michelle Bachelet, la costarricense Rebeca Grynspan, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, el senegalés Macky Sall y el argentino Rafael Grossi. Pero agosto se cerró con ocho nombres, con la inclusión de la ecuatoriana-libanesa Ivonne A-Baki y el ugandés Olara Otunnu.

Por simple probabilidad, sería lógico pensar que el techo de cristal podría estar cerca de cerrarse en el gran foro de los pueblos. El reparto es llamativo: cinco mujeres y tres hombres; seis aspirantes vinculados a América Latina y el Caribe y dos procedentes de África.

Mayor presencia femenina

La cuestión es que no hay una regla escrita que reserve el puesto para una región o para un género, pero sí una demanda creciente de equilibrio geográfico y representación en un cargo que, hasta ahora, ha sido monopolizado por varones.

Ya en junio, un debate televisado desde Ginebra y organizado por GWL Voices dio visibilidad a tres de las principales candidatas: Bachelet, Grynspan y Espinosa. Allí defendieron que ha llegado el momento de que una mujer dirija la ONU, aunque insistieron en que la elección no debe convertirse en una cuestión sólo simbólica.

"Soy la mejor persona para este trabajo", defendió sobre el escenario Grynspan, actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas y exvicepresidenta de Costa Rica, propuesta por su país natal. También se definió a sí misma como una "hija de la paz", al recordar que sus padres emigraron de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial.

Rebeca Grynspan durante el debate de los candidatos a secretario general de la ONU.

Rebeca Grynspan durante el debate de los candidatos a secretario general de la ONU. Eduardo Munoz Reuters

Para aspirar a ocupar el asiento de Guterres es necesario que un Estado miembro (o grupo) así lo plantee, presentando junto al nombre por el que se apuesta una declaración de principios, un currículum vitae que avala los conocimientos y méritos del candidato y una declaración sobre la financiación de su campaña.

Espinosa, expresidenta de la Asamblea General de la ONU y postulada por Antigua y Barbuda, argumentó que la elegida "debía ser la mejor mujer, no cualquiera". Bachelet, expresidenta de Chile y apoyada por este, Brasil y México, se comprometió a defender el multilateralismo desde una cúpula "independiente" y "sobre el terreno".

Cada una presenta programas ligeramente distintos. La última ha situado los derechos humanos, la igualdad de género, la acción climática y la presencia de la organización en las crisis sobre el terreno entre sus prioridades. En Ginebra defendió la aplicación del Acuerdo de París como una de las obligaciones urgentes de la comunidad.

Grynspan ofrece un perfil más económico y multilateral. En el pasado trabajó en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y dirigió la Secretaría General Iberoamericana. Su programa pone el foco en la desigualdad, la deuda, el desarrollo sostenible y el acceso a financiación para los países con menos recursos.

Espinosa, exministra de Exteriores y de Ambiente de Ecuador, reivindica una institución participativa y capaz de responder a los desafíos climáticos, tecnológicos y sociales. Ante la pérdida de confianza de los jóvenes, defendió que la organización debe abrirse a sus ideas para facilitar una "transformación intergeneracional".

María Fernanda Espinosa durante el debate de los candidatos a secretario general de la ONU

María Fernanda Espinosa durante el debate de los candidatos a secretario general de la ONU Eduardo Munoz Reuters

Rodrigues-Birkett encarna la reivindicación de los Estados pequeños. Exministra de Exteriores de Guyana y actual embajadora ante la ONU, ha trabajado en ámbitos como los derechos de los pueblos indígenas. Y la candidatura de la ecuatoriana Ivonne A-Baki fue formalizada por Tonga al considerar que su trayectoria diplomática podría fortalecer la cooperación.

Mientras tanto, Grossi llega con la experiencia de dirigir el Organismo Internacional de Energía Atómica. Sall aporta su experiencia como expresidente de Senegal y el argumento de una mayor representación africana. Otunnu, su trayectoria diplomática y dentro de la institución.

Cuándo habrá nombre

¿Cómo se elige al nuevo secretario —o secretaria— general? Bien, durante años, la figura era elegida por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General se limitaba a refrendarla. Sin embargo, en un intento por hacer de este proceso uno más transparente, desde 2015 se ha configurado un proceso de elección estructurado en constante mejora.

La Asamblea organiza diálogos públicos individuales para que los aspirantes presenten su visión y respondan a los Estados miembros. No ha habido un debate oficial entre los ocho candidatos: el proceso se amplió a medida que se formalizaban nuevas nominaciones. Otunnu y Baki, incorporados más tarde, también expusieron sus propuestas en agosto.

La fase decisiva se desarrolla a puerta cerrada. Los 15 miembros del Consejo de Seguridad celebran las llamadas straw polls, votaciones informales en las que marcan si alientan, desalientan o no tienen opinión sobre cada perfil. No son vinculantes, pero sirven para medir la aceptación de cada perfil antes de la negociación final.

La primera ronda situó a Grynspan en cabeza. La segunda, celebrada el 21 de agosto, llevó a Rodrigues-Birkett a la primera posición: recibió ocho votos favorables, tres desfavorables y cuatro neutrales. Sobre ella pesa, no obstante, la probabilidad de vetos por su postura contra Israel y por su criticado homenaje a Fidel Castro en 2013.

Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Camilo José Cela, cree que el momento determinante puede llegar tras la próxima Asamblea General ordinaria: "Ahí es donde se aprovecha para hacer todos los contactos diplomáticos, formales e informales".

Ivonne A-Baki, amiga de Donald Trump, irrumpe en la carrera por el liderazgo de las Naciones Unidas.

Ivonne A-Baki, amiga de Donald Trump, irrumpe en la carrera por el liderazgo de las Naciones Unidas. Ivonne A-Baki en X

La fecha límite es el 31 de diciembre. Guterres dejará el cargo al final de 2026 y la persona elegida asumirá la Secretaría General el 1 de enero de 2027. Pero, como recuerdan las experiencias anteriores, el nombre puede definirse en cuestión de semanas o demorarse hasta que la diplomacia encuentre una figura que no active resistencias insalvables.

Los vetos marcan el final

Las papeletas de agosto ofrecen una foto provisional de la carrera, no una predicción definitiva. La última palabra se concentra en los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Para que un aspirante sea recomendado necesita nueve de los 15 votos y, además, que esos países no usen su derecho de veto.

"El origen regional llama mucho la atención durante el proceso de elección, pero pesan más las redes diplomáticas y los intereses que existen dentro de Naciones Unidas", sostiene Calduch. Según el experto, el futuro secretario o secretaria general necesita suscitar "menos recelos" entre las grandes potencias que entre los representantes de los países pequeños.

El secretario general no es sólo una figura simbólica o una voz moral en tiempos de guerra. Dirige la estructura administrativa de la ONU y coordina un entramado que abarca desde los programas de desarrollo hasta las agencias que trabajan con personas refugiadas o en crisis humanitarias.

Calduch señala que los países pequeños pueden resultar, en principio, menos amenazantes para el equilibrio de poder. Si Francia o Estados Unidos presentaran una candidatura propia, argumenta, los otros miembros podrían interpretar que busca extender al aparato administrativo de Naciones Unidas una influencia que ya ejercen por sí mismos.

Pero ser un perfil de consenso no significa carecer de dificultades. El experto cita el caso de Grossi: su nacionalidad argentina y la tradición diplomática de su país pueden jugar a favor. No obstante, su etapa al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica le ha expuesto en asuntos sensibles, como Irán y la guerra de Ucrania.

Esto llevaría a la opinión desfavorable de Rusia y China. El ganador, por tanto, puede no ser quien coseche más entusiasmo al inicio, sino quien reúna menos negativas al final. La carrera premiará la capacidad de atravesar el estrecho pasillo de aceptabilidad que dejan abierto cinco Estados.

El techo de cristal

Calduch reconoce que una secretaria general sería "significativa", pero es prudente sobre el peso del factor de género en la decisión: "Me gustaría que saliera una mujer, pero soy escéptico". Aunque su apuesta estaría en Grynspan o Rodrigues-Birkett, "hay muchos países abiertamente contrarios a la igualdad, como ciertos árabes o la propia China".

Carolyn Rodrigues Birkett durante el debate de los candidatos a secretario general de la ONU

Carolyn Rodrigues Birkett durante el debate de los candidatos a secretario general de la ONU Eduardo Munoz Reuters

A su juicio, las preferencias geopolíticas de los Estados y los condicionantes internos de algunos grupos de países pueden pesar más que el impulso simbólico de romper un techo de cristal. Las latinoamericanas tienen una ventaja visible en una fase inicial, pero aún deben demostrar que pueden ser aceptadas por los cinco miembros permanentes.

El Gobierno español también ha tomado posición en el debate. El presidente Pedro Sánchez ha defendido que la próxima persona al frente sea una mujer de América Latina y el Caribe, llegando a subrayar que, en un momento de necesidad de fortalecer las instituciones multilaterales, la exclusión femenina del poder es una "anomalía democrática".

El juego de Trump

Estados Unidos es una de las potencias con manga ancha para condicionar el desenlace. Tiene derecho de veto, una enorme capacidad diplomática y una influencia financiera central sobre la ONU. La Administración Trump ha mantenido reuniones informales con algunos de los aspirantes, aunque oficialmente no ha señalado un favorito.

Ningún aspirante puede causar una oposición frontal de la Casa Blanca. Medios como The Washington Post se hacen eco de los rumores sobre el posible descontento con Bachelet por su "supuesta cercanía con China" y su defensa firme del derecho al aborto. Ella misma bromeó el 3 de septiembre al respecto al asegurar que "sé que no voy a ser secretaria general".

Michelle Bachelet en una imagen de archivo.

Michelle Bachelet en una imagen de archivo. Sebastian Castaneda Reuters

Una fuente ligada a la ONU declaró en agosto al mismo diario que podría haber "una sorpresa en octubre". Los nombres de Ivanka Trump, su marido Jared Kushner o el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, podrían aparecer entre los candidatos. Sin embargo, Calduch no cree que ninguna de estas hipotéticas participaciones pudiera tener recorrido.

"China no va a permitir que alguien vinculado al presidente de EEUU controle toda la burocracia y los organismos de Naciones Unidas", afirma. A su juicio, las especulaciones son, por ahora, simplemente "rumores" que pueden servir para ocultar las "negociaciones reales".

El poder de Washington no termina en el voto. Es el principal contribuyente histórico y acumula una deuda multimillonaria con la organización. En agosto, la Administración Trump notificó al Congreso su intención de transferir 725 millones de dólares al presupuesto ordinario de la ONU y otros 125 millones para operaciones de mantenimiento de la paz.

Mirada al futuro

El país que puede bloquear al próximo secretario o secretaria general es también el que, mediante sus aportaciones o sus impagos, condiciona la capacidad material de la organización que esa persona dirigirá. El relevo de Guterres también se decide, por tanto, sobre el margen de autonomía que tendrá la ONU frente a sus principales financiadores.

Para Rafael Calduch, el principal deber del próximo mandato será frenar el deterioro de la reputación y la credibilidad de Naciones Unidas. A su juicio, el nuevo liderazgo deberá actuar "con mayor neutralidad desde el punto de vista político e ideológico" ante conflictos de máxima gravedad, sostiene.

El catedrático menciona la posibilidad de impulsar una mediación entre EEUU e Irán. E incluso si no prosperara, lanzar esa iniciativa "reforzaría la legitimidad y credibilidad" de la Secretaría General. Otro reto estructural sería abrir el debate sobre una reforma del Consejo de Seguridad, "inevitable para que la organización sobreviva".