La modelo británica, sobre la pasarela.

La modelo británica, sobre la pasarela. Reuters

Moda

Gucci corona a Kate Moss como su estrella más deslumbrante en una colección de puro brillo y sensualidad

De la sastrería afilada a una explosión nocturna de lentejuelas, la firma italiana construye un relato que transita del rigor diurno a la fantasía cósmica.

Más información: Tod's escenifica el imperio de la piel: 'trench' arquitectónico, vestidos asimétricos y una paleta de color cálida

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Era el regreso más esperado y ha sido apoteósico. No en vano, ella es un icono. Kate Moss ha sido la protagonista absoluta —hace 26 años que no desfilaba en Milán— del show de Gucci en la MFW, donde han presentado sus propuestas para el otoño-invierno 2026/2027.

La modelo británica ha vestido uno de los diseños brillantes de la casa italiana, con la espalda escotada, como sólo ella sabe hacerlo, convertida casi en una pantera negra cuajada de lentejuelas. Ha cerrado un evento que se abría con un vestido corto blanco. En apariencia puro, casi contenido, establece el tono: feminidad nítida, gráfica y directa.

Pronto irrumpen los trajes negros. Con pantalón o falda, líneas afiladas y cinturas bajas, la figura se alarga y gana determinación. Las medias densifican la pierna, mientras un lazo delicado sobre la blusa suaviza la severidad del conjunto.

Sastrería y cuero: el día de Gucci.

Sastrería y cuero: el día de Gucci. Reuters

Los accesorios cobran protagonismo. Bolso efecto cocodrilo, chaquetas texturizadas, botas y pantalones con acabado el citado estampado: la materia se convierte en declaración. El cuero se impone también en una falda con cremallera visible, de aire utilitario pero cargada de sensualidad.

Los trajes en satén aportan un brillo controlado; un trench color crema equilibra la composición. Más adelante surge el encaje brillante —en negro y marrón— junto a conjuntos donde la transparencia sugiere sin revelar por completo.

El denim combinado con gabardina y botas altas actualiza la propuesta. El azul marino aparece progresivamente hasta culminar en un body de encaje que se ajusta con precisión al cuerpo.

Las gafas de sol, amplias y opacas, ocultan el rostro: anonimato sofisticado, distancia calculada. Gucci perfila así a una mujer esquiva, difícil de descifrar.

Materias en tensión

La piel se reafirma, lisa o trabajada en relieve. Una falda con cremallera estructura el movimiento. Las chaquetas de cocodrilo dialogan con botas coordinadas, construyendo una silueta casi armadura.

Los trench de pelo blanco y negro añaden volumen y dramatismo. Contrastan con la precisión de la sastrería en satén y con la delicadeza del encaje luminoso.

La casa articula una tensión constante: entre la mujer clásica de traje oscuro y aquella que apuesta por la transparencia. Las cinturas bajas refuerzan una actitud más libre, instintiva y contemporánea.

La noche cósmica

Un slip dress blanco con motivos florales, semejante a una bata ligera, inaugura este capítulo íntimo, como si la pasarela se preparara para el descanso.

Las piezas plateadas con lentejuelas emergen como destellos lunares. Un conjunto blanco completamente brillante —bolso y salones a juego— evoca la luna en su frialdad resplandeciente.

Un vestido corto plateado, fulgurante como una estrella, capta cada reflejo. Una minifalda negra, transparente y cubierta de destellos, encarna la profundidad de la noche.

Del cielo a la pasarela.

Del cielo a la pasarela. Reuters

Después llega el sol: un vestido largo dorado ilumina la escena. Le sigue una silueta violeta y verde centelleante, simulando una nebulosa en expansión.

Un diseño índigo con abertura, cuajado de luz, recuerda a la vía láctea. Dos vestidos con abertura —uno blanco y otro negro— se adhieren al cuerpo como una segunda piel.

Gucci firma en Milán una colección concebida como travesía: del día estructurado a la noche estelar. Entre cuero, encaje, efecto cocodrilo y destellos, la mujer transita de figura urbana a constelación luminosa.

La historia

Fundada en 1921 en Florencia por Guccio Gucci, la maison nace de un saber hacer artesanal vinculado al universo del viaje y la marroquinería ecuestre. Desde sus inicios, la firma construye su identidad alrededor del trabajo del cuero y de una elegancia funcional heredada del mundo de la equitación.

Muy pronto, los códigos hípicos se convierten en emblema: el mors metálico, la banda verde-rojo-verde y la excelencia en la piel. El mocasín Horsebit, el bolso Bamboo o el modelo Jackie ejemplifican esa capacidad de transformar un detalle utilitario en icono cultural.

Con el paso de las décadas, Gucci ha acompañado las transformaciones de la moda italiana. Desde la era de Tom Ford, marcada por una sensualidad provocadora, hasta el maximalismo de los años 2010, la casa ha reinterpretado su legado sin perder identidad.

Persiste una tensión constante: clasicismo frente a audacia, tradición florentina frente a ruptura. En la semana de la moda de Milán, su desfile reafirma ese diálogo entre herencia y experimentación, respetando sus códigos —cuero y sastrería— antes de derivar hacia una dimensión casi cósmica.