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Nacho Vegas es un escritor de canciones y un investigador del alma, sea eso lo que sea: quiero decir que sabe de filosofía y de belleza y de mugre y de misterio, quiero decir que detecta cordeles sueltos y tira de ellos y entonces suena una la campana de una torre secular, quiero decir que hay un estilo colosal en su decadencia, quiero decir que me gusta verle bailar raro y clásico (moviendo los hombros hacia atrás, como quitándose los demonios alados de las escápulas) y fumarse un cigarro de liar en un barquito de madera. 

Vegas está tocado por una varita turbia y escucha la llamada de sus propias canciones antes de ser tarareadas, antes de ser narradas: se encuentran entre sí, vuelven al lugar que era suyo. Tenían que estar juntos: la música y él, las palabras y él, el corazón extraño de las coplillas que nos regala. 

En Vidas semipreciosas, su último álbum, da navajazos de alto nivel: ahí Mi pequeña bestia, Alivio, Los asombros o Deslenguarte

Hemos hablado de que las canciones saben cosas de uno mismo que uno no ve claras, porque estaban en el subconsciente o en las expectativas. O sea: las canciones te rodean. Quizán sean un collar o una soga. Si nosotros contenemos dentro el germen de nuestra propia destrucción, las canciones lo distinguen antes. Qué listas. 

Yo en las suyas veo zorros y zarzas en llamas; me llevan a grutas escondidas donde arrancar cuarzo rosa con las uñas ensangrentadas; y me presentan a hombres que están a punto de arder o a punto de brillar, y me enseñan, como Rilke, que todo ángel es terrible, y que "lo hermoso no es más que el comienzo de lo terrible, en un grado que todavía podemos soportar, y lo admiramos tan solo en la medida en que, sereno, rehúsa destruirnos". 

Mago de Magas | Nacho Vegas: "No se si pierdo dinero por ser antifascista"

Está por ahí (en sus letras) el sueño surrealista de que nos corten la lengua y la lengua haga una vida propia y emprendamos su búsqueda, sin éxito... y cómo vamos a poder nombrar sin ella todo lo que nos está escamando. Está por ahí la tristeza negra que hace que lluevan moscas. Está por ahí la posibilidad de un jardín. 

Habla también del asombro, de cantar a favor de estar en contra, de la pérdida de la inocencia. Algo ruge en el vecindario. 

Siento que Nacho Vegas es un artista esencial, un milagro raro español. Todo en su arte es muy fantasmal y por eso es muy humano. Charlemos entre el humo. 

La primera pregunta es sobre la primera mujer de nuestra vida, la primera mujer de la vida de todos: nuestra madre. En este disco le dedicas una canción a la tuya, Cristina Vegas, y cuentas cómo te inculcó la conciencia antifascista. Háblame de ella, de su carácter, de su vida, de sus pasiones.

Mi madre… me gustaría saber más de ella de lo que sé. Es bastante reacia a hablar de cosas del pasado, hay que tirarle mucho de la lengua.

¿Cuántos años tiene?

Tiene 76. Cumplió ahora, el 20 de enero.

Es de esa generación del silencio.

Sí. Creció, conoció a mi padre, en una época muy concreta: finales de los sesenta, primeros setenta, con los roles muy marcados.

"Mi madre es una mujer muy tierna y luchadora: siempre fue del PSOE, ahora creo que vota a mi hermano"

Tu padre fue director de Trabajo con el PSOE en los años 80 y falleció en 1994. Le dedicaste la canción El ángel Simón.

Sí, y mi madre siempre fue del PSOE. Bueno, ahora no sé, ahora imagino que votará a mi hermano, que ahora se dedica a la política en Asturias, en Convocatoria por Asturias, básicamente es Sumar.

Sería fuerte que la madre de uno no le votara, ¿no?

(Ríe) Bueno, el hermano no le vota. Mi padre era del PCE y luego se fue al PSOE. Y ellos tenían en común eso, su rollo antifranquista.

Nacho Vegas nos presenta su disco Vidas semipreciosas, en el que dedica una canción a su madre.

Nacho Vegas nos presenta su disco Vidas semipreciosas, en el que dedica una canción a su madre. Rodrigo Mínguez.

¿Crees que estaban enamorados?

No lo sé muy bien. Mi madre me decía que para ellos todo era como la primera vez: la primera pareja, la primera vida compartida. Que hicieron muchas cosas sin saber muy bien lo que hacían. No habían estado con nadie antes. Creo que se conocieron vírgenes. Entendí eso, me lo dijo como sin decírmelo. Me dijo claramente que mis hermanos y yo somos lo que más quiere pero que si volviera a vivir, no nos tendría.

Ah, genial. Es un dato que uno quiere tener. ¿Cómo te sentó aquello?

(Ríe) Muy bien, me pareció sincero. La entendí, porque ella sentía que había perdido su juventud: nos tuvo con veintipocos.

Siempre dicen que media vida nos la fastidian nuestros padres y la otra media nuestros hijos. ¿Cómo es su carácter?

Es una mujer muy tierna y muy luchadora. Durante muchos años fue maestra, y creo que todavía conserva esa vocación de cuidados. Dejó de ejercer para cuidarnos, y más tarde, cuando tuvo que volver a trabajar, años después, lo hizo en comedores escolares, en varios colegios. Ese trabajo tan ligado al cuidado define mucho su carácter. Yo creo que ahí hay algo muy vocacional.

"Mi padre levantaba la voz y daba un puñetazo sobre la mesa: mi madre era una figura suave y tierna. Al tiempo de que mi padre muriera, mi madre empezó a vivir como realmente quería”

Has hablado su ternura, y pienso en ese “don de la ternura” que también aparece en tu música. Te vendrá de ese lado.

Sí. Mis padres eran un matrimonio muy típico de los setenta, con roles muy definidos. Mi padre era el que levantaba la voz, el que daba un puñetazo sobre la mesa y nos callábamos. Mi madre, en cambio, era la figura suave, la tierna. Todo muy patriarcal, claro.

Cuando mi padre murió prematuramente y mi madre pudo hacer su vida al margen de él, ahí sí que desplegó otra fuerza, se empoderó de alguna manera. Le costó mucho, durante unos años lo pasó mal y luego empezó a vivir como realmente quería. Yo diría que los últimos diez o quince años han sido los mejores de su vida.

Me alegro muchísimo porque hay mujeres que nunca llegan a vivirlos.

Sí, total. Tiene una pareja estupenda, y eso también ha sido importante. Se ha empoderado, pero sin perder la ternura, no endureciéndose.

Nacho Vegas piensa que aún no conoce a su madre todo lo que le gustaría conocerla.

Nacho Vegas piensa que aún no conoce a su madre todo lo que le gustaría conocerla. Rodrigo Mínguez.

Dices una frase hermosa en tu canción: “Si me preguntáis quién soy, jamás diré ‘soy un artista’; diré: soy hijo de Cristina Vegas, antifascista”. ¿En qué os parecéis y en qué os diferenciáis?

Nos parecemos mucho físicamente. Yo soy muy mi madre y Xabier también. Mi otro hermano sería mi padre. De ella me queda una parte muy grande de valores, y también de carácter. Hay gestos, formas de decir las cosas, pequeños tics en los que me reconozco totalmente. Pienso en cómo se mueve.

Con los padres se crea también una distancia generacional difícil de salvar. Cuando éramos adolescentes, esa distancia era enorme. Ahora siento que por fin la estoy conociendo de verdad, no solo como madre, sino como persona. Soy más consciente de cómo su presencia ha sido fundamental en mis decisiones, en tener siempre su apoyo. Eso pesa mucho.

¿Cómo era Nacho Vegas de niño?

Muy tímido. Muchísimo más que ahora. Recuerdo mejor la preadolescencia. La timidez me resultaba problemática para relacionarme. El contacto con la música, tocar en grupos, me ayudó muchísimo a vencerla. Eso llegó con 16 años. Era un chaval bastante normal: sacaba buenas notas, sin destacar demasiado, y era delegado de clase. No era popular como en las pelis americanas, pero me llevaba bien con todo el mundo, aplacaba ánimos.

Este es un disco vocacionalmente antifascista. ¿Cuánto dinero pierde uno por ser antifascista? Lo digo celebrando las renuncias, claro: cuando hay renuncias entiendo que hay verdadero activismo. Si no se pierde nada por defender una causa, si se gana… supongo que es otra cosa.

No lo sé. Siempre he pensado que eso va con el oficio. Las canciones se nutren de lo que eres y de lo que te importa, y eso es sagrado. Es verdad que posicionarte te puede cerrar ciertos circuitos o determinadas oportunidades, pero es como preguntarse si ganarías más dinero escribiendo más estribillos. Hay cosas que no se negocian. Las canciones son llamadas que recoges, no una estrategia.

"Cuando pienso en el fascismo pienso en una parafernalia muy masculina: a la ‘Dama de hierro’, para legitimarla, hubo que cargarla de atributos masculinos"

Esto último que dices me gusta porque me recuerda a lo que decía Jorge Ilegal: él decía que traía las canciones “calentitas desde el subconsciente”.

Sí. Una vez dije que las canciones podían ser premonitorias y un periodista joven me dijo: “Pero eso es una chorrada”. No estoy diciendo que las canciones sean una cosa como de Rappel, no lo digo en un sentido mágico, pero las canciones son como películas: en ellas actúan cosas que tienes en el inconsciente, aunque no quieras reconocer que están ahí… pero bueno, conócete a ti mismo y verás cómo estaban ahí.

Tiene mucho sentido. ¿Sabes eso que dicen de que el carácter es el destino? Me interesa lo de sacar nuestra parte escondida, nuestro subtexto.

Sí. A veces escribes algo y, un año después, te das cuenta de que estabas narrando algo que iba a pasar. No porque adivines el futuro, sino porque ya sabías que estaba ahí. Por ejemplo, una relación que sabes que va a estallar. No puedes escribir una canción de ruptura en caliente, al menos yo no puedo. Necesito tiempo. O escribirla antes, cuando sabes que algo va a ocurrir, aunque no quieras creértelo. Acaba siendo una crónica de una muerte anunciada.

Vegas habla de las canciones que ya estaban dentro de uno y sacan cosas de ti que tú aún no puedes reconocerte.

Vegas habla de las canciones que ya estaban dentro de uno y sacan cosas de ti que tú aún no puedes reconocerte. Rodrigo Mínguez.

No es premonitorio: ya estaba dentro. Cada cosa (cada amor) contiene el germen de su propia autodestrucción.

Exacto. Eso ya estaba dentro de ti. O dentro de tus expectativas.

Quería preguntarte por el fascismo y su relación con lo masculino. ¿El fascismo es macho? Pienso en Cristina Morales, cuando escribió acerca del “macho-facho”.

Sí, yo creo que sí. Cuando pienso en el fascismo pienso en una parafernalia muy masculina, muy militar. Aunque todos contenemos lo masculino y lo femenino. Mira el caso de Margaret Thatcher: la llamaban “la Dama de Hierro”. Entiendo que para legitimar su poder había que cargarla de atributos masculinos. Pero al mismo tiempo, cuando escucho a Meloni, no me parece que esté haciendo un tipo de discurso diferente al de un hombre fascista. Es difícil.

Te quería preguntar por Alivio. Dices que quizá cualquier placer sea un alivio. ¿Cuáles son los tuyos?

Pienso en un poema de Bertolt Brecht, Satisfacciones, sobre pequeñas cosas que dan placer: ponerse zapatos cómodos, escuchar música antigua, leer el periódico. El último verso habla de ser amable con otra persona. De que eso era una satisfacción. Me gusta.

Durante la pandemia me di cuenta de lo importante que era que algo tan simple como que alguien te dijera “gracias” en el supermercado, ese contacto humano, también es un alivio. Me gusta tomar una cerveza justo antes de comer, el primer trago.

"En mi entorno sí veo amistades entre hombres y mujeres, pero creo aún no hay tantas ahí fuera: vivimos en burbujas"

Me retrotrae a otros momentos. Hay también un yogur muy concreto, de marca blanca, que me recuerda a unos yogures de mi infancia. Tiene trozos de fresa. No siempre me lo tomo, pero me gusta saber que está ahí, como la posibilidad de un viaje al pasado. Mi mejor amigo dice que sabe a polvos de talco (ríe).

¿Cómo has mirado el mundo de lo femenino desde niño hasta ahora?

Creo que durante mucho tiempo los mundos estaban segregados. En mi entorno cercano ahora sí veo amistad real entre hombres y mujeres, pero seguimos viviendo en burbujas. Hay hombres que quedan sólo con hombres. Y mujeres que quedan sólo con mujeres. Tengo esperanza porque veo a los hijos y las hijas de mis amigos y se juntan entre sí, las niñas, los niños y los niñes. Veo grupos muy mixtos.

Yo fui a un colegio mixto también, pero entonces había aún cierta separación emocional… Fue en el instituto cuando tuve a mi primera gran amiga. Era una macarra increíble, maravillosa. Luego, al entrar en el mundo de la música, aprendí mucho de lo que significaba ser un grupo de chicas en un entorno masculinizado. Vi comentarios condescendientes, paternalistas, despectivos. Ahí recibí mis primeras collejas feministas. Las amigas te hacen ver cosas que a veces los amigos no.

¿Recuerdas la primera vez que viste el cuerpo desnudo de una mujer?

Sí. De muy guaje, en unas casetas de la playa de San Lorenzo. Entré para dejar unas cosas y, sin querer, vi a una amiga de mi madre cambiándose. Me quedé mirándola, y ese recuerdo se me quedó grabado. Sentí vergüenza, la sensación de haber hecho algo prohibido. Fue la primera vez que sentí eso. Ella gritó.

No creo que tampoco se traumatizara. Es algo inocente.

Espero que no.

¿Y la vez que viste a una mujer desnuda… de forma oficial?

Pues tendría 14 o 15, y fue en un entorno como una fiesta… te metes en una habitación… no sabes muy bien lo que estás haciendo. Y te quedas como muy desconcertado. Pero luego vuelves a contárselo a tus amigos como de “sí, sí, todo controlado”. Una pátina de experimentado… (ríe).

Vegas recuerda sus primeros deslubramientos con mujeres, desde niño hasta hoy.

Vegas recuerda sus primeros deslubramientos con mujeres, desde niño hasta hoy. Rodrigo Mínguez.

¿Cómo ha cambiado tu manera de vivir el amor romántico? “Quiérote tanto que mmm…”, cantas en Mi pequeña bestia.

¿Romántico en el buen o mal sentido? Alberto Santamaría hizo un artículo sobre que no había que temer al amor romántico, que la gente lo que quería era criticar al amor idealizado. Él defendía el romanticismo dentro de la literatura romántica. Se refería a amores trágicos que desde luego no eran los amores idealizables.

Bueno: para mí fue clave darme cuenta de que mis decisiones podían hacer daño a otra persona. No todo lo que haces te pertenece solo a ti. Las relaciones afectivas generan efectos en cadena.

Se habla mucho de la ética de los cuidados, y no es fácil llevarla a la práctica. Pero es fundamental. Las relaciones son como una planta: hay que regarlas todos los días. O un animalillo. Si no, se mueren.

Eso sigo aprendiéndolo. En Asturias se habla de “el procuru” para referirse al cuidado, al trato especial, que nos procuramos las personas, y eso hay que revisarlo un poco cada día. Esto es un work in progress. No soy muy original, pero es básico tenerlo en cuenta y sobre todo actuar en sintonía.

“Con lo poco que somos, cuánto nos deseamos”, escribes en Alivio. ¿Qué sabes tú de tu propio deseo? No sé si tiene que ver con La pequeña bestia. El deseo, la vocación, el talento, el trauma… Todo eso se parece y no se parece entre sí. Teje a la bestia, ¿no?

Sí, sí, puede ser.

"El deseo te lleva a lugares oscuros de ti mismo a los que de otra manera no llegarías: el deseo te empuja y te plantea dilemas morales y éticos"

Yo pensaba en la pequeña bestia como en El pájaro azul de Rubén Darío. No sé si te acuerdas. Me imaginaba a tu pequeña bestia conociendo al pájaro azul de Rubén Darío, presentándose… Me interesaba esa idea de que la bestia está compuesta de deseo.

El propio deseo es algo que se va moldeando mucho con el tiempo, y también a medida que vas conociendo gente, compartiendo experiencias, saliendo un poco de tus propias emociones. Compartir deseos es algo que libera muchísimo.

El deseo te lleva a lugares oscuros de ti mismo a los que de otra manera no llegarías: porque no te atreverías, porque no habría nada que te empujara. El deseo sí lo hace. A veces te lleva a sitios donde se te plantean dilemas morales y éticos. Cuando el objeto del deseo deja de ser algo abstracto y se convierte en una persona concreta, todo eso se vuelve muy real.

Y esos dilemas tienes que resolverlos hablando con las personas con las que compartes ese deseo, teniendo en cuenta hasta qué punto esas necesidades que te mueven también te dan miedo.

Nacho Vegas habla de deseos reprimidos y de deseos compartidos.

Nacho Vegas habla de deseos reprimidos y de deseos compartidos. Rodrigo Mínguez.

Oh, esa es otra: lo que deseamos también nos aterra. Esa quizás sea la fricción. Es el eros y el tánatos.

Sí. Es que el deseo saca de ti una parte que estaba ahí, pero que nunca había salido a la luz. Tú sabes que quizá puedes controlar esa parte dentro del deseo, pero aun así da miedo saber que existe, que está ahí agazapada. Da miedo pensar que un día algo que ahora es un juego pueda convertirse en realidad.

He leído mucho sobre eso. Por ejemplo, sobre las fantasías de violación. Muchas feministas, como Clara Serra, hablan de su legitimidad: no es nada que una quiera que pase en la vida real, claro, pero le excita jugar con la idea. Creo que reconocer eso y compartirlo, alivia. Porque repudiar lo mismo que deseamos nos había llenado de culpa.

Me gustaría que se hablara más del poder del deseo, de los deseos que tenemos, de explorar nuestras zonas más oscuras. Creo que es algo que se ha descuidado bastante.

¿Tienes algún deseo prohibido que quieras contar? Algo que se quede en la fantasía y no querrías que ocurriera en la realidad.

Claro que me he encontrado con deseos y fantasías. Hablándolos con la otra persona, con la pareja sexual o afectiva, te das cuenta de te excitan cosas que implican violencia en distintos grados. Y eso te obliga a preguntarte por qué te excita algo que, racionalmente, te parece espeluznante. Eso te genera dilemas que tienes que trabajar dentro de tu vida. Claro que los tengo. Es normal.

"Nunca me ha excitado la ‘femme fatale’ ni la ‘lolita’”

Decía Pavese: con amor o con odio, pero siempre con violencia.

(Sonríe) Sí. Hay muchas violencias silentes que son mucho más heavy que una hostia consensuada entre adultos.

He leído entrevistas tuyas donde decías que el malditismo te pesó, que al mirar atrás pensabas “qué intensito era”. Quería preguntarte por la femme fatale, que es otro reducto del malditismo. ¿Qué relación tienes con ese arquetipo femenino, tan narrativo, tan construido por los hombres?

Nunca he pensado en ella demasiado en serio. No me ha puesto, no me ha excitado, la verdad. Me pasa un poco como con otros arquetipos femeninos, como el de las lolitas, sobre todo después de que se creara toda esa mitología a partir de ciertas películas. No me interesa la mujer joven. Todo lo que se construye alrededor tiene interés cultural, pero personalmente no me ha interpelado demasiado.

Son arquetipos muy codiciados por los hombres.

Sí, y por eso son falsas promesas.

Si pensamos en creadoras, ¿tienes alguna escritora favorita?

Es difícil decir una sola. Una de las que más me marcó fue Carson McCullers, la escritora sureña. El corazón es un cazador solitario. Me impresionó muchísimo. Leí esa novela y luego busqué todo lo demás que había escrito. Leí Reloj sin manecillas y le puse ese título a una canción. Y una autobiografía llamada Iluminación y fulgor nocturno.

Nacho Vegas cita a Violeta Parra, una mujer que le inspiró y le cambió la vida.

Nacho Vegas cita a Violeta Parra, una mujer que le inspiró y le cambió la vida. Rodrigo Mínguez.

Cantante favorita.

Violeta Parra. Me parece fascinante el camino que hizo: empezó interpretando canciones populares, para entretener en fiestas, y se dio cuenta de que eso no representaba el sentir del pueblo chileno.
Se propuso recorrer todo Chile, ir a los pueblos más remotos y rescatar canciones. Hablaba con la gente mayor, con los mineros, con las mujeres. En ese camino se encontró con situaciones de injusticia social brutal, y decidió escribir sus propias canciones sobre ello.

Rescató canciones, pero también creó una obra propia extraordinaria, casi sin proponérselo. Para mí es una de las grandes creadoras del siglo XX. Supo unir lo tradicional con algo profundamente vanguardista.

Política o activista favorita.

Teresa Rodríguez. Me empezó a interesar cuando estaba en Podemos. Su manera de entender la política, siempre con vocación transformadora y muy andalucista. Defendía que cada territorio tuviera su propia voz política. Esa idea de hacer política desde el territorio, sin olvidar las calles, la autoorganización popular, con un horizonte anticapitalista y revolucionario, me parece fundamental. Para mí ha sido un referente.

¿Personaje histórico femenino?

Aida Lafuente, una guerrillera asturiana conocida como Rosa Roja. Dejó los estudios siendo muy joven, tomó el fusil y se fue a la revolución de octubre del 34. Cuando la detuvieron y le preguntaron cómo se llamaba, respondió: “Comunista libertaria”. La mataron. Es una figura muy potente. Hay canciones sobre ella. Representa una dignidad enorme.

"Mi política favorita es Teresa Rodríguez y mi ‘crush’, Cayetana Guillén Cuervo"

¿Mito erótico?

(Ríe) El otro día hice una entrevista con ella. Mito erótico no, pero ‘crush’ sí, como se dice ahora.

Es un poco más naif, es más tierno. De acuerdo.

Sí, lo tuve en su momento con Cayetana Guillén Cuervo, y el otro día me entrevistó, y es muy maja. 

¿Y fue como te esperabas? El estar cerca de ella.

Claro, era ya otro momento, pero sí. Me encantó conocerla, es muy acogedora, tenemos amigos en común. Pero no sé, era un momento de primo, igual es así de maja con todos los invitados…

Nacho Vegas habla sobre el cambio de la masculinidad y la muerte del 'julioiglesismo'.

Nacho Vegas habla sobre el cambio de la masculinidad y la muerte del 'julioiglesismo'. Rodrigo Mínguez.

Me encanta ese pensamiento de niño de “pero, ¿será así con todos, o yo soy especial…?”.

(Ríe).

La última: ¿crees que está cambiando la masculinidad? ¿Va a dejar de molar el ‘julioiglesismo’?

Lleva un tiempo cambiando, pero va cambiando muy poco a poco. Demasiado poco a poco. Todavía sigues asistiendo a cosas… ahora se ha creado todo este correlato antagonista del discurso feminista y de recuperar viejas masculinidades y estas mierdas. Confío en las nuevas generaciones a pesar de que digan que la juventud está en masa con Vox, creo que hay algo interesado en ese tipo de estudios que se supone que hacen.

Veo masculinidades más diluidas que antes, que eran puro heteropatriarcado, y se generan relaciones más sanas. Acabar con Julio Iglesias va a ser difícil, porque puso toda la maquinaria a andar. Suena a que las están untando muchísimo de pasta para que cambien la versión. Va a irse de rositas. Pues si no se acaba con Julio Iglesias… total, como va a morir dentro de poco… acabemos con el ‘julioiglesismo’, por lo menos.