Algunas de las integrantes del grupo que protagonizará la misión Hypatia III en 2027.

Algunas de las integrantes del grupo que protagonizará la misión Hypatia III en 2027. Cedida Pau Fabregat

Protagonistas Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

El desafío de 10 científicas españolas para conquistar el 'Marte' ártico: 15 días de misión sin apenas contacto con Tierra

Hypatia III agrupa a la primera tripulación íntegramente femenina y española que viajará a la base de Devon Island, en la mayor isla deshabitada del mundo.

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Imagine pasar dos semanas en una estación de investigación de ocho metros de diámetro, rodeado de hielo, con agua y comida racionada y una hora al día para hablar con el mundo exterior. Ese será el escenario al que se enfrentarán 10 pioneras catalanas en el Ártico canadiense para ensayar en carne propia cómo sería trabajar en una futura expedición al planeta rojo.

Liderada por Estel Blay y Laura González, la misión recibe el nombre de Hypatia III porque es la tercera que organiza Hypatia Mars, asociación dirigida por científicas y dedicada a realizar acciones análogas de simulación marciana. El objetivo es impulsar la investigación espacial multidisciplinar y visibilizar nuevos referentes femeninos en las STEAM.

Todavía guardan su sitio en el imaginario colectivo sus ediciones previas por lo mediáticas que fueron. Se desarrollaron en la Mars Research Desert Station de Utah (Estados Unidos), un hábitat de simulación en el desierto en el que biólogas, ingenieras y otras profesionales con una especialización altísima viven en condiciones aisladas, probando tecnologías y estudios.

En esta ocasión, sin embargo, la entidad ha querido ir un paso más allá, con la primera misión formada íntegramente por mujeres y, además, españolas, que ejecutará su labor en la Flashline Mars Arctic Research Station (FMARS), situada en Devon Island (Canadá), la mayor isla deshabitada del mundo, carente de infraestructuras en las que apoyarse.

Quédese con sus nombres, porque los escuchará en los próximos meses. Junto a las dos líderes de la expedición estarán Lucía Matamoros, científica; María Lastra, bióloga; Qi Gao, ingeniera; Anna Sabaté, ingeniera; Roser Bastida, periodista; y las tripulantes de reserva Andrea Jaime, científica; Carlota Keimer, ingeniera; y Marta Milà, oficial de Salud y Seguridad.

Preparación al límite

La fecha en el horizonte, aún por concretar, es verano de 2027. Entonces protagonizarán un hito con el que España seguirá reafirmando su papel como agente clave en el crecimiento de la investigación espacial, en un momento en el que la NASA prevé que la llegada a Marte tenga lugar en torno al 2045, a no ser que alguna revolución tecnológica acelere los plazos.

Todas están expectantes por partir hasta la remota isla ártica, pero antes deberán superar un filtro igualmente exigente en la Tierra. No sólo han sido elegidas entre más de 80 candidatas, sino que ahora afrontan una preparación larga y milimetrada para que el cuerpo y la cabeza resistan dos semanas en un cilindro metálico plantado sobre el hielo.

Las tripulantes de Hypatia III que partirán hacia la isla de Devon en 2027.

Las tripulantes de Hypatia III que partirán hacia la isla de Devon en 2027. Cedida Pau Fabregat

"Fue difícil lograr ese equilibrio que queríamos en la tripulación: que fuera multigeneracional y con múltiples skills y áreas de investigación", resume Blay. La más joven tiene 26 años; la mayor ronda los 50. La comandante, en quienes sus compañeras depositan plena confianza dada su experiencia previa en Hypatia II, no oculta su entusiasmo: "Estamos muy orgullosas".

La líder es ella, encargada de coordinar a este grupo de especialistas "que encajan como piezas de puzle", en palabras de su segunda de a bordo. A su lado, en la cadena de mando, estará la ingeniera Laura González, fundadora de una empresa de análisis térmico de satélites y executive officer de la misión.

Es la responsable de que el plan de cada día se cumpla, de que los turnos de trabajo tengan sentido y de que la convivencia no se resquebraje cuando el cansancio y el encierro aprieten. "En Hypatia II estuve en la sombra, como ingeniera de reserva, apoyando desde la Tierra", cuenta, pero "esta vez me toca vivirlo en primera persona y aplicar todo lo aprendido".

La comparación con las otras acciones se repite una y otra vez en las conversaciones con Magas. En Utah, si algo se torcía, "podíamos coger un coche y en pocas horas estábamos en un hospital; en el Ártico no será así", subraya González. La Flashline Mars Arctic Research Station se levanta en una isla a varios vuelos de distancia de cualquier centro médico.

Además, contempla un último tramo en avioneta al capricho de la meteorología. "Cualquier emergencia tiene una complejidad añadida, porque quizá justo en el momento en que haga falta evacuar no sea posible", admite. Esa realidad condiciona toda la preparación previa que las científicas compaginan con sus trabajos cotidianos.

En este sentido, Hypatia Mars está cerrando una colaboración con la Fundació Sociosanitària de Mollet, que someterá a las futuras exploradoras a un chequeo físico y psicológico completo antes de partir y repetirá las pruebas a la vuelta. "Nos van a mirar de arriba abajo, de derecha a izquierda, en todos los planos", resume Blay.

El mayor reto

A partir de esa foto inicial, diseñarán un plan de entrenamiento a medida: revisiones médicas y actividades pensadas al detalle para reforzar puntos débiles y, sobre todo, para construir una base que les permita aguantar tareas muy alejadas de un despacho o del día a día en un laboratorio convencional.

Una de las anteriores misiones análogas organizadas en la Flashline Mars Arctic Research Station.

Una de las anteriores misiones análogas organizadas en la Flashline Mars Arctic Research Station. Cedida Mars Society

En Hypatia II ya contaron con la ayuda de una deportista de élite encargada de preparar al equipo. La idea es recuperar ese enfoque y subir el listón. "Llevamos toda una indumentaria encima que pesa bastantes kilos. Tienes que instalar cosas, tomar muestras, hacer tu trabajo con ese extra encima de tus espaldas y con una escafandra que no es nada cómoda", explica Blay.

La otra pata, igual de importante, es la mente. Pasarán 15 días en un cilindro de apenas ocho metros de diámetro que les servirá de casa, laboratorio, comedor y sala de reuniones improvisada.

Sólo podrán abandonar el hábitat con traje completo, en las llamadas salidas extravehiculares, que pueden durar hasta cuatro horas, pero siempre con un objetivo científico.

"Nada de paseos para que te dé el aire", adelanta Blay. La convivencia se hará en ese tubo metálico con el grupo dentro y muy pocas escapatorias simbólicas. "Estaremos aisladas con limitación de las comunicaciones", explica la líder de la operación, ya que "en circunstancias normales no tendremos contacto con la Tierra salvo una hora".

No crean que ese será un momento de desconexión para hablar con familiares o amigos. "Lo utilizaremos para mandar los informes de lo que ha pasado en el día y los planes de lo que haremos al día siguiente", explica la experta. Sólo si algo se complica de verdad se abandonará esa ficción marciana.

"Lo más importante es la seguridad del equipo; si hubiera una urgencia real, se podría llegar a romper la simulación para avisar a quien haga falta o evacuar a la persona que lo necesite", matiza. En cualquier caso, el encierro no será un reality científico, sino un laboratorio lleno de trabajo por hacer.

Hypatia III se apoya en proyectos diseñados por las propias tripulantes y en colaboraciones con instituciones de todo el mundo. Cada candidata tuvo que presentar una propuesta en su área de experiencia para poder optar a un puesto, y sólo las más sólidas pasaron el corte. "Uno de nuestros principales objetivos es hacer ciencia de calidad", apunta González.

La tripulación es intergeneracional y multidisciplinar, con profesionales especializadas en campos diversos.

La tripulación es intergeneracional y multidisciplinar, con profesionales especializadas en campos diversos. Cedida Mars Society

Biomedicina, ingeniería, ciencias del clima, ciencias sociales… cada disciplina está representada por un perfil muy experimentado, pero el desarrollo en el terreno implicará a todas.

La benjamina del grupo es la ingeniera Carlota Keimer, de 26 años, que entra en Hypatia III con la mezcla de vértigo y expectación de quien sabe que va a vivir algo histórico.

"Veo la misión como una gran oportunidad para nosotras, para crecer, desarrollar nuestras habilidades y contribuir a la sociedad de forma positiva", resume. Su mirada está puesta en las que vienen detrás: "Queremos crear vocaciones femeninas y ayudar a que las chicas se interesen por las ciencias y la ingeniería, donde hay cuotas muy bajas".

Para ella, el destino lo cambia todo. "Supone un reto, pero simula mejor las condiciones que tendríamos en Marte", explica. "Me parece genial que podamos ser una misión pionera y que, en parte, sigamos los pasos de Josefina Castellví", recuerda, en alusión a la oceanógrafa y primera española en una base antártica, fallecida el pasado 2 de febrero.

La joven dice sentirse "muy bien acompañada" por unas mujeres con "trayectorias increíbles" con las que, más que competir, se complementa. "Encajamos juntas y estamos muy bien lideradas por Estel Blay. Ella es una referente y la mejor comandante que hubiésemos podido tener: está preparada y tiene una carrera que aporta confianza y seguridad", comenta.

Líneas de investigación

La exploración dará continuidad a los estudios sobre la fisiología femenina en ambientes extremos de las ediciones anteriores —Hypatia II marcó la primera vez en la que se usó la copa menstrual en un entorno cósmico simulado— e investigará cuestiones ligadas al envejecimiento celular y la alimentación en estas condiciones.

Una tripulación así permitirá recoger datos que hasta ahora son escasos en la literatura científica, acostumbrada a trabajar con equipos mixtos donde el cuerpo estándar sigue siendo el masculino.

Otra línea clave estará orientada al propio Ártico. Desde la Flashline Mars Arctic Research Station se viene trabajando durante hace años, en colaboración con el gobierno canadiense y la población de Nunavut, en monitorizar el permafrost, seguir la evolución de la capa de hielo y analizar la calidad del agua para detectar posibles contaminaciones.

Detalle de la base en la que permanecerán más de dos semanas.

Detalle de la base en la que permanecerán más de dos semanas. Cedida Mars Society

"Hay mucha ciencia local a la que nosotras contribuiremos", dice González. Así, realizarán mediciones in situ del grosor de la superficie helada, la temperatura, la composición del agua de deshielo y la radiación solar, y las combinarán con imágenes satelitales para obtener un registro más rico de cómo progresa el terreno en el que habitan las comunidades inuit ante el cambio climático.

Igualmente, por primera vez, se analizará la salud espiritual, un concepto reconocido por la OMS que aquí se entiende como la tercera columna, junto al plano físico y mental.

"No tiene nada que ver con la religión", aclara la comandante: un estado dinámico de equilibrio que engloba el bienestar y la resiliencia de las científicas ante condiciones críticas.

El objetivo, así, es ponerse a prueba y medir cómo afecta el aislamiento, la falta de intimidad y la presión derivada de tener que hacer experimentos en un tiempo limitado y con altas expectativas sobre ellas: "Esa información es la que aporta valor a futuras misiones: 'Hemos aprendido esto', 'nos hemos encontrado con aquello', 'hemos observado tal reacción'…", reconoce Blay.

González enfatiza la parte más retadora de la preparación: aprender a reaccionar en una emergencia sin perder la cabeza. "La formación al respecto es uno de los puntos más importantes", asegura. Valoran participar en entrenamientos de primeros auxilios en entornos extremos, probablemente en los Pirineos.

La meta a lo largo de los meses venideros será exponerse a condiciones meteorológicas duras, toma rápida de decisiones y trabajo de equipo bajo presión.

En la misión, contarán con la supervisión remota del equipo médico del Hospital de Mollet, pero sabiendo que, durante la mayor parte del tiempo, la primera y única respuesta serán ellas mismas.

Varias de las implicadas en la misión, en un retrato reciente.

Varias de las implicadas en la misión, en un retrato reciente. Cedida Pau Fabregat

Toda esta ingeniería de personas, investigación y logística se sostiene sobre una idea: mostrar que las españolas pueden estar en la primera línea del espacio y que, de hecho, ya lo están.

"Queremos ser una cantera femenina de futuras científicas y poner en valor las capacidades que tenemos en nuestro país", reivindica Blay.

Y concluye, en declaraciones a esta revista: "La gente a veces piensa en espacio y se lo imagina todo en Estados Unidos con señores blancos de mediana edad, y nosotras pretendemos mostrar que la innovación y la tecnología son diversas, que hay perfiles muy diferentes y que en casa se hacen cosas de gran calidad".