Jorge Drexler nos recibe para hablar de Taracá, su último álbum, y sobre amor y baile y pensamiento.

Jorge Drexler nos recibe para hablar de Taracá, su último álbum, y sobre amor y baile y pensamiento. Manuel Vélez.

Protagonistas Magos de Magas

Jorge Drexler: “Dicen que el amor es una gran conversación, pero yo creo que es un gran silencio. La conservación de un misterio”

“Qué pena, cómo caló la división entre el alma y el cuerpo: lo ideal, más que hacer psicoanálisis, es bailar salsa”. 

“Borges odiaba el pintoresquismo de Lorca: habría dicho algo parecido de Rosalía, o Almodóvar, o C. Tangana, son populares y vanguardistas”. 

“La dictadura prohibía el baile, pero en mi familia de intelectuales de centroizquierda tampoco se bailaba, creían que había cosas más importantes. Y no las hay”. 

“A Leonor [Watling] le dediqué un verso que dice ‘te propongo apenas que juntemos soledades, cada naranja tendrá ella sola sus dos mitades’”. 

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Es muy hermoso hablar con Jorge Drexler porque ilumina las partes oscuras de uno: quiero decir que es un artista que entiende a la criatura humana en su totalidad, y le valora las vértebras y el pensamiento y el rosario de símbolos, y oscila entre la biblioteca y la consulta del médico y el bar andrajoso y favorito al que uno fue a bailar cuando por fin cayó la tarde.

Drexler es un humanista radiante. Es un poco nuestro Leonardo Da Vinci.

Hay mucha inteligencia en su mirada quirúrgica (la del niño que soñó ser médico y lo hizo) no exenta de poesía.

Poesía de madera y cuero desnudándose en directo, es decir, desaprendiéndose, retornando a lo sencillo, a los orígenes de ni se sabe… a una magia atávica. Tiene Jorge Drexler una cosa de oráculo.

Hizo unos años de psicoanálisis duro y aunque salió de ahí con la sensación de que no le sirvió de nada, fue en esa época cuando comenzó a escribir canciones. Ahora, después de tanto estudio, después de la vida sesuda de su familia de intelectuales y de sus amigos extraordinarios, tiene claro que recomienda bailar. Apúntense a salsa, dice.

Hay algo que el cuerpo sabe y que la cabeza sólo intuye.

El cuerpo tiene memoria y tiene imaginación.

Taracá, su último álbum, maneja ese lenguaje: los sonidos de la casa que uno ama (cómo crujen las maderas) y el silbato diminuto que anuncia la aventura. Puentes entre el pasado y el futuro. Destellos de las patrias de uno mismo. Mapas sentimentales que saben más de flamenco que de IA.

Nos estamos curando, estamos naciendo todo el rato. “Toda la pena del mundo / con la que uno nacía / cuando dolía en Morente / ya no dolía, ya no dolía”…

La vida, al final, siempre acaba llenando el vaso.

Drexler es un genio posible. Damos gracias por tenerle tan cerca. De hecho, el 26 de septiembre estará en Madrid, en el Movistar Arena. El 16 de octubre en Valencia y el 31 en Barcelona. 

La primera pregunta que te quería hacer es acerca de ese verso en el que dices: “Todo el mundo piensa que hay algo mejor ahí fuera”. Me recordaba a algo que decían de Bob Dylan: una vez le preguntaron por qué estaba siempre de gira y respondió: “Pero bueno, ¿qué hay en casa?”. Jajá. Esa tensión entre el hogar y la aventura…

Sí, entiendo. En realidad funciona como una metáfora de lo conocido y lo desconocido. Nuestro sistema nervioso funciona por alternancia entre repetición y novedad. Cuando algo se repite mucho, el cerebro tiende a borrarlo.

Aquí estamos hablando tú y yo y, si no te digo que está el ruido del aire acondicionado, probablemente no lo escuchas… aunque está ahí. Tiene un timbre parecido al de mi voz, así que el cerebro lo deja en segundo plano. Lo mismo pasa con la carótida: la tienes a un centímetro de la cóclea y hace un ruido enorme con cada latido, pero no la oyes porque siempre ha estado ahí. Sólo la percibes si te aíslas muchísimo sensorialmente.

Todo lo que es repetición acaba volviéndose ruido de fondo. Por eso no se trata de elegir entre el hogar y la aventura, ni entre lo conocido y lo desconocido, sino de la alternancia entre ambos.

Incluso lo desconocido, cuando se vuelve habitual, pasa a ser norma. A mí lo que me interesa es esa alternancia. Soy muy goloso con la vida: me gusta tenerlo todo. Estoy muy bien en mi casa, por ejemplo; pero en la pandemia pensé que lo iba a pasar perfecto…

"Cuando algo se repite mucho, el cerebro lo borra. No se trata de elegir entre el hogar y la aventura, necesitamos la alternancia"

Cuando uno tiene vida interior, tiende a caminar hacia dentro.

Oh, pero, curiosamente, en la pandemia me di cuenta de que mi vida interior depende mucho de la vida exterior. En lo familiar estuve muy bien, pero creativamente lo pasé mal. Descubrí que mi vida compositiva depende de la réplica del otro, de la respuesta que recibes.

Mi primer disco se llamaba La luz que sabe robar y el segundo Radar. Lo llamé así porque entendí que no había terminado de comprender mis canciones hasta que no regresaban hacia mí, como el eco de un radar. Los murciélagos emiten un sonido, pero entienden el mundo por el rebote de ese sonido.

En ese sentido yo soy un poco murciélago: entiendo el mundo a partir de lo que el mundo me devuelve de mis canciones.

Entonces, si fueras un animal, serías un murciélago. Vamos a hacer un poco de psicoanálisis.

De acuerdo. Sí. Me gustan los murciélagos. Me gusta entender el entorno según lo que la realidad te devuelve, no según lo que uno cree que debería ser. ¿Qué pone en el tatuaje de tu brazo? ¡Ah! “¡Folclore radical!”. Me gusta. Me gusta esa idea de que lo radical puede venir de lo popular…

"Mi vida interior depende mucho de la vida exterior: necesito la réplica del otro, soy como un murciélago, que entiende el mundo por el rebote de su sonido"

Sí, de Lorca para arriba.

Quienes mataron a Lorca sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Él tenía una llave que tardó décadas en recomponerse: podía estar en la vanguardia más parisina del momento y, al mismo tiempo, ser entendido en la feria del pueblo mientras recopilaba canciones populares.

Borges decía de él, con bastante mala leche: “No soporto su pintoresquismo, es un andaluz profesional”. Yo soy muy fan de los dos.

Yo también soy muy fan de Borges y de Lorca, y entiendo lo que Borges quería decir. Borges no estaba cómodo en el mundo pintoresco o popular. Escribía desde otra atalaya. Su centro era lingüístico: pensaba en inglés y escribía en castellano. Su literatura sobrevive por otras vías.

Pero esa clave que tenía Lorca —esa conexión entre lo popular y la vanguardia— es algo muy especial. Borges quizá habría dicho algo parecido de Rosalía o de Almodóvar o de C. Tangana. Los tres sobreviven en la vanguardia, pero también en lo popular. Entienden la raíz y el mundo cosmopolita. Son locales y universales a la vez.

"Los que mataron a Lorca sabían bien lo que estaban haciendo: él tenía una llave que tardó décadas en recomponerse, la que abría la vanguardia parisina y la feria del pueblo"

Decías que quienes mataron a Lorca sabían lo que estaban haciendo. ¿A qué te refieres exactamente?

Mi amigo Kevin Johansen cuenta una historia muy buena. Cuando los fascistas entraron a la casa de Lorca, desmontaron el piano porque creían que dentro había una radio, algún aparato de comunicación mundial. Lo desarmaron entero buscando. No se daban cuenta de que la herramienta de comunicación era el piano mismo.

Esa torpeza es muy elocuente: seguir buscando la radio cuando el instrumento ya estaba ahí. Pero también muestra la crueldad de matar a alguien que tenía esa capacidad de conectar lo popular con la vanguardia. Esa llave es peligrosa para cualquier régimen totalitario.

Te voy a preguntar por un verso que me encanta de “Toco madera”: “Entraste en mi vida como Pancho Villa en Zacatecas”.

Es mi verso favorito del disco.

Jorge Drexler habla de la composición de una de sus canciones en Zacatecas.

Jorge Drexler habla de la composición de una de sus canciones en Zacatecas. Manuel Velez.

El mío también.

Pero no lo escribí yo.

¿En serio? ¡Lo siento!

(Ríe) Sí, pero estoy orgulloso de tener buenos aliados. Ese verso es de mi amigo Carlos Casacuberta, uno de mis amigos más antiguos. Es músico, economista, intelectual… un tipo muy interesante.

Yo estaba en Zacatecas cuando escribí esa canción. Me desperté una mañana antes de un concierto con la idea de escribir algo que uniera las dos acepciones de “tocar madera”: el gesto supersticioso y el candombe, donde tocar madera es marcar la clave del tambor con un palo.

Le escribí a Carlos y le dije que estaba en Zacatecas trabajando en la canción. Él me respondió: “Si estás en Zacatecas, no puedes no hablar de Pancho Villa y de su entrada en la ciudad”. Fue una batalla muy cruenta y, según él me explicó, fue la primera vez que se usó un tren como máquina de guerra: entraron con tropas hasta el centro de la ciudad en tren y tomaron Zacatecas desde dentro.

Entonces me dijo: “Entraste en mi vida como Pancho Villa en Zacatecas”. Yo añadí: “Con la pólvora seca”. Y así construimos el verso.

"Siempre he hecho terapia, soy poco estable emocionalmente: pero uno se relaciona más con el terapeuta que con la escuela a la que pertenece”

Es bonito, porque la gente que nos interesa suele entrar en nuestra vida así, de forma ruidosa, casi violenta. Se nota cuando alguien llega de verdad. No llega de puntillas.

Sí, hasta el centro, como el tren en Zacatecas. Te toman desde el centro.

Y da coraje. Marta D. Riezu decía que a veces reconoces al amor de tu vida porque piensas: “¿Y este gilipollas, de dónde sale?”.

Puede ser. En cualquier caso, esa canción está escrita a retazos y habla de muchas cosas distintas. Por ejemplo, cuando digo “a ratos creamos máquinas sabias como quien hornea pan”, no tiene nada que ver con una relación amorosa.

También habla de distancia. Yo he vivido la mitad de mi vida fuera de mi país. Hay una frase en la canción que dice algo así como: “Tu geolocalizador dice que estás alejándote…”. Eso conecta con la decisión de volver a grabar en Uruguay. Cada parte de la canción mira una misma realidad desde distintas caras del prisma. Pero bueno. ¿Sabes que tu verso también es el verso favorito de C. Tangana?

No me extraña. Tiene mucha fuerza. Te quería preguntar por otra cosa: las canciones que forjaron tu manera de entender el amor. En la infancia o la adolescencia. Rancheras, boleros… esas canciones que te enseñaron de qué iba el amor y que te siguen funcionando como ideario.

Hay muchísimas. El género canción no escasea precisamente en canciones sobre el amor. Hay muchísimas canciones que me marcaron, pero para mí en ese momento fueron muy importantes los Beatles. Hay muchas canciones fundacionales, pero por ejemplo “All You Need Is Love”. Me gusta mucho porque en realidad no habla estrictamente del amor de pareja, del eros, sino del amor como energía vital, como una fuerza motriz. Esa acepción del amor no está tan visitada: el amor entendido como energía que mueve las cosas.

Leí que Jung decía que cuando los varones oyen “eros” piensan en sexo, pero que en realidad “eros” significa estar vinculado.

Claro. De hecho está la contraposición clásica entre eros y tánatos, de la que hablaba Freud: una energía creativa frente a una energía destructiva. Las dos forman parte de un equilibrio.

"Dicen que el amor es una gran conversación, pero tal vez sea un gran silencio... desconocimiento. Implica conservar el misterio”

El psicoanálisis con diván quizá está un poco demodé, pero a mí me interesa profundamente ese lenguaje.

Yo hice dos años de psicoanálisis, tres veces por semana.

¿Tres veces por semana? Intenso.

Sí. Tenía 25 años y estaba en crisis con la medicina. Yo estudié medicina y pensaba dejarla. Creí que quizá me dedicaría al psicoanálisis, así que hice dos años de psicoanálisis didáctico, muy freudiano, muy estricto. Me fui con la sensación de que no me había servido para nada… pero, curiosamente, en medio de ese proceso empecé a escribir canciones.

Entonces algo debió de tocar una tecla secreta.

Sí. Siempre he hecho bastante terapia, para lo poco estable que soy emocionalmente debería estar incluso más organizado mentalmente.

¿Tienes ahora terapeuta?

Sí, uno maravilloso. En los últimos años he estado más cerca de la terapia Gestalt. Pero al final creo que uno se relaciona más con el terapeuta que con la escuela a la que pertenece. Eso es lo verdaderamente importante.

Drexler teoriza sobre cómo ha cambiado su forma de entender el amor desde que era un adolescente hasta ahora.

Drexler teoriza sobre cómo ha cambiado su forma de entender el amor desde que era un adolescente hasta ahora. Manuel Velez.

¿Cómo ha cambiado tu forma de entender el amor romántico desde niño hasta ahora?

Es una gran pregunta. Lo que me ha pasado es que he ido ampliando la perspectiva con el paso del tiempo. Y no solo con el paso del tiempo personal, sino con una mirada casi geológica.

En un disco anterior empiezo una canción diciendo: “Corrí a la era del Mesozoico”. Y a partir de ahí cuento la historia de hace 3.400 millones de años, cuando dos seres vivos deciden juntarse por primera vez para crear otro ser vivo. Ese podría ser el primer acto de cooperación, de sexo o de amor.

Me gusta pensar el amor romántico dentro de ese contexto mucho más amplio. Al principio el amor de pareja ocupa el 95% de tu mundo, pero con el tiempo empiezas a verlo como una manifestación de algo más grande: esa energía vital que es el eros, las ganas de seguir haciendo cosas.

A mis 61 años, por ejemplo, sigo teniendo ganas de colaborar con productores de 21 o 24 años, como Pablopablo o Facundo Balta en este disco. Me gusta trabajar con gente joven porque me interesa tener muchas perspectivas distintas sobre todo, también sobre el amor.

Cuando era adolescente el amor romántico ocupaba el centro absoluto de todo. Mis primeras canciones están llenas de eso. Con los años tomas cierta distancia. Por ejemplo, la canción “Cómo se ama”, que está en este disco, es en realidad una tragedia.

"A Leonor le dediqué un verso que dice ‘te propongo apenas que juntemos soledades, cada naranja tendrá ella sola sus dos mitades’"

Oh, desde luego. Habla de ese olvido del amor. Claro que el amor sólo es algo evidente cuando lo sientes: cuando no, quién sabe cómo se hacía esa ruta… no sabe uno por dónde empezar.

Sí, es total, “Cómo se ama” es una tragedia con una música muy amable. El que tiene que hacerse esa pregunta —¿cómo se ama?— está en un mal momento. Es alguien que ha olvidado el camino de regreso hacia el otro. La música es tan amable que te tragas la historia sin darte cuenta, pero en realidad es una canción muy dolorosa.

Una pregunta casi clínica, ya que estudiaste medicina: ¿cómo sabes que te has enamorado? ¿Cuál es tu síntoma clave?

Los médicos no sabemos más que los demás sobre el amor; a veces sabemos menos.

Para mí el amor de pareja es la interacción de tres planos: el mundo de las ideas, el mundo de la emoción y el mundo físico, el del cuerpo o el sexo. Cuando esas tres llaves conectan al mismo tiempo, sientes que algo trasciende y va en otra dirección.

Muchas veces en la vida te encuentras con combinaciones parciales. Puedes tener una conexión intelectual increíble con alguien: piensan políticamente igual, hablan de todo… pero emocionalmente no funciona.

O al revés: puedes tener una conexión física y emocional muy fuerte y, de pronto, darte cuenta de que pensáis de maneras completamente distintas y que llega un momento en que no tenéis de qué hablar.

Todas las combinaciones de esas tres dimensiones son posibles.

Hay quien dice que el amor es una gran conversación.

Sí… o un gran silencio.

Qué bello.

Sí, el amor también puede ser un gran desconocimiento. Mantener una relación implica conservar cierto misterio. Hay partes de la otra persona que no aspiras a conocer del todo, zonas de individualidad que permanecen.

Después de tantos años con Leonor [Watling], ¿sigue siendo un misterio para ti?

Prefiero responder a esas cosas a través de las canciones.

En este disco le has dedicado Te llevo tatuada.

Sí, y tengo otra canción dedicada a ella que se llama Corazón impar, de otro disco…

“Tu corazón impar / siempre a contracorriente / sólo se deja ver / cuando se va la gente / y entonces se agiganta / se suelta el pelo y me canta”.

Sí, y hay un verso que dice: “Te propongo apenas que juntemos soledades. Cada naranja tendrá ella sola sus dos mitades”.

Es una forma de cuestionar el mito de la media naranja. No eres medio ser esperando a otro medio. Eres una naranja entera.

Esa es una de las maneras que tengo de enfrentar la imposibilidad que es la vida en pareja. Si partes de la base de que es imposible, quizá consigas algo.

Me decía lo mismo Víctor Manuel respecto a Ana Belén. Me decía que aún no sabe lo que está haciendo, pero que sigue haciéndolo, por si acaso… seguimos en el “a ver qué pasa”. 

Como en muchas cosas.

"La dictadura prohibía el baile, pero en mi familia de intelectuales de centroizquierda tampoco se bailaba, creían que había cosas más importantes. Y no las hay"

En uno de tus nuevos temas hablas de la prohibición de bailar en distintos momentos históricos. Y esto me recordaba a René, de Calle 13, cuando cantaba “aquí se baila como bailan los pobres”, o a ese show poderoso de Bad Bunny erigiendo el baile latino contra Trump. ¿De qué manera bailar es revolucionario?

Vamos a estar volviendo todo el tiempo sobre Eros y Tánatos. Mira, yo me crié en dictadura militar, donde todo el mundo es consciente de las limitaciones a las libertades civiles y a la integridad física. Pero lo que no se percibe es que, cuando termina una dictadura y se recupera la democracia, las raíces de eso quedan escondidas en muchos lugares de tu ser. Me crié en una sociedad en la que no se bailaba.

Eso es muy interesante.

Me crié en una sociedad donde bailar estaba denostado por la dictadura. Una dictadura militar es del mundo de Tánatos, y el baile es del mundo de Eros. Todo lo contrario a la homogeneidad militar: orden, jerarquía y control.

Eso rígido del cuerpo militar y eso sinuoso del baile.

Exactamente, Eros y Tánatos. Una estructura militar tarde o temprano es una máquina de matar. No les interesaba el baile, pero lo fascinante es que no sólo los pobres bailan. Todo el mundo baila, hasta quienes dicen que no. El baile no es patrimonio de un partido político; debería ser un puente en la sociedad, no una barrera.

No solo la dictadura lo prohibía. En mi familia de intelectuales de centroizquierda tampoco se bailaba; pensábamos que había cosas más importantes. Es fácil culpar al exterior, pero la autocrítica es más valiosa.

Drexler habla de la libertad y del baile.

Drexler habla de la libertad y del baile. Manuel Velez.

Hay una rigidez en la izquierda que a veces desprecia la alegría. Se pone muy severa con los “temas importantes”… hay que centrarse en ellos…

Exacto. En ese momento pensábamos que había cosas más importantes que bailar. Y no hay nada más importante que bailar. El reggaetón y el tango han llegado lejos por el Eros, por la vitalidad y la sensualidad que transmiten. Prohibir un baile es tan inútil y equivocado como prohibir una planta.

La forma de bailar habla de nuestro momento sociológico. Bailar pegados o separados…

El reggaetón devolvió el baile en parejas a una generación. Me gusta el baile en parejas y voy a clases para aprender. Empecé a los 40, intentando recuperar el tiempo perdido. He bailado cueca en Concepción, vallenato en Medellín, rueda de casino en La Habana, bachata en Lyon, salsa en Madrid, danza contemporánea y biodanza. Bailo mal, pero con alegría.

Te sientes libre cuando bailas. ¿Cómo encuentras la libertad más allá de las articulaciones?

En el escenario y en el acto de componer y grabar. Soy todo lo libre que puede ser un ser humano condicionado. Todo lo que ves en el disco es responsabilidad mía; la discográfica me trata con respeto.

Confían en ti, ¿no?

Sí, pero la libertad es compleja. Nos da miedo. A veces no sabemos qué hacer con ella y la evadimos, como dice Erich Fromm. La polarización actual muestra cómo la gente busca líderes autoritarios para liberarse de pensar y de hacerse cargo.

Dejar tu vida en manos de otros es tentador, pero yo no quiero ser dueño de mis errores. Los errores son la ética de un proyecto; aprender a equivocarte es una decisión estética y ontológica. Por ejemplo, mi canción Nuestro trabajo habla de esto.

“Me preguntarán: qué hacemos cantándole al amor mientras el mundo se va al carajo”.

Es fácil señalar culpables, pero es más interesante preguntarse qué has hecho tú para colaborar. No se trata de polarización, sino de responsabilidad personal. La clave es enfocarse en tu propio trabajo y en lo que has hecho, no solo en denostar a otros.

Leo sobre política. Me interesa la geopolítica, pero no soy tan bueno en eso como soy en escribir canciones. Lo digo con la mayor de las modestias, digamos, me dedico a esto.

Cada cual sabrá qué hacer cuando el barco se hunda por el impacto de la roca.  A mí no me toca polarizar, no me toca dar opiniones en este caso. En este momento me interesa mucho más mantener los puentes abiertos, como dice esa canción, y cruzarlos yo también con el corazón al descubierto.

Qué será que es habla de la vida. Quería preguntarte por cosas que hacen que la vida valga la pena. Milagros, milagritos pequeños. ¿Qué es lo que te mola?

Bailar, de nuevo. Bailar es súper importante. ¿Tú bailas?

No, siempre he tenido un poco de pudor, siempre he sido de codo en barra, de palique. Una conversadora.

Muy bien. Yo lo fui también. De eso se sale.

Sí, ¿verdad?

Te aseguro que de eso se sale. Eso es muy… español. Pues mira, yo tengo una canción escrita hace muchos años que dice “los músicos no bailamos, ya lo habrás oído decir”…

Yo he oído decir, sobre todo, que los escritores no bailan. Y como yo escribo, siempre me he protegido pensando así, justificando la parálisis.

Pues yo creo que García Márquez sí que bailaba. Es imposible ser colombiano y no bailar. Es muy raro. Y supongo que Hemingway también bailaría a su manera. No sé cómo. Cómo ha calado esa división entre el alma y el cuerpo…

Lo hemos comprado. Ha sido horrible, ha sido castrador.

Yo te entiendo, porque lo he comprado toda mi vida. Y te digo, el psicoanálisis no siempre te ayuda a salir de esa disyuntiva. Es muy malo dar consejos, pero intenta quebrar ese pequeño pudor, intenta sentir esa libertad por la que me preguntabas.

Sí.

Es un acto micro, pero es un acto mágico. Baila. Luego entra de vuelta en el pudor y te vas. He pensado mucho en esto a lo largo del tiempo. En 2014 escribí Bailar en la cueva… y empecé a tomarme en serio el baile, de verdad. Aprendí de muy mayor a bailar. No hay tiempo tampoco para bailar; no hay épocas.

Entendido: psicoanálisis y salsa. Eso me salvará de lo ignoto.

Dale, apúntate a salsa. La salsa es para mí lo más parecido a un arte marcial.

Yo siempre he sido un poco bélica.

(Ríe) Pero no te lo digo por el enfrentamiento, sino porque lo primero que tienes que aprender es a entender dónde está el peso de la persona que tienes enfrente, cómo manejarlo, cómo se doblan las articulaciones.

Para hacer un nudo no puedes ir en contra, sino a favor. Tienes que llevar a la persona hacia el pie que tiene en el aire y no el pie de apoyo; si no, se cae. Aprendes al ritmo.

“La polarización actual muestra que la gente busca líderes autoritarios para liberarse de pensar y de hacerse cargo”

Yo soy andaluza y cuando alguien no tiene ritmo, digo de broma que tiene menos compás que una gotera.

Eres andaluza, habrás aprendido, habrás bailado de niña. Tienes algo ahí, no eres sólo cerebral ni emocional. Tenemos casos gloriosos de equilibrio. Mira Rubén Blades, qué equilibrado está, qué inteligentes son sus canciones, cuántas emociones transmiten y cómo se pueden bailar.

Eso es Caetano Veloso, cómo tiene en su cuerpo incorporada la sensualidad y la brillantez de las ideas a la vez que el mundo emocional. A eso aspiro. Me interesa ser un ser humano completo, no una parte.

Tú me preguntas cómo… tú me preguntas qué es estar enamorado. No sé cómo va a sonarte esto, pero uno tiene que empezar por enamorarse de las tres partes de uno y no tener un amor parcial por sí mismo. El psicoanálisis, en mi experiencia, es demasiado verbal. A él no le importa tu postura, ni tu actitud, ni cómo abrazas, ni cómo caminas, ni qué haces con tu cuerpo. Puedes estar toda la vida tumbada en el diván.

Digamos que es su postura sexual favorita.

(Ríe) Sí, claro, pero él no sabe cómo te mueves, cómo te apoyas, qué relación tienes con tu peso corporal. Todo sirve sobre todo para la elucubración a través de la mente y de las emociones. Pero la mente no es el cuerpo. Claro, llegaste y me dijiste que te gustaban las letras y no me preguntaste por la música. Tiene sentido.

Pero a mí cuando me preguntan qué soy, digo que soy cancionista. La canción es un género mixto: la mitad es abstracto como la música, que produce emociones abstractas, y la otra mitad simbólica como el lenguaje, que produce referencias simbólicas concretas. En ese diálogo me muevo yo. No soy músico ni poeta.

Tengo amigos músicos, poetas, y a los dos los veo trabajar. Puedo hacer poesía sola o música instrumental, pero mi área de desarrollo personal es la canción. Soy un cancionista, no un cantautor, palabra que odio.

Con ese…

Diptongo.

Me divierte que te importe lo de los diptongos.

La palabra es súper importante para mí, también por la sonoridad.

La gente pasa por las palabras, quedan como una estela. Se ordena el cielo cuando las palabras suenan”. ¿Por qué se la dedicas a tu padre?

Se la dedico a mi padre porque era un gran amante de la palabra y del libro. Como un judío alemán, tenía una cultura bibliográfica y musical intensa. Vivía en el mundo de la escritura. Mi padre era cirujano, mi madre también, pero cuando se jubiló se dedicó a la palabra, a escribir, a sentir que tenía algo que contar. Escribía y escribía.

No es una canción de duelo, ni habla específicamente de él. Pero evocaba a mi padre por ese respeto a la palabra y por esa capacidad de generar un mundo a través de la palabra. Como empieza el Génesis: “Y Dios dijo: hágase la luz”. Primero lo dijo y luego se hizo. Mi padre tenía mucha fe en eso.

"Para enamorarte de otro tienes que amar primero tus tres partes: tu cerebro, tus emociones y tu cuerpo"

Y tú la tienes también.

Sí. La canción es sincera. Fíjate, también, empezó a escribirse en 2017 por casualidad. Empecé a editarla en Sepúlveda el 13 de marzo de 2017, fecha del cumpleaños de mi padre. Yo no tenía idea, y el disco sale el 13 de marzo.

Me enteré de las dos cosas el mismo día en la oficina de Sony. La letra existió sola mucho tiempo; la música la hice este último verano en Ámsterdam. Para mí, la canción tiene que ver con esta clave, con el minimalismo, dejar la palabra sola. Es un acto de puesta en escena y construcción a través de la melodía. Un disco es también una experiencia auditiva.

Jorge, gracias. Salgo un poco transformada. 

Gracias a ti.