Imagen del desfile.
Al ritmo de Rosalía, Fendi conquista Milán con sastrería precisa, denim de reflejos cobrizos y contrastes salvajes
Pelerinas de piel, medias negras transparentes y bolsos vibrantes marcan el pulso de la pasarela milanesa.
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Fundada en Roma en 1925, Fendi se ha consolidado como una de las grandes maisons italianas, reconocida por su saber hacer excepcional en el trabajo del cuero y la piel.
A lo largo de las décadas, la marca ha construido una identidad que combina artesanía, experimentación y modernidad, convirtiéndose en un pilar de la escena milanesa.
En la dirección creativa, Maria Grazia Chiuri —figura clave de la moda italiana contemporánea— aporta una visión comprometida y estructurada del vestuario femenino.
Conocida por su capacidad para conjugar fuerza y delicadeza, imagina siluetas que cuestionan la noción de feminidad sin renunciar al legado de las casas que ha dirigido.
En un almacén milanés depurado, casi monocromático, bañado por una luz beige cálida, el desfile de Fendi se abre en un escenario que evoca un atelier contemporáneo.
Grandes lámparas suspendidas, de carácter decorativo marcado, estructuran el espacio y contrastan con la sobriedad industrial del lugar.
La atmósfera es minimalista, casi silenciosa. Entonces suena la música: "Divinize" de Rosalía. El ritmo instala una tensión contenida y casi mística, perfectamente alineada con la sensualidad estructurada de la colección.
El poder del traje
El desfile comienza con una serie de trajes impecablemente cortados. Combinados con faldas midi o pantalones fluidos, redefinen la silueta con precisión. Las camisas y blusas, sobrias en apariencia, acompañan estos conjuntos con una elegancia discreta.
La paleta inicial establece las bases: negro profundo, beige arena, caqui sutil. Luego aparece un denim azul con reflejos cobrizos, casi oxidados, que capta la luz e introduce una dimensión más mineral en la colección.
Sensualidad contenida
Muy pronto, la materia se convierte en protagonista. El encaje se despliega en faldas, vestidos y delicados slip dresses. Algunas piezas parecen suspendidas entre fragilidad y poder.
El tul y los tejidos transparentes crean juegos de superposición que dejan entrever la silueta sin revelarla por completo.
Un vestido rojo intenso irrumpe como un gesto dramático dentro de esta armonía de tonos neutros. Más adelante, un vestido blanco aporta una pausa luminosa, casi ceremonial.
Uno de los elementos más impactantes es el encaje de cuero, híbrido fascinante entre delicadeza y estructura. El trabajo artesanal es evidente: un material tradicionalmente rígido se transforma en un ornamento calado, casi frágil.
Algunas de las propuestas presentadas en el desfile.
La piel reinterpretada
Los abrigos ocupan un lugar central. Aparecen trench estructurados, reinterpretados en materiales suaves y sofisticados.
Pero son, sobre todo, los abrigos de piel los que captan la atención: varias pieles diferentes conviven en una misma prenda. Las texturas dialogan, se enfrentan, creando relieve y una opulencia contenida. El efecto no es ostentoso, sino construido, casi arquitectónico.
A estas siluetas se suman pelerinas de piel, pequeñas capas que cubren únicamente los hombros. Colocadas alrededor del cuello como una joya textil, enmarcan la figura y refuerzan la postura. Algunas parecen casi esculpidas, acentuando la dimensión ceremonial de la colección.
Accesorios: contrastes y destellos
Los bolsos dinamizan la paleta. Rojo, amarillo, azul eléctrico o estampado cebra: inyectan una energía vibrante en un conjunto dominado por tonalidades naturales.
Las bufandas, propuestas en varios colores, prolongan esta idea de superposición cromática.
En cuanto al calzado, los tacones se combinan sistemáticamente con calcetines negros transparentes, un detalle sutil, casi retro, que refuerza la identidad visual del desfile.
Otro elemento recurrente son los cuellos alrededor del cuello en casi todos los looks, como un signo distintivo. Estructuran la postura y aportan una dimensión ceremonial a la silueta.
Una elegancia entre rigor y sensualidad
Entre trajes precisos, transparencias asumidas, denim con reflejos cobrizos y pieles híbridas, Fendi presenta una colección basada en el contraste: fuerza y delicadeza, opacidad y transparencia, neutralidad y destellos de color.
En este almacén beige con aire de atelier artístico, la casa italiana orquesta un diálogo entre maestría artesanal y modernidad sensual. Una visión donde cada materia expresa una tensión y cada silueta afirma una presencia.