Antoni Bolinches es uno de los grandes referentes de la psicología en España. También es un audaz estudioso del amor: ¿recuerdan aquello que decía Lope de Vega? "Desmayarse, atreverse, estar furioso, / áspero, tierno, liberal, esquivo, / alentado, mortal, difunto, vivo, / leal, traidor, cobarde y animoso; / no hallar fuera del bien centro y reposo, / mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, / enojado, valiente, fugitivo, / satisfecho, ofendido, receloso...".
Y continuaba: "Huir el rostro al claro desengaño, / beber veneno por licor süave, / olvidar el provecho, amar el daño; / creer que un cielo en un infierno cabe, / dar la vida y el alma a un desengaño; / esto es amor, quien lo probó lo sabe". Bien. Pues Bolinches, veterano en nuestros dimes y diretes sentimentales, sabe mucho de nuestros procesos y de nuestros deseos callados.
Sabe cuánto y qué mal nos hemos amado. Y lo que nos queda.
Estudió Filosofía y Ciencias de la Educación, es psicólogo especialista en Psicología Clínica y máster en Sexualidad Humana, creó la Terapia Vital y fue uno de los introductores de la Psicología Humanista en España. Tiene 78 años y es un feminista bárbaro, un hombre a la vanguardia.
Acaba de publicar El síndrome de las supermujeres (Amat Editorial), que propugna la tesis de que cuando las mujeres se hacen grandes, no encuentran hombres de su talla... ni los hombres, acomplejados en muchos casos, eligen estar con ellas. Conversamos con el experto.
¿Cómo definiríamos a una súpermujer?
Una súpermujer, tal y como yo la he tipificado… es una mujer que reúne cinco virtudes fundamentales. Es atractiva, es inteligente, tiene buen nivel de formación, tiene buena posición económica y tiene éxito profesional. Y, como consecuencia de tantas virtudes, sufre un síndrome paradójico, que es que eso la perjudica en sus expectativas amorosas.
¿Por qué? ¿Porque a los hombres no les gusta estar al lado de una mujer lista, guapa, rica y fuerte?
No es que no les guste, pero otra cosa es que quieran que esa sea la compañera habitual, porque el hombre prefiere relaciones cómodas.
O sea, le gusta para un rato. Para ponerse la medalla de “he estado con esta mujer”. Le gusta haber estado, no estar.
Sí, sí, sí. El hombre prefiere relaciones cómodas. Y claro, cuanto más nivel tengas… tengo que estar yo a la altura para estar a tu nivel. Y como yo prefiero ser el admirado al admirador… Esto viene de la cultura ancestral, claro.
Sólo hace medio siglo que las mujeres habéis subvertido el modelo anterior, pero con vuestro esfuerzo, que ha generado esto… los hombres estamos desorientados y las mujeres estáis decepcionadas porque os dais cuenta de esa paradoja: que, como consecuencia de tantas virtudes, tenéis una penalización en las posibilidades de encontrar hombres adecuados para vosotras.
"Si estáis en la excelencia, hay pocos hombres que resulten admirables para vosotras. Y parte de estos hombres se van a inclinar por relaciones más cómodas"
Por dos razones. Porque, claro, si estáis en la excelencia, hay pocos hombres que resulten admirables para vosotras. Y porque parte de estos hombres se van a inclinar por relaciones más cómodas, en donde ellos sean los admirados. Claro.
¿Y usted cree que esto al final acabará consiguiendo que las mujeres prefiramos ser mediocres o, al menos, aparentar mediocres? Porque si el éxito se paga con soledad y el amor es algo importante para la experiencia como ser humano…
Muy bueno. Es un riesgo, es un riesgo. Muy bien detectado. Se están creando como dos tendencias: las que seguís en coherencia con vuestro potencial para llegar a ser lo que podéis ser, y las que entran en regresión. O sea, dicen: “El modelo tradicional corregido me permite tener más posibilidades amorosas”.
El psicólogo Antoni Bolinches nos atiende en el Café Comercial.
En el libro habla usted de varios perfiles de mujer. Hábleme de ellos. ¿Empezamos por la súpermujer castradora?
Sí. Es la que castiga al hombre por no ser como ella quiere que sea. Y eso no es bueno para ella ni es bueno para los hombres. Por eso le quito el título de “súper”, porque genera relaciones incómodas y destructivas. Pero eso les pasa a los hombres y a las mujeres: claro, que si tú me haces sentir cómodo, yo estaré bien contigo.
Si yo te hago sentir cómoda, tú estarás bien conmigo. Por eso necesitamos la inteligencia constructiva. Luego tenemos a la súpermujer reactiva.
¿Cómo es ella?
A la reactiva no le gusta esta realidad y dice: o me voy hacia la castradora y castigo a los hombres por no ser como deberían, o me voy hacia la aceptación y entonces me conformo. Si te conformas, tienes más posibilidades de encontrar hombres adecuados, claro, porque no generas relaciones incómodas.
La mujer conformada acepta, evoluciona hacia la facilitadora y, si encuentra un hombre adecuado que tiene posibilidades, favorece su desarrollo, lo mejora como hombre. Crea un efecto Pigmalión, de profecía autocumplida.
El hombre dice: “Si tú, que eres una súpermujer, confías en mí, yo me siento con posibilidades, y entonces tu excelencia no me perjudica, sino que me hace grande”.
Evidentemente, aunque te vea por encima de mí, como facilitas mi superación, yo me puedo enamorar de ti. En mi tercer libro, El arte de enamorar, ya decía que el arte de enamorar es el arte de mejorar.
"Como facilitas mi superación, yo me puedo enamorar de ti: el arte de enamorar es el arte de mejorar"
Qué bello.
Cuanto mejor estoy, mejor me va. Pero, por desgracia, es más cierto para los hombres que para las mujeres.
¿Qué es el amor para los hombres y qué es el amor para las mujeres?
Mira, te contesto con una encuesta que hice para otro libro mío. Todos mis libros son sistematización de la práctica clínica. Me refiero a mi segundo libro, La felicidad personal. Yo preguntaba: ¿qué es la felicidad? Y las dos prioridades de la gente, ¿sabes cuáles eran? El amor armónico y la realización personal. Pero tanto en hombres como en mujeres.
¿Dónde está la diferencia? Tú misma lo puedes deducir. ¿Quién ponía en primer lugar la realización personal? El hombre. ¿Quién ponía en primer lugar el amor armónico? La mujer. Aún sigue siendo así, aunque se están igualando.
Antoni Bolinches reflexiona sobre qué es el amor para los hombres y qué es para las mujeres.
Una de las características de la súpermujer es que, como tiene buena autoestima, puede durante una fase de su vida hacer lo mismo que los hombres: sacrificar el proyecto amoroso por el proyecto profesional. No para siempre, pero sí durante un tiempo.
¿Y podemos las mujeres acabar cometiendo los errores que han cometido los hombres? Es decir, ¿podemos acabar queriendo al lado a un hombre que no nos parezca muy brillante para estar más cómodas?
No bajes el listón. Eso nunca. Pero sí hay que dar un margen. O sea, toda relación empieza superficialmente. Cuando yo me acerco a ti no te voy a decir “¿qué opinas de la Crítica de la razón pura?”. Te diré “qué guapa eres”, o alguna tontería, pero te voy a hacer ver si después de la tontería hay una sustancia.
Y es cierto que ahí la mujer espera más sustancia y el hombre, desde el primer momento, categoriza por el atractivo físico. En cambio, la mujer, mientras el físico del hombre no le juegue en contra…
"La mujer espera más sustancia y el hombre, desde el primer momento, categoriza por el atractivo físico"
Los hombres llegan primero al sexo, las mujeres llegan primero al amor y luego hacen el viaje de vuelta y se encuentran en algún punto.
Buena síntesis. Buena síntesis. Espero que en el futuro nos encontremos. El libro va de eso.
¿Qué les pasa a las mujeres con el sexo? ¿Por qué tenemos todavía cierto miedo? Y sé que se nos ha herido mucho desde el sexo: por tenerlo o por no tenerlo. ¿Cuándo vamos a superar el miedo al sexo, cuándo vamos a disfrutarlo?
Mira, me invitaron a dar la conferencia de clausura en Lérida sobre un estudio que hicieron del comportamiento sexual de los jóvenes en la escuela. Y la edad de iniciación al coito de las mujeres en estos momentos es de 16 años.
La mujer es el sexo fuerte. ¿Por qué? Porque los cinco medidores psicofísicos son favorables a la mujer. Tenéis más zonas erógenas, más sensibilizadas, más vías orgásmicas, más potencial orgásmico. Y no tenéis período refractario. ¿Sabes qué es el período refractario? El tiempo que necesitas para tener un nuevo orgasmo. Hay mujeres multiorgásmicas, pero no hay ningún hombre multiorgásmico.
Entonces, ¿por qué nos han hecho creer tanto tiempo que éramos el sexo débil?
Para que nos hicierais fuertes. Y porque la cultura tradicional premiaba la virginidad, no la competencia sexual. El hombre, como sabe que es inferior sexualmente, ha subordinado a la mujer.
Y la mujer… es cierto que parte del miedo a la sexualidad no dependía solo de la ortodoxia educacional y religiosa, sino del miedo al embarazo. Cuando sale la píldora anticonceptiva… ahí empieza la revolución sexual femenina.
Dicen últimamente los estudios y las encuestas que cada vez más mujeres jóvenes se denominan bisexuales o lesbianas. Es decir, hay una decepción hacia los hombres respecto al tema emocional… pero también sexual. Y una exploración hacia el mismo sexo.
Mi teoría es la siguiente: la mujer no es homofóbica y, por tanto, es más afectiva. Tú puedes estar con una amiga, eres adolescente o estás en la primera etapa de esta modalidad, y la expresividad afectiva implica contacto físico. Tú te vas a dormir con una amiga y os abrazáis, y qué contentas de dormir juntas. Dos amigos heterosexuales no: cada uno se pone en una punta de la cama, no sea que…
En el caso de dos amigas, sólo con que una de las dos sea bisexual o lesbiana, es fácil que haga que la otra se permita una experiencia. La mujer asocia más la afectividad con el sexo. Los hombres han decepcionado.
Pero sí es cierto que subirá un poco el porcentaje de homosexuales masculinos y femeninos, porque no existe la misma represión ni social ni sexual que antes. Y es cierto que la mujer tendrá un mayor porcentaje de comportamiento bisexual que el hombre, porque el hombre sí que es homofóbico. Si es heterosexual, no quiere que otro hombre le abrace.
Antoni Bolinches lleva décadas estudiando el amor y las relaciones de pareja.
Sí, pero luego fíjese: los chavales escogen sus primeras experiencias masturbatorias con amigos. Pero entre chicas es menos frecuente.
Ahí entra la exhibición del pene. Lo que antes era orinar para ver quién llegaba más lejos ahora es “a ver quién tiene el pene más grande”. El hombre se anima con el tamaño y la potencia del tema, sí.
Esto lo hablaba con David Trueba, que ha hecho una película donde se ve cómo el hombre hace una broma sobre su pene, o habla de él en tercera persona, como si fuera una marioneta, como si fuera algo ajeno a él. Y le preguntaba (y le pregunto a usted ahora) el porqué. ¿Y por qué las mujeres no lo hacemos?
Estuve en el rodaje de Eugenio. Sí, en Barcelona me invitaron al rodaje porque yo fui asesor artístico de Eugenio, así que…ahí empecé mi carrera. En fin, respondiendo tu pregunta: muy sencillo. Esto es porque el pene sobresale y la vagina está oculta.
Por eso te recomiendan sexólogas y sexólogos que te mires, que hagas test de la vagina. También influye la represión sexual a la que ha estado sometida la mujer, que aún hay cierto lastre sexual, Claro. Si tú haces un trío, a lo mejor sólo lo cuentas a tus amigas íntimas. Si yo hago un trío, brindo con champán con mis amigos.
"Si tú haces un trío, a lo mejor sólo lo cuentas a tus amigas íntimas. Si yo hago un trío, brindo con champán con mis amigos"
Es totalmente cierto. También le quería preguntar qué hay de la nueva moda del acercamiento de la mujer a la religión. Ha visto el tema de Rosalía o la película Los domingos. De repente hay un boom de una mujer decepcionada con los hombres, que no se siente colmada, que dice: “a lo mejor Dios me dará lo que ningún hombre me da”.
Seguramente porque, paradójicamente, en el imaginario de la masculinidad, Dios sería el hombre ideal. Sería admirable, comprensivo… O sea, en el fondo —esto ya es una hipótesis mía no verificada, porque he tratado a pocos dioses pero a muchos hombres—, Dios sería el hombre ideal encarnado en la figura de Jesucristo: guapo, comprensivo, capaz de hacer milagros, de entender y de amar…
Antoni Bolinches habla de la liberación sexual femenina y de las represiones que aún arrastra.
Y también es cierto lo que dices: hay una decepción de la súpermujer porque, repito, es el primer síndrome paradójico de la historia de la psicología. Como tú sabes, un síndrome es el conjunto de síntomas de un trastorno. Y aquí es el conjunto de virtudes lo que genera el problema. Por eso ha llamado tanto la atención el tema.
Este libro nace de una muestra de 150 mujeres que durante los últimos diez años han pasado por mi consulta porque, como consecuencia de su excelencia, no encontraban hombres adecuados.
Pues a ver qué hacemos, ¿no?
¿Sabes algo de psicología?
A nivel usuario.
¿Has oído hablar del sistema PAL? Te será muy útil. Te explico. Las personas tenemos tres partes, según el sistema PAL: Padre, Adulto y Niño. Tú ya sabes qué aporta cada parte al comportamiento. Los niños actúan desde el niño… pero nosotros también tenemos un niño dentro, alguien que se guía por el principio de placer. El padre, si embargo, se rige por el sentido del deber.
Y el adulto… el adulto armoniza. Eso es lo mejor, eso es una persona madura: la que es capaz de armonizar el placer suficiente con el deber necesario. ¿Qué me permito y qué me prohíbo en el amor?
¿A quién le gusta la persona? Al niño. ¿Quién te ha de decir si te conviene? El padre. ¿Qué ha de hacer el adulto?
Ver qué pesa más.
Exacto. Si tú tienes mucha necesidad afectiva, ¿quién elige? La niña. Por eso la mejor manera de acertar es…
Y si tienes mucho miedo, elige el padre.
Exactamente.
Antoni Bolinches durante la entrevista, hablando sobre mujeres de éxito como Rosalía o Aitana.
Para no sufrir.
Claro. En cambio, el adulto decide que la persona te gusta y te conviene. Sintoniza categorías morales, prioridades vitales y carácter. Todo esto está en mi libro Amor al segundo intento.
En cuanto a las súpermujeres actuales. ¿Qué pasa con figuras como Rosalía o Aitana? No son como Julio Iglesias o Sabina, que hablaban de sexo, drogas y excesos. Ellas dicen: “Paso muchas horas sola en el hotel…”.
Reflexión interesante. Rosalía contó que llevaba meses de celibato y que se sorprendió porque tuvo una polución nocturna, que es algo absolutamente natural. Si no tienes sexo relacional ni masturbatorio, las gónadas sexuales siguen actuando. Cuando hay exceso de tensión sexual, tienes un sueño sexual o imaginas una secuencia erótica, el cuerpo evacua ese exceso. Es una solución fisiológica: provocar un orgasmo durante el sueño.
¿El hombre sigue pensando que una mujer es una fresca si se acuesta con él la primera noche?
Ya no todos. Tengo clientes que me dicen: “nos acostamos la primera noche y no nos hemos separado nunca”. No son los más, pero los hay. Depende del tipo de enamoramiento. Hay siete variantes de enamoramiento, según la clasificación que hice en El arte de enamorar. La que todos quisiéramos es el sinérgico y el flechazo. El sinérgico es que tú y yo nos encontramos y todo fluye. No por el sexo, sino por el deseo de conservar ese clima de conexión. El sexo surge como consecuencia. El flechazo es ese en el que sientes que conoces a esa persona de otra vida. En esos casos puede haber sexo la primera noche sin penalización moral.
¿Y el resto?
Estaba el de acompañamiento, el admirativo, el de la limitación… ese es el peor.
Antoni Bolinches cree que los hombres ya no piensan que una mujer sea fácil por tener sexo la primera noche.
El del complejo.
Exacto. “Estoy contigo porque a mí no me quiere nadie y tú estás conmigo porque a ti tampoco”.
Última pregunta. ¿Cuál es su diagnóstico? ¿Cómo cree que evolucionarán las relaciones entre mujeres y hombres dentro de 40 o 50 años?
Si lo hacemos bien, evolucionaremos hacia un perfil donde lo principal será ser personas. Personas hombre y personas mujer, enriqueciéndonos de la diferencia.
Si lo hacemos mal, iremos a una guerra de sexos. Depende de nosotros. Para eso hacen falta inteligencia constructiva, aceptación superadora de la realidad, diálogo interior y mejoramiento personal.
Porque criticándote a ti no mejoro yo. Mejoro criticando mis propias carencias. Entonces seré más amable para ti. Amable en el doble sentido: quien se comporta con amabilidad y quien es digno de ser amado.