La escritora posa para Magas.

La escritora posa para Magas. Esteban Palazuelos

Protagonistas

Amparo Llanos, de guitarrista de Dover a 'cartearse' con Jane Austen: "La música es más narcisista que la escritura"

La madrileña ha publicado Afectuosamente tuya, un libro en el que se adentra en la correspondencia privada de la legendaria escritora.

Más información: Por qué la obra de Jane Austen es una guía para el amor hoy: "Querer sin perderse a una misma es un acto de valentía"

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En Afectuosamente tuya, Amparo Llanos —guitarrista y cofundadora de Dover, uno de los grupos más influyentes del rock español— se adentra en la correspondencia íntima de Jane Austen para revelar a una autora brillante, irónica y políticamente lúcida, muy lejos del cliché romántico.

Tras una trayectoria marcada por la exposición pública y el éxito musical, ahora Llanos dialoga desde el presente con la escritora para explorar la vocación, la autonomía y la resistencia creativa, ofreciendo un retrato profundo de una mujer consciente de su talento y de las limitaciones impuestas a su tiempo.

Afectuosamente tuya aparece una y otra vez en las cartas. ¿Es solo una fórmula de despedida?

No, es una expresión de intimidad. Jane la reservaba sobre todo para su hermana Cassandra, y en ocasiones para amigas muy cercanas. Ese “tuya” marcaba un vínculo afectivo profundo.

¿Cuándo sentiste que dejaba de ser solo una autora admirada para convertirse en una presencia cercana?

Creo que nos pasa a casi todos: su inteligencia es extraordinaria, pero escribe con tanta naturalidad que genera confianza inmediata. Sientes que habla con honestidad sobre la experiencia humana, y terminas sintiendo que la conoces.

De los cientos de misivas que Jane Austen escribió sólo han llegado unas pocas. ¿Esa ausencia es una pérdida irreparable o forma parte del misterio que la rodea?

Debemos valorar el privilegio de tener 161 cartas: podríamos no tener ninguna, que habría sido lo más lógico, porque no tenemos derecho a su correspondencia privada. Con más cartas conoceríamos mejor sus matices vitales, sí, pero lo que tenemos es suficiente.

A veces incluso pienso que me habría interesado más leer alguna respuesta de Cassandra que disponer de más documentos de Jane.

Has mencionado a Cassandra, una figura que atraviesa todo el libro. ¿Cómo entiendes ese vínculo tan intenso entre las dos?

Es una relación compleja. En algunas cartas parece que Jane, como hermana menor, muestra cierta dependencia e incluso celos: no le gustaba compartir a Cassandra y bromeaba con eso. De niñas eran inseparables.

Pero dada la enorme inteligencia de Jane, creo que más que dependencia había una relación de pares. Era una interdependencia basada en el afecto, la complicidad y la admiración mutua.

Jane Austen nunca se declaró feminista, pero criticó el matrimonio impuesto, la maternidad obligatoria y la dependencia económica. ¿Era consciente del trasfondo político de estas ideas?

Es difícil saber si lo formuló de manera explícitamente política. Declararse feminista implica reconocer una opresión que debe resolverse colectivamente, y no creo que ella lo planteara así. Pero eso no significa que no tuviera conciencia.

En una carta a Martha Lloyd, por ejemplo, se posiciona a favor de la princesa de Gales frente al príncipe regente y dice claramente que lo hace porque es mujer. Esa lealtad femenina es muy reveladora.

En sus cartas y novelas les da sistemáticamente más voz a ellas que a los hombres. Su conciencia no era difusa ni ingenua y su mirada sobre la desigualdad femenina va bastante más lejos de lo que aún hoy muchos se atreven a reconocer.

La autora, en la FNAC de Madrid.

La autora, en la FNAC de Madrid. Esteban Palazuelos

Más que declaraciones explícitas, sus posturas parecen darse siempre dentro del contexto social: la forma de vestir, de comportarse, de mostrarse.

Sí. Austen daba mucha importancia a las formas y a la pertenencia a una comunidad, creía que las maneras expresan valores morales. Pero al mismo tiempo defendía con firmeza la libertad personal. Esa tensión —integrarse sin perder la autonomía— atraviesa tanto sus cartas como sus novelas, y es especialmente compleja en el caso de las mujeres.

Da la impresión de que sabía que era demasiado inteligente para su sociedad y que tuvo que adaptarse.

Eso se ve claramente en las misivas. Con la publicación de Sentido y sensibilidad fue por primera vez independiente económicamente, y la alegría que siente es enorme. En sus obras reflexiona constantemente sobre las capacidades desperdiciadas de las mujeres y la falta de libertad para desarrollar una vida propia. Su identidad como autora fue central en su vida.

¿Por eso no se casó con un hombre rico? ¿Fue una decisión valiente o una fidelidad a su vocación?

Creo que ambas cosas. Cuando rechazó una propuesta ventajosa, pesaron el desinterés personal y la conciencia de lo que implicaba el matrimonio: pérdida de autonomía y de tiempo para escribir. A pesar de la inseguridad económica, perseveró en su vocación. Para una escritora como Jane, esa prioridad era irrenunciable.

La ironía y el sarcasmo parecen mucho más directos, incluso más crueles, en las cartas. Quizá porque eran documentos íntimos, sin intención de ser leídos.

Exactamente. Son como un entrenamiento para esa ironía tan pulida de las novelas. En ellas no necesita tamizar nada: escribe para Cassandra y se permite reaccionar sin filtros.

¿Qué crees que escribiría hoy Jane Austen en WhatsApp o en Instagram?

No sé si tendría Instagram, porque es un espacio público. Yo me considero hija de Jane, como muchas otras mujeres, y no tengo Instagram. Si lo usara, seguramente escribiría con la ironía controlada de las novelas.

En cambio, en sus WhatsApps privados con su hermana o sus amigas es donde soltaría todo, como hacemos todos cuando creemos que nadie nos va a leer.

Amparo Llanos, durante la entrevista con Rosa Sánchez de la Vega.

Amparo Llanos, durante la entrevista con Rosa Sánchez de la Vega. Esteban Palazuelos

Has dicho que te consideras hija de Jane. ¿Por qué?

Creo que nos pasa a muchas mujeres que la admiramos. Se establece una relación de confianza casi maternal. Es un referente de mujer inteligente y talentosísima que, pese a una vida con incertidumbres y precariedad, persevera en su genialidad. Eso resulta profundamente inspirador.

A menudo se lee solo desde lo romántico. ¿Qué se pierde quien la enfoca únicamente así?

En realidad, quien la lee no se pierde nada. Al contrario: incluso buscando sólo una historia de amor, encuentras mucho más. Sus novelas ofrecen romance bien construido, pero también la vida misma. Austen da mucho más que la mayoría de autores consagrados a los que nunca se les cuelga la etiqueta de “románticos”.

En las cartas se percibe una evolución desde la juventud hasta una mujer enferma y cansada. ¿Eso ha cambiado tu forma de leerla?

He pasado muchas veces por ese proceso vital leyendo sus cartas, pero al traducirlas lo viví de forma más intensa. Era una mujer con enorme energía vital y, al final de su vida, aparece una melancolía natural, propia de quien mira hacia atrás.

No lo veo como algo trágico, sino como un proceso inevitable que ella misma parece aceptar.

Si Jane Austen viviera hoy, ¿qué crees que satirizaría?

Muchas cosas. Seguro que el afán de exhibirse en redes sociales. Ese impulso de mostrarlo todo, además retocado para parecer mejores —espiritual, intelectual o moralmente—. La idea de que podemos “construirnos” de arriba abajo a voluntad es muy satirizable. Convertirse en persona es un trabajo largo y difícil, no un filtro.

Creo que se lo pasaría genial.

Sí, seguro. Jane disfrutaba lanzando dardos con ironía en sus cartas, aunque luego fuera compasiva y simpática. Hoy se divertiría criticando cómo el patriarcado sigue moldeando la vida de las mujeres, diciéndonos qué hacer o cómo comportarnos.

Antes, eso era tener muchos hijos sin quejarse y sin derechos; ahora, sería cómo nos venden la “liberación sexual” como algo fácil, un cuento. Eso también lo satirizaría con mucho ingenio.

Vienes de la música y de la exposición pública. ¿Qué te ha enseñado la autora sobre el trabajo silencioso?

Me ha confirmado algo que ya intuía: lo que de verdad quieres hacer se construye con esfuerzo y tiempo. En sus cartas se ve su paciencia y su perseverancia frente a los rechazos. Eso es muy inspirador. Jane transmite una enorme confianza en la propia capacidad, y eso para una mujer es fundamental.

¿Cuando dejaste la música sentiste que abandonabas una identidad o que te liberabas de ella?

Fue un proceso complejo. Por un lado, sentí que perdía parte de mi identidad y pasé un duelo. Por otro lado, también hubo liberación. Subirse a un escenario exige mucho y tiene sentido solo si tienes algo que decir. Llegó un momento en que ya no me compensaba ese esfuerzo constante ni las exigencias externas.

Hoy tengo más libertad. Disfruté muchísimo siendo guitarrista de Dover y todo lo que implicaba esa vida, pero ahora también disfruto de la tranquilidad, de leer, estudiar y estar a mi ritmo. Son etapas distintas, y ambas han sido valiosas.

¿Qué te daba la música que no te da la escritura o la traducción?

Son experiencias muy distintas. Componer una canción es un juego infantil tomado completamente en serio: una chispa que se convierte en algo inmediato y compartido. La escritura —y la traducción— es un trabajo de resistencia, de gota a gota, más parecido a ensayar durante horas.

La música tiene, además, un componente más narcisista que la escritura: subirte a un escenario y recibir la adoración inmediata del público es unfeedback que ningún libro te da. A veces pienso que no quiero volver a subir, porque sé que me va a volver a encantar que me adoren allí. Y no quiero despertar de nuevo ese monstruo narcisista.

Hablábamos antes de las hermanas Austen. ¿Cómo es hoy tu relación con la tuya, fuera del foco mediático?

Sigue siendo muy cercana. Nos vemos varias veces por semana y hay una confianza absoluta. Antes, en Dover, éramos un tándem frente al mundo; ahora ya no hace falta esa defensa constante, todo es más relajado, pero la complicidad sigue intacta.

Se celebra el 250 aniversario de Jane Austen. ¿Hay que traerla de vuelta o nunca se fue?

Jamás se marchó, es atemporal. Quizá en España se la ha valorado menos que en el mundo anglosajón, en parte porque no se estudia ni se lee lo suficiente.

Pero los autores que cuentan la verdad sobre la condición humana no envejecen. Cambian los vestidos, no las personas: seguimos moviéndonos por celos, deseos, inseguridades y contradicciones. Eso es lo que ella retrata.

Cuando la lees, sientes que te está interpretando. ¿Por qué?

Porque dice la verdad. Muchos hombres no la leen y se pierden la experiencia de comprender lo que significa ser mujer como ser humano pleno, con inteligencia y autonomía. Austen retrata lo cotidiano con profundidad, y por eso sigue siendo vital: una de las mayores novelistas de todos los tiempos.

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